sábado, 14 de mayo de 2016

Fotos de la presentación de PERROS DE NOVIEMBRE en FNAC

Bueno, pues al final eso es lo que fue: un montón de amigos, de lectores, de escritores, de amigos lectores, de amigos escritores, de amigos lectores escritores. Y ellas acompañándome: LuisaMaríaCarmen. El jueves  fui feliz. Perdón por la alegría.

El libro.  Escribir. Para que alguien lo lea. De esto se trata.


La sala llena.
María Pérez Confussion iniciando el acto con la lectura de "Muerte de un mago en palacio"

Luisa Miñana comenzando la presentación, que fue más bien charla conmigo y con el público.  Soberbia.
La atención impagable.  Entre el público, algunos amigos y gente desconocida.  Vi o saludé en algún momento a Maria Pérez Heredia, Antonio Pérez Lasheras, Luis Carlos Marco Bruna, Raúl Guíu, Santiago Gascón, José Malvís, Carlos Manzano...   
Carmen Aliaga leyendo "Buscadores"

Carmen leyendo "Duermevela".


Poco tenía que decir tras las palabras de Luisa y las lecturas de María y Carmen, pero algo dije.
María cierra el acto leyendo "No fear".
Comenzando a firmar...
Dedicándole un libro a Ramiro Gairín.  
Los perros para Eva Antón, una amiga del colegio.

La mesa muy animada: Marimar Vallés, Luisa Miñana, Mónica Goremberg... 
Otro perro para la guapísima Marta Domínguez


Una foto de recuerdo con Ana María Alcubierre, que vino desde Girona.
Con MIguel Carcasona, Fran Picón, Fernando Sarría.
Muy sonrientes: Fernando Sarría, Miguel Ángel Yusta, Luisa Miñana, Fernando Aínsa. 
Nos vamos.  Queda la poesía. 
...Y la invitación de Siltolá de recuerdo.


jueves, 5 de mayo de 2016

miércoles, 20 de abril de 2016

Presentación de "Hablarán de nosotras" y firmas en el día del libro

Mañana HABLARÁN DE NOSOTRAS en Zaragoza, en el estudio NOVO (C/Cadena, 8) a las ocho de la tarde. De nosotras y de esta publicación de LOS LIBROS DEL GATO NEGRO, con la editora Marina Heredia, con las autoras  y con la periodista Sara Comín. 

¡Si nos queréis, venirse!


Y el día del libro os esperamos en el stand de la editorial, en el Paseo de la Independencia.



miércoles, 13 de abril de 2016

"Hablarán de nosotras", en LOS LIBROS DEL GATO NEGRO




Bueno, pues esto es así y no hay que darle muchas vueltas.  Hay años de escribir y años de publicar.  En mi caso el tiempo de escribir “sólo para mí” duró treinta años.  Me parece suficiente.  Así que ahora estoy encantada de escribir también para los demás. Aún no han llegado mis “Perros de noviembre” a las librerías y ya me encuentro con otro proyecto en pie. Si, como en este caso, una va acompañada de semejante plantel de narradoras, miel sobre hojuelas.  Hace unos meses, Marina Heredia Ríos, de la editorial LOS LIBROS DEL GATO NEGRO, me propuso formar parte de este feliz asunto  colectivo con uno de mis cuentos .  Ya tenemos portada, y el 23 de abril llegará el libro.  “Hablarán de nosotras”.   Y yo vuelvo a pedir perdón por la alegría, claro.



(Nosotras somos:  Teresa Gárbí, Magdalena Lasala, Ana Alcolea, Cristina Grande, Ángela Labordeta, Olga Bernad, Patricia Esteban, Laura Bordonada, Eva Puyò, Irene Vallejo, Aloma Rodríguez y María Pérez Heredia.  La portada es de Ana Bendicho

.
 

lunes, 11 de abril de 2016

Un poema de "Perros de noviembre"

 

Soltando un perro.  Dedicado a todas las mujeres lectoras -que son muchas-, que acaban sus noches en brazos de algún libro.



LA ELEGIDA

Ha sido muy hermoso, como siempre,
dejarme secuestrar por tus caricias.
Lo esperaba y has sido lo esperado
y, mientras tú cumplías tu destino,
yo he jugado las cartas que tenía:
hormonas y horizontes
y esa curiosa sed de alma del cuerpo.
Arco de aliento, flecha del deseo,
jadeo de animal que muere y mata,
resurrección y pan de cada día.

Ya está, mi amor, apaga el cigarrillo,
tu lado de la luz y mi silencio.

Hace treinta segundos
que mis ojos añoran mi mesilla.
Sobre el lomo del libro que ahora duerme me espera
--a mí, soy su elegida--
el exacto galope que me adentra en mí misma.
Un noble potro oscuro es mi montura,
el mar más lento ruge dentro y lejos.
Dios duerme, yo me escapo;
a veces mi alma tiembla como el aire
cuajado de tambores de sus guerras.

(Olga Bernad, “Perros de noviembre”, Ediciones de la Isla de Siltolá, Colección Siltolá Poesía, 2016)

sábado, 9 de abril de 2016

¡Nuevo libro!


Ayer llegaron ladrando en rojo desde la Isla de Siltolá.  Emocionada.

http://siltola.blogspot.com.es/2016/04/perros-de-noviembre-de-olga-bernad.html

Ediciones de La Isla de Siltolá
Colección SILTOLÁ POESÍA, nº 33
Sevilla, abril 2016.
88 páginas.
125 x 195 mm.
Rústica, plastificado con solapas.
ISBN: 978 - 84 – 16682 - 01 - 0
DL: SE  330 - 2016
PVP: 10 euros (IVA incluido)
(Disponible en librerías a mediados de abril de 2016)

En la recién estrenada librería de Siltolá en Sevilla, muy bien acompañada.
-La Isla de Siltolá Libros&Vinos-
 (Fotografía por cortesía de Javier Sánchez Menéndez) 
Soltando a los perros


miércoles, 16 de marzo de 2016

Poema en Turia



Mi poema en el nuevo número de Turia. Emocionada con la revista ya en la mano. El cartapacio, sobre José María Conget; las conversaciones, con Enrique Vila-Matas y Fernando Sinaga. El número es de lujo y se presenta hoy en Zaragoza. Intervendrá en la presentación José Carlos Mainer. (20 h - IAACC - Museo Pablo Serrano).



sábado, 13 de febrero de 2016

En Cálamo con Gemma Pellicer

Fernado Aínsa- Gemma Pellicer- Olga Bernad

El jueves en la librería Cálamo, presentando la "Maleza viva" de Gemma Pellicer (Jekill&Jill Editores), junto al maestro Fernando Aínsa. A los escritores se les encuentra en lo que escriben, pero de vez en cuando qué bueno es encontrarlos también personalmente. Gracias, sister, por el libro y por la visita a Zaragoza.



lunes, 25 de enero de 2016

Entrevista en MÁS ESCUELA PÚBLICA 88.0 FM

Ya está en la página de Más Escuela Pública 88.0 FM el enlace al programa con la entrevista que Víctor González me hizo el miércoles. Las entrevistas por teléfono y en directo son un peligro, te pones nerviosa y te da por hablar, je. Lo que sí recuerdo claramente es que fue muy agradable y me quedé con ganas de volver a charlar con él, ya en modo presencial, cuando regrese a Sevilla. Gracias, Víctor.
Aquí, desde el minuto 44 aproximadamente:

CLIC AQUÍ PARA OÍR EL PROGRAMA

(Enlace directo  http://www.ivoox.com/10155099)

jueves, 21 de enero de 2016

¡Viva Madrid!


Hace justo una semana estaba en Madrid para formar parte del jurado del premio Nicanor Parra de Siltolá.  Poesía, trenes, estaciones, viajes. Y Madrid. Eso significa también reencuentro con amigos y con calles. Me gustan esos momentos, me gusta cambiar de aires, me gusta ir. Y me gusta mucho pensar en ello. Había pensado mucho en este viaje, en los libros, en las ilusiones de tanta gente. También en las personas a las que iba a ver y en las que ya no vería. En fin: Madrid.

Y sí, fueron cuatro días estupendos. Un amigo me dice que tengo luz y yo evito decirle que también tengo oscuridad porque no hay que darle nunca motivos a lo evidente. Lo bueno es absorber la luz de las cosas, incluso del día lluvioso que me recibió en Atocha.  Por unanimidad, resultó vencedor Que viene el lobo de Itziar Mínguez Arnaiz. No sólo ella salió ganando de la Casa de América, a mí me encantó el reencuentro con Javier Sánchez Menéndez y también conocer a los otros miembros del jurado: Elena Medel, Carmen Camacho, Herme G. Donis, Juan Cobos Wilkins y Diego Doncel.  La noche se cerró con copas y picoteo y con una larguísima conversación con Javier, de esas que avanzan hasta la madrugada. 

Por la mañana me reencontré con Marta, una amiga del colegio que ha abierto un maravilloso café muy cerca de la Puerta de Alcalá, en una bocacalle de Serrano (se llama Il tavolo verde y está en Villalar, 6, perdón por el paréntesis publicitario). Me encanta que les vaya bien a los amigos, aunque Serrano se nos siga saliendo de presupuesto. Pelillos a la mar: miramos los escaparates, no somos insaciables. Por la tarde, en La Central de Callao, se presentaba el último libro de Ernesto Fratarola -Uno- publicado precisamente en Siltolá. No nos veíamos desde 2011 en Barcelona, así que fue una coincidencia feliz. Le acompañaba Ana Gorría, a la que por fin saludé, aunque ya nos conocíamos por estos mundos virtuales. Ella me presentó a Miriam Reyes mientras tomábamos el vino que se ofrecía después. Ernesto estaba muy contento y yo me alegro muchísimo por él. Me quedé con las ganas de visitar a Francisco José Martínez Morán, que leía a la misma hora en Alcalá de Henares, pero esa noche llegaba Antuán para acompañarme en mi periplo madrileño. 

Al día siguiente quedamos con Jesús M. y Enrique Ortega, viejos amigos virtuales y reales. Partiendo de la Biblioteca Nacional nos hicieron, como suelen, un buen recorrido por rincones que se nos habían quedado pendientes de otros viajes. Afortunadamente Madrid es inagotable como su amabilidad: del velador de “El espejo” acabamos en un sitio no lejos de Atocha donde servían unos martinis buenísimos. Por la tarde-noche nada de turismo, sólo insistimos en el placer. 

El domingo vimos a Antonio Azuaga y Charo, que vinieron desde Coslada para quedar con nosotros en la plaza de Oriente, a los pies de la estatua de Felipe IV. La Almudena estaba cerrada pero el Oriente no, así que bien. Ya había dejado para otra vez tomar algo bajo la cúpula de cristal del Palace y mi capacidad de sufrimiento tiene un límite (y los cafés son cultura, además). Comimos por la Plaza Mayor y ahí no tomamos ningún café con leche porque nadie necesita relajarse cuando está agotado y feliz. Después, a Gran Vía a recoger las maletas. Desde arriba, el reloj del edificio de Telefónica se empeñaba en recordar que se había acabado el tiempo. Aún me compré un anillo en los tenderetes de Atocha, un anillo precioso de cuero y plata. Me dormí tocándolo en cuanto subimos al tren.

En la plaza de La Cibeles, con el Ayuntamiento y la Casa de América detrás. Allí tuvo lugar la reunión del jurado.
En la sala Octavio Paz de la Casa de América. Muy concentrados deliberando.
En la Central de Callao. Ana Gorría presentando "Uno", la última publicación en Siltolá de Ernesto Fratarola.

Con Enrique y Jesús M. en la puerta de Santa Bárbara.
Con Antonio Azuaga y Charo en la Plaza de Oriente.

Con Antuán y Enrique a los pies de la estatua de Goya. La luz se puso imposible.

En Sol, la última tarde.

Descansando en un café cerca de la Plaza Mayor, en la calle Felipe III.

El reloj del edificio de telefónica desde la terraza del hotel.

miércoles, 20 de enero de 2016

Poemas del próximo libro en el blog de Antón Castro

En diciembre,  Antón Castro publicó en su blog y en su muro de facebook un par de poemas de lo que será mi nuevo libro. Además de ser siempre un honor pasear esas calles, lo que pasa es que estoy contenta porque esto va, va, va... 

'PERROS DE NOVIEMBRE': DOS POEMAS DE OLGA BERNAD
En la próxima primavera la poeta Olga Bernad publicará un nuevo poemario, ‘Perros de noviembre’, en el sello isla de Siltolá, de Sevilla, dirigido por el poeta, editor y dietarista Javier Sánchez Menéndez. Se trata de un libro intenso, trabajado, al que le ha dado muchas vueltas. He aquí dos poemas, ‘La vida extrema’ y ‘Duermevela’, en los que asoman, de vez en cuando, el surrealismo (“¿por qué se suicidaban los caballos?”), los poros secretos de la memoria, la fuerza telúrica de las imágenes, la pasión de vivir. Y vivir y vivir con puro arrebato.
[Ilustro los dos poemas con uno de los cuadros más fantásticos de Ingres en la exposición del Museo del Prado: este 'Sueños de Ossian' de 1813, realizado a los 33 años.]

Aquí el enlace, por si os apetece un poco de poesía:
http://antoncastro.blogia.com/2015/120101-olga-bernad-dos-poemas.php

Y aquí, el artículo del Heraldo en el que el domingo 10 de enero, se hablaba de libros y autores aragoneses para el 2016. Un muy interesante, amplio y variado repaso. La poesía también tendrá cosecha. Me gusta estar en el futuro con esos "Perros de noviembre" que llegarán en primavera a la Isla de Siltolá:  

 

martes, 19 de enero de 2016

"Los libros de mi vida" en el espacio cultural de El Corte Inglés

Dedico la primera entrada del año a recordar la presentación del último libro en el que he participado.  A finales de diciembre apareció "Los libros de mi vida", de Ediciones Nuevos Rumbos, una publicación colectiva en la que distintos autores hablan de los libros que han marcado sus vidas. Entre los participantes hay poetas, narradores, libreros, juristas...  José Luis Melero lo describe así: "No os aburriréis con él y aprenderéis muchas cosas. Angel Guinda habla de Bécquer, Mariano Anós de Brecht, Antón Castro de Mercè Rodoreda, José María Conget de Salgari, Olga Bernad de Malaparte, Manuel Borrás de Ramón Gaya...Y colabora además gente no habitual entre letraheridos como Joaquim Nadal, tantos años alcalde del PSC de Girona y catedrático de Historia, o el Presidente del Constitucional Francisco Pérez de los Cobos, que se nos revela como un azoriniano de pro. Un libro sobre libros, de esos que tanto nos gustan a los que nos gustan los libros". 



Se presentó en el Ámbito Cultural el lunes, 28 de diciembre. María Pérez Confussion y sus alumnos de 2º curso de la Escuela Municipal de Teatro de Zaragoza nos ayudaron también a abrir el libro con sus palabras.  Fue una noche estupenda. Da gusto ver una sala llena alrededor de un libro (y de nuestra vida).
José Luis Melero, Luis Pérez Collados y Santiago Gascón presentando el acto.
La sala, a rebosar.

Firmando un ejemplar para la pintora José Herrera junto a Mariano Anós. 
La cena posterior.  José María Pérez Collados y Antón Castro en primer plano.
Los últimos de filipinas en la fresquísima madrugada zaragozana: Angós, servidora, Víctor, Santiago Gascón y María Pérez Collados, editora del sello Nuevos Rumbos.
De vuelta a casa, cansada y feliz.
En prensa, el dos de enero.

martes, 29 de diciembre de 2015

Cisnes en La disección de la rosa, de Eduardo Moga



El año desgrana sus últimas alegrías. Eduardo Moga nos hace "La disección de la rosa" en la colección "Perspectivas" de la Editora Regional de Extremadura ("Así se titula mi nuevo libro de crítica literaria. En realidad, no es nuevo, sino una recopilación de los artículos y reseñas que he publicado en diferentes medios culturales —singularmente, Letras Libres, Cuadernos Hispanoamericanos, Turia y Quimera, entre otros— sobre las obras de autores españoles que he creído interesantes a lo largo de los últimos ocho años.") y tiene a bien incluir un texto precioso que escribió para mi último libro. "La tristeza iluminadora", lo tituló, [sobre Algunos cisnes negros, de Olga Bernad]. Crónicas de poesía desde sus "Corónicas de Ingalaterra". 

(Todo sobre la disección, en su blog:  http://eduardomoga.blogspot.com.es/2015/12/la-diseccion-de-la-rosa.html)

LA TRISTEZA ILUMINADORA

Olga Bernad, nacida cuando aún creíamos que debajo del asfalto estaba el mar, no ha sido una escritora temprana: su primer poemario, Caricias perplejas, data de 2009, y su primera novela, Andábata, de 2010. Con silenciosa tenacidad, ha evitado la publicación de insustancialidades juveniles –o de ñoñerías adolescentes, aún más perniciosas– y se ha dedicado a esclarecer la voz, a afinar las fibras de su corpus retórico, electrizadas por una sensibilidad incisiva, hasta unos extremos inusuales de versatilidad y precisión. Esa misma sensibilidad se ha manifestado desde 2008 en las entradas de su blog Caricias perplejas, donde recogía –y sigue recogiendo– aquellos asuntos en tránsito, aquellos acontecimientos cotidianos o sin desbastar, que no han sedimentado todavía en relato o poema. Pero la inmediatez de estas entradas es solo aparente: se publican en la bitácora con lentitud, y su tono es tan reposado como el de sus versos. Olga Bernad es una escritora paciente, a la que le gusta someter el bullicio de lo subjetivo a la ceremonia del alumbramiento. Así se observa en Algunos cisnes negros, esta antología de su blog, que puede definirse como un diario de los sentimientos; y es importante el complemento preposicional: no es un diario sentimental, sino de los sentimientos, esto es, un análisis de la interioridad, del cañamazo de emociones que contribuyen al ejercicio, más aún, a la construcción de la inteligencia, una pesquisa íntima que no condesciende a la efusión ni a la banalidad, sino que desanuda las hebras del placer y del dolor, de la incertidumbre y la alegría, y las sujeta al escrutinio del pensamiento, sin privarlas por ello de su envoltura de enigma, de su penumbra individual, refractaria siempre, en última instancia, a la elucidación. Algunos cisnes negros no es un diario voraz, proliferante, animado por la desaforada pretensión de transformar cada gesto en palabra, sino una crónica parsimoniosa, sutil, emanada de una inteligencia activa, aunque introvertida, en el que Olga Bernad solo consigna lo que juzga emocionalmente relevante. El amor, en primer lugar, como eje del estar humano en el mundo: un amor poliédrico, que se ramifica en las insinuaciones eróticas, acalladas por el decoro, pero subsistentes en una intimidad que arde como un fogón; o en el amor esférico, impermeable, que profesa a la familia y los hijos; o en la pasión por el lenguaje y la literatura, que en este libro brota a cada paso, incluso en aquellos textos que no están dedicados a la reflexión estética. Sin embargo, el amor no es un paisaje inmaculado ni una explosión de claridad, sino el territorio donde maniobran fantasmas y se abaten cataclismos. Hay, pues, otra dimensión de los sentimientos que Olga Bernad desmenuza con una lucidez turbulenta y desamparada: los propios miedos y zozobras, el pasmo ante la muerte de aquellos a quienes se ha amado, el desconcierto que nos procura nuestra ignorancia sin final. Confusión acaso sea la palabra que mejor describa esta vertiente oscura, este aposento del conflicto: confusión frente a un mundo incomprensible, condenado a la caída, y confusión frente a uno mismo, tan incomprensible como el mundo, y más caedizo todavía. Las entradas de Algunos cisnes negros son, así, breves balbuceos a la intemperie, o contra la intemperie: ruidos interiores que cifran un grito, gritos de auxilio que, tras describir una parábola sobrecogida, vuelven, intactos, a su emisor. En muchas entradas, observamos rasgos memorialísticos: el recuerdo hace presa en la prosa, y los textos de Olga Bernad cobran un carácter elegíaco: canta a sus amigos o familiares muertos, a los paisajes de la infancia, a los accidentes del pasado que han contribuido a configurar el presente; canta a las canciones escuchadas, a las películas vistas, a los cuadros e imágenes contemplados; canta incluso a lo solo imaginado, como en «Canciones de extraño amor». Nada de todo ello adolece del hieratismo del catálogo, ni languidece en superficialidad: cada evocación sirve a un propósito intelectivo; cada recuerdo se transforma en un acto verbal, que crece medusinamente y suscita nuevas cogitaciones, o se proyecta en otros espacios de la conciencia, aunque todos confluyan en el estuario claroscuro de la melancolía. Parece como si Olga Bernad se sintiera in media res, acuciada por una vida que se va, y agónicamente sabedora de sus límites; como si creyera que, extendiendo los brazos, puede tocar las paredes del nacimiento y la muerte desde su ser actual, y esa certeza ontológica –y táctil– la condujese a una comprensión vertiginosa de la propia fragilidad y a una lamentación próxima al desgarro, aunque siempre asordinada por una templanza estoica. Si en algún momento Olga Bernad advierte el peligro de una nostalgia –o de una sentimentalidad– que quiebre el pudor, o cometa la descortesía del exceso, su prosa da un giro irónico, o recurre al humor, aunque sea un humor un poco triste. Dos entradas, «Ingles brasileñas (Andábata XXV)» y «Dura lex, sed lex: My goodness», demuestran la vis comica de la autora, pero asimismo el sustrato crítico –contra la moda, contra la sumisión, contra el puritanismo– que se agazapa en la burla: nuevas facetas de su ductilidad expresiva y de su sensibilidad multitudinaria. Este eclecticismo sensible, precisamente, explica que Algunos cisnes negros sea un diario de los sentimientos, pero también una crónica del mundo. Sus entradas acogen descripciones de realidades duras, imperiosas, con frecuencia vinculadas a la tierra, que coadyuva, con su gravitación telúrica, a la decantación de los sentimientos: Los Monegros, el emplazamiento ibérico de Sedeisken, el laberinto urbano de Zaragoza y los vientos africanos que los barren a todos, y que transportan olores, tan decisivos para cincelar las sensaciones –esto es, para delimitar la experiencia– y para configurar el recuerdo. La literatura –y la reflexión sobre la literatura– constituyen otro de los grandes asideros, en ese mundo inabarcable e ininteligible, a los que se aferra la autora. Pero no se trata de una indagación teórica, sino íntimamente imbricada en el tejido emocional de quien la realiza. La intertextualidad –Quevedo, Garcilaso, Cernuda, García Márquez, Borges– le sirve a Olga Bernad para trazar nuevas conexiones con la realidad: letra y mundo establecen una comunicación biunívoca, que se expande en luminosos arabescos. Y la impregnación poética es visible en su estilo, pródigo en repeticiones, paralelismos y un amplio abanico de analogías. En dos entradas, «Porque quiero» y «Perfección sentimental», formula una poética, que es también un programa vital: «Quiero limpieza y luz (…). Y quiero perfección, palabras justas, el roce incontestable de la verdad y lo exacto», dice en el primero; y en el segundo: «Lo genial. Concebir y mostrar de una forma precisa su delicado equilibrio, su rara perfección sentimental». Su prosa –y también su poesía, aunque ahora no sea objeto de comentario– se ajustan con minuciosidad a estos propósitos. Algunos cisnes negros exhibe una dicción ceñida: a su propio ritmo y a las necesidades elocutivas de su autora; y también una textura nítida, en la que nada disuena, ni se oscurece: la confusión en la que nos confiesa vivir Olga Bernad no afecta a las palabras con las que nos lo confiesa. El libro está repleto de observaciones iluminadoras, a veces apuntes brevísimos, casi fogonazos –como cuando habla del «arriesgado calor de los amigos» o sostiene que «esperar es ya una forma de búsqueda» y que «uno nunca sabe, pero quiere»–, que obran la maravilla de revelarnos ideas o sensaciones que hemos experimentado, pero que nunca hemos sido capaces de formular, o ni siquiera de reconocer. Por eso transmite veracidad, como quería Hemingway: la veracidad se percibe, y en este libro se derrama. Algunos cisnes negros expone, con palabras tentativas y exactas a la vez, un abrumador sentimiento de indefensión, una inocencia concienzudamente perdida. Pero, entretejidos con él, encontramos sentimientos idempotentes de exaltación y regocijo, de fraternidad y esperanza. En esta unión tan humana, en esta soldadura de placer y tiniebla, reconocemos la verdadera naturaleza de este diario: un canto a la vida, al deseo de vivir, de recobrar lo vivido, o de entenderlo. En esa labor andamos todos. En Algunos cisnes negros, Olga Bernad la ejecuta con un brío delicado y una descarnadura singular.

EDUARDO MOGA

martes, 20 de octubre de 2015

27 de octubre en FNAC


Nota de 26 de octubre: Por indisposición momentánea del presentador y estrella de estos encuentros, Miguel Ángel Yusta, tenemos que suspender el evento de mañana en Fnac. Nos da mucha penita, pero el cartel les quedó tan chulo a Ángel Gracia y su equipo que tal vez podamos reciclarlo y darle vida nueva para la primavera, cuando hace la calor. Lo sentimos mucho.

domingo, 18 de octubre de 2015

Relecturas



Al empezar el otoño me encontré en CaoCultura con que mi "Nostalgia armada" aparecía entre estas "Diez (re)lecturas poéticas para despedir el verano" : José Antonio Muñoz Rojas, Blas de Otero, Pablo García Baena, Rosario Castellanos, Aquilino Duque, César Simón, Víctor Botas, Fernando Ortiz, Eloy Sánchez Rosillo y Olga Bernad.
Yo siempre siento agradecimiento por las lecturas, y no digamos por las relecturas. Un honor que me relean en semejante compañía. En cualquier estación-

Puede verse entero AQUÍ

http://caocultura.com/diez-relecturas-poeticas-para-despedir-el-verano/

domingo, 6 de septiembre de 2015

Encuentros con escritores y lectores en Zaragoza

Me llegan desde la Diputación de Zaragoza, a través de Bizén Fuster, algunos ejemplares del libro que recoge los encuentros con escritores y lectores en las pequeñas bibliotecas de varios ayuntamientos de Zaragoza durante 2014. La publicación está presente en las 186 bibliotecas municipales de la provincia y facilita que éstas y los clubs de lectura puedan conocer muchas obras y autores. Fue un placer participar en el ciclo de animación a la lectura y lo es ahora hojear esta edición. En primavera participaron Virginia Aguliera, Carlos Castán, José Luis Corral, Chusa Garcés, David Lozano, Ana Muñoz, Severino Pallaruelo, Beatriz Pitarch, Fernando Sanmartín y Luis Zueco. Yo participé en otoño junto a Ramón Acín, Brenda Ascoz, Luz Gabás, Víctor Juan, Use Lahoz, Santiago Morata, José Antonio Prades, Mario de los Santos y Félix Teira. En "conversaciones con el autor" estuvieron Javier Cercas, Almudena Grandes, Ignacio Martín de Pisón, Santiago Posteguillo, Rosa Regás, Javier Sierra, David Trueba y Enrique Vila- Matas. Un gran trabajo y un honor formar parte de él.


miércoles, 2 de septiembre de 2015

Hablemos de derrotas





Quería ser el sitio
hacia el que alguna vez voló tu pensamiento.
Perdóname si no supe mentir,
morder bien al final,
matar del todo. O al menos olvidar.
Prometí no quedarme
memoria ni testigos de mis debilidades.
Pero tú
merecías vivir y yo estoy viva,
ni olvido ni recuerdo son animales dóciles
y el mundo se me nubla si pienso que no estás.
Así que quédate,
hablemos de derrotas, aunque sabes
que yo sólo quisiera emborracharte
con la luz radical de las victorias,
su serena estridencia, su sonido
de tormenta y campanas.
Pero qué voy a hacerle. Amar es renunciar,
así que quédate.
Porque tú eres el sitio hacia el que a veces
vuela mi pensamiento.

jueves, 4 de junio de 2015

Toda la historia


Yo no llegué desnuda, traje sobre los hombros
un vestido de tiempo que moví entre su espacio
y que bailaba a veces con mi propia alegría,
alborotado y fiel como un día de boda
encontrado de nuevo entre los calendarios
de antes y de siempre.
Porque cada persona lleva toda la historia
y a la vez la ha olvidado,
y la memoria es
vestido y piel privada,
libro que fue y espera
y páginas en blanco para todos.

martes, 2 de junio de 2015

La tristeza de los apátridas

Los apátridas sueñan con exilios,
se inventan los recuerdos y los ritos,
beben solos.
No saben el color de su bandera
pero a veces,
cuando en el viento vuela un sujetador blanco,
recuerdan con la firmeza de un mástil
el antiguo dolor.
                               Y un hambre nueva.