martes, 24 de mayo de 2011

Cumpleaños de Caricias perplejas y presentación de Nostalgia armada en Zaragoza y Barcelona


El pasado 18 de mayo este blog cumplió tres años.  Dado que todas las cosas ocurren a la vez, como pisándose los talones, he preferido unir en una sola entrada ese cumpleaños y las presentaciones de Nostalgia armada en Zaragoza y Barcelona. Quiero dejar un recuerdo en el blog y, a la vez, tengo ganas de que todo vuelva a la normalidad de los textos y los poemas. De alguna manera, se enfrenta el deseo de contar las peripecias de la Nostalgia, tan unida al blog que prácticamente los lectores habituales asististeis a su crecimiento en directo, y el deseo de recuperar este espacio como lo que siempre fue para mí: un momento nocturno dedicado a escribir y compartir lo escrito y también a pasear virtualmente por algunas casas ajenas, abiertas como ésta no sólo a los amigos que ya conocemos, sino precisamente a todo lo que está por conocer.  Ahora que hay tantas ofertas distintas y parece haber un trasvase claro de la blogosfera a otras redes sociales que también tienen su interés y son quizá más rápidas y fáciles, yo sigo sintiéndome bien en este espacio tejido sobre la red con textos y lectores. Por aquí seguiremos. Me gusta que admita mi ritmo pausado con la misma naturalidad con la que admite otros mucho más trepidantes. De todas formas, mi tranquilidad no es más que una intención...

El jueves presentamos en Zaragoza, en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés, Nostalgia armada.  La sala estuvo llena y, en la mesa, me acompañaron dos amigos: José María Pérez Collados, escritor y responsable del sello Nuevos Rumbos, y Nacho Escuín, poeta y editor de Eclipsados. Oír algunos de mis poemas en la voz de María Confussion y Carmen Aliaga, acompañadas por el teclado de Faustino Cortés, me emocionó. De alguna manera, una vez presentado el libro, uno siente que lo ha soltado definitivamente y que lo ha dejado en las manos de quien debe estar: los demás. Entre la mucha gente a la que saludé, amigos, familia, lectores, recuerdo la carita cansada de Marta Navarro, más pendiente de la plaza del Pilar que del paseo de Independencia todos estos días, pero guardándonos un poco de su tiempo entre tanto ajetreo. También a Almudena Vidorreta, que se fue rápidamente para el Candy Warhol.  Me quedé con ganas de saludar a  David Mayor, al que vi entre la gente, pero hubo de irse un poco antes del final.  María Teresa Gómez Puertas tuvo la amabilidad de hacer algunas fotos y su marido, Víctor, me editó un breve vídeo.  Se ve un poco raro pero nos sirve de recuerdo. Acabamos la noche en una terraza del paseo de Independencia charlando con algunos amigos: Blackbird, Eva Antón, José María Pérez, Mariano Ibeas, Santiago Gascón, Ángel Sobreviela, María Confussion, Faustino... y luego nos fuimos a cenar y se nos unió Angós, que era el que me faltaba.  Muchísimas gracias a todos.
   



Ayer nos fuimos a Barcelona, para presentar allí, junto a Juan Manuel Macías y su Tránsito, nuestra Nostalgia.  Hace ahora dos años que estuve en La Cigale por primera vez y, de aquellas lecturas, surgió precisamente mi primera publicación, la plaquette que guardo como un tesoro. Me encantó volver a ver a unos cuantos amigos: Juan Vico y Álex Chico -coordinadores del ciclo-, Sergio GasparGemma Pellicer, Efi CuberoDavid "el pianista", Susana Pozo, Ana Alcubierre, Lourdes Roselló o Marisa Razquin.  También fue muy especial conocer por fin a quienes ya eran amigos por vía virtual y epistolar: Eduardo Moga, que nos regaló unas generosas palabras a modo de presentación, y Agustín Calvo Galán... Y a todos los demás: Ángel CerviñoLaia López, Ernesto Fratarola, Dimitra Kontou, Ginés S. Cutillas... mi agradecimiento va para todos los que se acercaron a acompañarnos, conozca su nombre o no.  Angós se olvidó la cámara, otra vez;-), aunque pudimos tomar tres o cuatro fotografías con el móvil en la cena que siguió a la lectura.  A las doce, como la Cenicienta, salí corriendo de la fiesta y hoy, desde Zaragoza, me sorprende la repentina sensación de pasado, quizá acrecentada por el cansancio y la felicidad.

Con Eduardo Moga y Juan Manuel Macías, en La
Cigale.

Con Sergio Gaspar y Juan Manuel Macías

Con Luis, Álex Chico, Ángel Cerviño, Ginés S. Cutillas y Gemma Pellicer
  
Con Susana Pozo, Juan Vico y David, "el pianista".
Nota: el viernes 27 de mayo estaré leyendo en la Sala Albéniz (21,30 h., C/ Cadena, 5) junto a otras poetas incluidas en la antología YIN.  La tarde del 29 de mayo y el 5 de junio estaremos firmando ejemplares en la Feria del Libro de Zaragoza, en Olifante y el viernes, 3 de junio, firmaré ejemplares de mis libros en la  caseta de la Asociación Aragonesa de Escritores. Por otra parte, el 2 de junio, invitada por Manuel Forega, leeré un pequeño fragmento de su Litiasis en el Arena Rock (21 h. Plaza Utrillas, 3).  Ojalá nos veamos.

Gracias a Ernesto Fratarola y José María Ariño por sus crónicas sobre ambas presentaciones. La de José María Ariño (José Marco) ha aparecido también en la página Reseñas literarias. Gracias también a María Teresa Gómez Puertas y Manuel Arribas, por acompañarme y dejar un recuerdo en sus respectivos  blogs.  
 
27 de mayo:  Comienza la feria del libro en Zaragoza

sábado, 14 de mayo de 2011

Nostalgia armada vista por Enrique Villagrasa y los alumnos de 5º del C.E.I.P Tomás Alvira/ Presentaciones en Zaragoza y Barcelona

De un tiempo a esta parte, con la reciente publicación de Nostalgia armada, este cuaderno se ha convertido por fin en lo que nunca fue: una bitácora.  Una especie de diario donde dejar constancia de las rutas, casi todas imprevistas, que el libro va recorriendo. 
El jueves se publicó en el Heraldo de Aragón, en la revista de Artes y Letras una reseña de Enrique Villagrasa que ya guardo entre mi especial “colección de lecturas”.

(Clic sobre la imagen para ampliar)

Por otra parte, la casualidad volvió a ofrecerme uno de esos regalos inesperados que de vez en cuando se nos otorgan.  Pilar, profesora de 5º del C.E.I.P. Tomás Alvira, me invitó a aistir a su clase  el jueves por  la tarde para charlar con sus alumnos sobre poesía.  Allí me mostraron todo lo que habían estado trabajando con mis poemas, sus análisis, lo que pensaban y lo que sentían.  Sin duda, fui yo quien más aprendió.  Al final me entregaron un libro hecho por ellos mismos, centrándose en el poema Terco mayo. Podéis pasar sus páginas virtualmente haciendo clic sobre la imagen.  Creo que es el regalo más especial que he recibido nunca:


Y por fin el jueves 19, coincidiendo con el tercer “cumpleaños” del blog,  se presentará Nostalgia armada en Zaragoza.  Os espero a todos:
(clic sobre las imágenes para ampliar)
  Para los que no puedan venir aquí, el lunes 23 nos acercamos a Barcelona.  Estaremos en muy buena compañía:
  ¡Hasta la vuelta! 

17 de mayoYa va quedando menos... gracias a todos los que os habéis hecho eco en facebook y otros sitios y, especialmente, a Mariano Ibeas, a dos Ángeles: Sobreviela y Cerviño, que anuncian en sus repectivos blogs ambas presentaciones, a Juan Manuel, a los responsables del ciclo de La Cigale, Juan Vico y Álex Chico, y a la página web de DVD ediciones.

18 de mayoGracias también a Elías Moro por la recomendación de hoy en su blog .

viernes, 6 de mayo de 2011

Nº 4 de la revista Isla de Siltolá/ Nostalgia armada vista por Juan Manuel Macías

Javier Sánchez Menéndez anuncia ya en la página de la editorial la aparición del nº 4 de la revista Isla de Siltolá.  El proyecto crece en cada número y llega, en esta ocasión, con un inédito de Juan Ramón Jiménez y unas interesantísimas colaboraciones.  Con una vocación inclusiva a la par que rigurosa, la revista demuestra su intención de sumar... y seguir.  AQUÍ pueden ver la nómina completa.  En el apartado crítico, donde  evidentemente los libros de Siltolá tienen su sitio, se reseñan publicaciones de cualquier otro sello.  La reciente aparición de Nostalgia armada tiene también su hueco en este número, con un excelente texto de Juan Manuel Macías que aquí guardo:    


     
Pudiéramos improvisar un mito donde el hombre descubre la poesía instantes después de descubrirse irremediablemente nostálgico. Si hubo un tiempo legendario en que la poesía vio la luz, ésta tuvo que aparecer definida en esa enfermedad por el regreso, nostálgica de todo y de sí misma. ¿Acaso no llevan las palabras un desesperado, siempre incumplido afán por regresar a aquello a lo que nombran? Olga Bernad no ha dejado de compartir con nosotros esa perplejidad esencial en sus versos, y ahora nos entrega su segundo poemario bajo un título que no sólo es bello (propio de quien sabe titular con tacto), sino también portador de un coraje poco habitual en tiempos alejandrinos o de variada gendarmería poética. Nostalgia armada supone, en efecto, una perfecta definición de lo que contienen sus páginas, compendiables, por ejemplo, en versos como estos: «¿Recordará esta casa aquel otoño?/Claro que no, no sé por qué te empeñas /en que algo quede cuando nada queda.»; pero también establece una dulce contradicción marcada por la rareza del adjetivo. Hay una entrega voluntariosa, casi marcial, en esa nostalgia. La minuciosidad en el equipamiento soldadesco que no deja resquicio a lo improvisado o a la simple y urgente expresión. Antes bien, hay un rito y un orden que nos recuerda, mejor que a un civilizado hoplita, a los ambiguos y complejos mapas de todo un Odiseo, el más nostálgico de los héroes, con su intelectualismo del sentimiento y su juanramoniana intelijencia.

Defender, limitar, almenar y construír la nostalgia paso a paso: eso es lo que la poeta hace admirablemente a lo largo de unos poemas que se suceden como episodios de una larga vigilia sonámbula en torno al yo que recuerda y siente. El yo que se reinventa en cada instante sucesivo, y se encuentra consigo una y otra vez: «Yo de nuevo./Soy yo. /Estamos yo y la vida.» Pero no caigamos en la superstición filológica o en el escrúpulo del biografismo (más manidos de lo que algunos actuales exorcistas del yo en poesía pudieran suponer), puesto que no es Olga Bernad la que nos está hablando desde cualquier posible realidad vital, sino sus propios poemas. El yo en poesía es una máscara más. Labrada de carne y hueso, si lo prefieren, o de palabras que quieren ser carne y hueso, pero máscara al fin y al cabo, siempre dispuesta a adaptarse a la voz que, eventualmente, pudiera darle vida. El poeta es una parte más del poema y Olga Bernad, autora de esa necesaria arquitectura, se esconde hábilmente, tan inalcanzable como la manzana de Safo.

Y estaremos satisfechos de no alcanzar nunca esa manzana. Pero los poemas, que es de lo que aquí se trata, también se nos muestran enormemente satisfechos de ser poemas desde el principio hasta el final: creen siempre en ellos mismos y logran, por tanto, hacernos partícipes de esa fe, sin echar mano de ningún medio ajeno a los simples resortes de la poesía. Quieren vivir y persistir en la lengua de la que son esclavos y dueños, en cada palabra donde asoma la voz, reinventada, de la tradición.

Domado el lenguaje a su albedrío, la poeta no escribe desde la temeraria preceptiva o el patrón aprendido del emulador. No cuenta las sílabas como quien cuenta los peldaños de una escalera. Hacer lo primero o lo segundo conduciría a no poder ver el verso o la escalera. Pero la poeta ve el verso porque sabe respirar y subir a través de él. Su materia no son las sílabas, tomadas en abstracto, sino la voz de los poemas que ha resonado en sus lecturas (la arcilla modelable de todo poeta), y así nos llegan sus endecasílabos con ese algo más que emerge por encima de la tautológica cifra once; con la naturalidad y los márgenes que definen la perfección, no por obedecer ciegamente a un canon a priori, sino porque conocen el secreto para tentar a nuestra escurridiza memoria.

Los poemas de Nostalgia armada se van acumulando dentro de lo que la poeta llama en un afinado epílogo «ese organismo vivo cuyo crecimiento es a la vez natural y misterioso». Hay unos cauces, sí, misteriosos: una directriz y un extraño destino que conforman el poemario y lo llevan por diversos paisajes como las cuerdas y trastes de un único instrumento: la épica sentimental de Al borde del invierno y la tristeza, los suaves escorzos de barroquismo en versos tan sonoros como «el mar de mar sembrado —el mar desconcertante/que estaba enamorado de la calma—» o la descarnada, intensa elegía colectiva de Belchite 2002. Y todo para concluir, de pronto, en mayo, un «terco mayo de ritos repetidos» que acude en nuestro rescate con la oscura intención de no salvarnos.

O para que descubramos, leyendo estos poemas memoriosos, la nostalgia, instantes después de aprender de cuántos inviernos puede estar fabricada una primavera.
Juan Manuel Macías . Publicado en el nº 4 (enero-abril 2011) de la revista Isla de Siltolá 

miércoles, 27 de abril de 2011

La vida extrema /Nostalgia armada en QUÉ LEER

Fotografía de Olga Bernad tomada por Angós en la noche del 19 de enero de 2008

Soñé que un animal me perseguía,
¿Has tropezado en sueños con tu miedo,
con la esquina voraz de tu locura?
Y tal vez has caído
al suelo como yo mientras notabas
ese aliento en tu nuca,
su olor caliente a sexo, a vida extrema
viciada por la muerte. 
¿Has masticado
ese miedo al huír? Me perseguía
un animal aullando.  Yo era ella,
la pequeña que muere,
yo era ella, la del final,
la de los cuentos tristes.
No podía esconderme, soy la sombra
de la luz que él respira. Recordaba
una lucha en el centro de una cama. 
Sobreviví al abrazo, llegué al bosque
para morir corriendo. 
El corazón me ataba la garganta,
metálico sabor de hierro, río
de mi lengua a la tierra, de su boca
caían mis aullidos, sus canciones. 
Grité para no oírlo, tragué sangre
y me paré por fin. Sobre los charcos
vi el horror de verdad.  Me había atrapado
mi memoria borrosa.
Decía que fui yo quien robó algo
esa noche en su cama.
Fui yo quien robó algo; yo, la sombra;
yo, el animal y el luto y el secreto;
y yo, la inexplicable
criatura que lleva entre los dientes
su breve corazón de terciopelo.

Nota:  En el extra de primavera de la revista  QUÉ LEER, que ya está en los quioscos, aparecen recomendados 17 libros de poesía.  Me llevo la sopresa de que  NOSTALGIA ARMADA es uno de ellos. 











martes, 19 de abril de 2011

"Nostalgia armada" vista por Eduardo Moga y Antón Castro.

Ahora que las inminentes vacaciones de Semana Santa quieren darnos un respiro a todos y la blogosfera tiene las calles un poco más vacías, igual que Zaragoza, es quizá buen momento para pensar en salir de casa.  Esta primavera ha coincidido con la salida de "Nostalgia armada" a las librerías, e intentaré hacer desde aquí, desde su casa, un mapa de ruta de los lugares que va visitando.  Este lunes me la he encontrado, de la mano de Eduardo Moga, en la revista 330 ml. que comienza también hoy su andadura. Y en el periódico Heraldo de Aragón, de la mano de Antón Castro, en la recomendación diaria del Heraldo.es.  Gracias a ambos por estos excelentes textos y por la generosidad de las lecturas.  Aquí las guardo:




Eduardo Moga

MELANCOLÍA ENCRESPADA

Este segundo poemario de Olga Bernad (Zaragoza, 1969), tras Caricias perplejas, cultiva un neorromanticismo sin estrépito, meditativo, de acentos clásicos. Embarcada en una inquisitiva reflexión sobre los sentimientos propios, Bernad reivindica el amor —y sus transportes eróticos—, pero da cuenta también de la pasión incumplida o imposible, del deseo corroído por el tiempo, del cariño desvencijado. Es este un libro impregnado de melancolía, pero de una melancolía encrespada, que atiende tanto a lo pasado, y perdido sin remedio, como a lo inexistente. Nostalgia armada narra un camino de derrota, cuyos jalones son la pérdida de la inocencia, el hundimiento de la alegría y el ingreso en una soledad deletérea, que encuentra las metáforas del invierno, el desierto y la ausencia. La poeta consigna en sus páginas un ímpetu juvenil todavía palpitante —y que quiere preservar mediante la escritura—, pero ya anegado por la desilusión y la tristeza. El vértigo de la caída se expresa mediante alusiones crecientemente ominosas a las heridas y el dolor, a lo destruido —como en «Belchite 2002»—, a los muertos, al suicidio —que da título a la última sección— y a la nada: «Mirar, pensar, callar: nada me salva», escribe en «Extra viam». 

Pero Nostalgia armada, pese a sus filos sombríos, no es un libro angustiado, sino estoico, secretamente alegre y también pugnaz. Algunos ecos religiosos sugieren una sombra de consuelo, y el reiterado motivo del mar comunica una sensación de amplitud libérrima, de esperanza sin límites. El sosiego que preside los versos de Bernad se desprende, en parte, de los metros impares —sobre todo, endecasílabos—, que fluyen con impertérrita elegancia, aunque a veces se arremolinen en pasajes trepidantes, que crujen de poliptotos y aliteraciones —«Nieva mentiras el abecedario,/ nieva miel lenta mientras miente el mundo,/ y rompe sal y nieve con sucia voz de mieles...»—, pero más aún de una mirada desollada, que taladra la penumbra y que sabe que aceptar el fracaso es la única manera de triunfar.

Eduardo Moga (Publicado en la revista 330 ml. 18/04/11)  


Antón Castro
OLGA BERNAD O LA POESÍA ALUCINADA

Nunca se sabe de dónde vienen los poetas. Esos seres de carne y hueso que van a la oficina, al supermercado, que llevan los niños al colegio, que fuman un Pall Mall en las terrazas, o un Ducados (si se trata de Ángel Guinda), esos seres tan cotidianos y a la vez extraños que tiene un rara relación con las palabras. Las tratan como a seres vivos o como si fueran la imprescindible herramienta de un sortilegio. O el secreto de la tribu. Olga Bernad (Zaragoza, 1969) tiene algo de fenómeno de internet: era una poeta sigilosa y noctámbula, alguien que escribía sus cosas en cuadernos casi clandestinos, más allá de la medianoche. Un día decidió asomarse a internet y publicar los fragmentos de una novela, y y ahí se fraguó la narración ‘Andábata’ (Paréntesis), pero antes también publicó sus poemas, y así nacería, con gran impacto, ‘Caricias perplejas’ (Fundación ECOEM, 2009), uno de esos poemas que están tocados por el embeleso y el dolor, por la lucidez y el deslumbramiento.

Olga Bernad, con ese libro, y no hay exageración en ello, constituyó un pequeño acontecimiento literario en la lírica de Aragón. Hace pocas semanas, aparecía ‘Nostalgia armada’, uno de esos libros sorprendentes que exaltan la escritura poética y que muestran cómo se construye una voz propia. Sorprendente porque está hecho de muchas cosas: de nostalgia, de dolor, de alucinación, de ternura, de libertad creativa. Sorprendente porque propone continuos viajes a la memoria: a la adolescencia, al territorio de los amores soñados, al núcleo de amistades inolvidables, a la elegía, al interior de una clase donde se libra la batalla del poema, de la pasión y de la melancolía. Sorprendente porque está escrito con esa elegancia personal de la autora: desconcertante, libérrima, la elegancia y el pulso de alguien que tiene una complicidad muy particular con las palabras. Esta poeta, Olga Bernad, tiene otro don: la capacidad para crear imágenes vigorosas, imaginativas, inesperadas.

‘Nostalgia armada’ (La Isla de Siltolá, Sevilla, 2011. 94 páginas) es un libro de una belleza dolorosa, desesperado y sereno a la vez, de un amor tan pletórico como dramático quizá porque tiene el eco de los amores imposibles. Dice: «Armada hasta los dientes te esperaba,/ inútilmente armada hasta los dientes. (…) / Algo tiró de mi hacia tu infinito,/ no sé si náusea o fuente, no he sabido/ reconstruir el curso de su fuerza./ Hasta el final llegué arrastrando el alma;/ al final me he perdido: ya soy nada». La edición, conviene recordarlo, es realmente bonita. Da gusto leer en ella versos como estos: «El día que me marche me iré lejos./ Ya no me quedará ni el mar al frente». O «En tardes de violencia me ha mirado / con ojos de animal de compañía».

Antón Castro (publicado en Heraldo de Aragón- Heraldo.es- 18/04/11)

jueves, 14 de abril de 2011

El beso

Lo que siento
se asemeja tal vez a lo que siente
un ciego ante el calor, tan leve y repentino,
de una luz encendida muy cerca de su boca.


Una brutal pregunta que estremece,
una suave ternura
que se parece tanto a la tristeza
cuando miramos, ciegos, a la cara
todas aquellas cosas
que nos están veladas para siempre.


Y, a cambio, la intuición.  La luz nos besa
el temblor de los labios que se cierran. 





Aparece hoy en el Heraldo de Aragón, con motivo de la próxima celebración del día del libro, una mención a Nostalgia armada entre otras interesantísimas propuestas.  Antes, el viernes, la entrega del premio de las Letras Aragonesas a Ángel Guinda. ¡Felicidades!

Mariano Ibeas, generoso y atento como siempre, me avisa de que se hace eco en su blog de las recomendaciones y dedica unas generosas palabras a Nostalgia armada.  Mil gracias. 
.


jueves, 7 de abril de 2011

Inescrutables itinerarios del odio

Han coincidido esta semana dos hechos que me llegaron casi como regalos de cumpleaños.  El domingo se publicó el número 21 de la revista NARRATIVAS (podéis ver el índice con sólo hacer clic AQUÍ)Carlos Manzano me pidió hace tiempo una colaboración y, con permiso de la editorial, cedí el relato Inescrutables itinerarios del odio con el que había participado en ese estupendo libro editado por Nuevos RumbosSuegras. Retratos breves sobre el gran enemigo.  El libro, una apuesta personal del editor José María Pérez Collados, ha estado doce semanas consecutivas entre los libros aragoneses más vendidos según  la lista publicada en el Heraldo.  También con permiso de la editorial, traigo un escaneo de mi relato al blog por si alguien quiere leerlo.  Aconsejo vivamente el libro, los once relatos restantes no tienen desperdicio.

               
El segundo "regalo" me lo encontré el martes en el blog de Juan Vico: una pequeña bienvenida a Nostalgia armada con la publicación de un poema que aprovecho para traer a casa :


NO SABER

En un solo suicidio, mil gaviotas
se estrellarán mañana contra el suelo.
Todos caminarán sobre el asfalto
sembrado de alas lentas
como si no las viesen.
Necesito dormir para no verlas
en su suelo futuro de mañana.
Esta noche no saben que están muertas.

11 de abril:  Álvaro Valverde publica hoy en su estupendo blog una breve nota sobre su lectura de Nostalgia armada.  Muchísimas gracias por la atención.


jueves, 31 de marzo de 2011

El tiempo de las dudas y los pactos

Tazas de porcelana,
comediantes ausentes,
trocitos de amapolas entre los cuentos viejos
y largas trenzas negras
rozando sin saberlo una cintura nueva.


Soy una japonesa,
soy una senda blanca,
un jinete y un mapa, un cofre del tesoro.
Ven a ser abanico,
caballo, huella nueva. Abre mi corazón.


Y guárdame el secreto.


Cumplir años siempre nos hace volver la vista atrás.  El año pasado me dio por repasar mi vida al hilo de los perfumes, el tabaco, los libros.  Esta vez lo celebro con este poema, uno de los incluidos en la antología de poetas contemporáneos Poesía para niños de 4 a 120 años, publicada en diciembre por Ediciones de la Isla de Siltolá, en su nueva colección Agua.  Espero que os guste. 

martes, 22 de marzo de 2011

Para que tú las bailes... (Banda sonora de Andábata I)


Hace tiempo que pensé en dedicar una entrada a cada una de las canciones que aparecían en Andábata, pues a Marta le presté, entre otras cosas, parte de la banda sonora de mi vida.  Una de las canciones que se cuelan en el pensamiento de Marta  es -inevitablemente- el Quiero ser libre de Los Chichos, tan inmortal, tan puro (a su manera), tan distinto. 

Más allá de la crítica musical e incluso de los gustos personales, al final la banda sonora de la vida es lo que se recuerda.  Yo recuerdo, por ejemplo, que a los trece años comencé a volverme  loca por aquellos grupos ochenteros, nuevos e independientes, que salpicaban mi corazón de una alegría gamberra y superaban de un plumazo la  libertad tan tristemente soñada por aquellos otros barbudos comprometidos, los cantautores de mi infancia.  Para compromiso, la actuación.

Pero se me han ido de la cabeza las letras de Polansky y el Ardor e incluso algunas de La Mode.  Me cuesta recordar a Aviador Dro, a Kikí D'Akí o a los Lords of the New Church (si bien me sigue encantando su Russian Roulette).   Sin embargo, recuerdo con toda facilidad a Los Chichos, aunque entonces los despreciase, distraída entre libros y perfumes y postmodernos, aunque también los despreciasen los puristas (siempre dando su especie de murga, les da igual el tema, la cuestión es no dejar vivir) y algunos intelectuales los salvasen para olvidarlos inmediatamente, como si fuesen un asunto de hacer gracia, sin acabar de comprender jamás que esas letras eran algo mucho más auténtico de lo que el efímero reconocimiento de la fama supone.

“Poder casarme contigo, tener un niño marinero…”  ¿Un niño marinero?  ¿Y por qué marinero y no ingeniero del estado?  Pues porque no, porque no eran materialistas, ni siquiera al estilo sesgado y brutal en que pueden serlo los antimaterialistas- anda y léeles a Marx, o háblales de neocones-.  ¿Por qué marinero y no poeta? Pues no lo sé, pero ahí está su no sé qué (que quedan balbuciendo), completamente a salvo de su propia horterez, de la indignidad, del desastre que late en esa actualización siempre algo falsa de su auténtica versión gitana de los hechos; ahí brilla, entre yonatanes y kevincósneres, alguna verdad como un templo: que tienen sangre de reyes en la palma de la mano y una borrachera de melancolía intergeneracional que llegará hasta el fin del mundo.

Como yo nací en un barrio fronterizo, uno de esos barrios obreros que marcan el límite entre la ciudad y el descampado (ay, esa sensación de haber caído del lado un poco menos malo por los pelos…), recuerdo el poblado gitano que se divisaba, allá en la llanura de las afueras, desde la ventana de mi dormitorio.  Alguna noche de verano miraba las hogueras y me llegaban, mezclándose con mis primeros escritos, voces de juerga y luces.  Allá lejos, tan cerca.

A veces aparecían jeringuillas por el suelo de la fábrica quemada que dibujaba la frontera entre ellos y nosotros, o en los silos abandonados donde nos encerrábamos para fumar y ver revistas porno.  Las gitanas que venían en busca de agua potable a las bocas de mi calle tenían largas melenas, ojos hermosísimos y olían a humo.  Niñas preciosas a las que les salían tetas en un cuarto de hora,  jóvenes princesas que se convertían en madres desdentadas de mirada triste en diez minutos.  Maldita magia del revés, maldito duende descuidado.  Ya no hay poblado, hay unas instalaciones deportivas limpias de polvo y paja.  Ya no hay gitanos.   El ayuntamiento (o quien fuese) los integró (o lo que sea) por ahí. 

Qué habrá sido de toda aquella gente a la que yo veía acceder a la ciudad por las sucias aceras de mi barrio tarareando canciones de los Chichos, qué habrá sido de mí, dónde estará la tumba de Marta.  Yo no lo sé (perdonen la tristeza).

La foto es una de las muchas que aparece en google si  hacemos la búsqueda "gitanos españoles" 

24 de marzo: En la sección "Poetas" del Heraldo de Aragón de hoy aparecen algunos versos de Nostalgia armada.




25 de marzo: Javier Sánchez Menéndez, editor de Siltolá, y mi amigo Rafael Alarcón me avisan de que en El Cultural del periódico El Mundo aparece hoy una breve reseña de Nostalgia Armada.  Contentísima de que el suplemento de un periódico nacional se ocupe tan pronto del poemario,  y en términos básicamente elogiosos, además.  Toca un tema que me encanta para "discutir".  Y para escribir, evidentemente.  

26 de marzo: Juan Manuel Macías, poeta, amigo y vecino virtual, anuncia en su blog la aparición de Nostalgia armada y elige un poema, Belchite, para darle la bienvenida. Gracias, capitán. 

30 de marzo: Antón Castro reflexiona sobre las letras aragonesas en el chat del heraldo, y nos habla de su nuevo libro "El paseo en bicicleta". No se lo pierdan.  

miércoles, 16 de marzo de 2011

En la nave de los locos (de mi vida). 2ª parte

La fotografía es de Angós, tomada el 10 de diciembre de 2010

A Antonio Azuaga (hombre justo, alma en paz) que recordará tal vez estas palabras:

La paz es un asunto de ausencia de dudas. Un paraíso imposible. Más vale pensar que a veces una duda es una bendición. La duda lleva dentro su sospecha junto al deseo de no equivocarse aún, un rechazo total a la idea de entregarse dócilmente al error y estropear algo que tampoco se sabe muy bien qué es.

Las personas normales vivimos en medio de un desbarajuste que no es fácil de ordenar, un puzzle roto en infinitas piezas desiguales y dispersas que forman un dibujo insoportablemente grande. Vivimos con la esperanza (no siempre convencida) de que al final exista esa foto fija que debería existir, sobre la cual todas las piezas encajan y ninguna falta. Dudamos. Sólo podemos, tal vez, preguntar.


Nostalgia armada en el Café de Indias
Recordé este texto, rescatado de un antiguo diálogo, entre el maremagnum de mi vida actual que ni tiempo me deja para atender este rincón, uno de los pocos refugios donde a veces me siento a encajar piezas.  Desde la última entrada han pasado muchas cosas. Haciendo malabarismos entre el trabajo y otras obligaciones, a principos de mes me fui a Sevilla, invitada por Javier y la Isla de Siltolá. 


De tapeo con amigos
Quiero dar las gracias a todos los amigos que tan bien me acogieron: Javier Sánchez, Antonio Rivero, Teresa Merino, Jesús Cotta, Juan Antonio Glez., Elena, José María Jurado, Rafael Lucena, Alejandro Muñoz y Miguel Estrada; y a Elías Moro y Tomás Rodríguez Reyes que anduvieron por allí de visita como yo. En Sevilla pude tocar por fin mi segundo poemario, Nostalgia armada, que ya está llegando a las librerías.

En los jardines del Real Alcázar
Con Antonio Rivero T.  y Teresa en la noche sevillana










El día 10 de marzo asistí, junto a Alberto Santamaría, a la lectura correspondiente del ciclo Este jueves, poesía, coordinado por Nacho Escuín en la facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza.   La Sala de Juntas se llenó y acabamos la velada con una cena y una visita  posterior al Candy Warhol, donde esa noche leía Raúl Campoy, joven poeta madrileño. 



Dejo algunas instantáneas y enlaces que son como piezas del puzzle de mi vida, y aprovecho para agradecer las menciones y anuncios que ya han aparecido sobre Nostalgia armada: Gracias a Antonio Rivero Taravillo, Rafael Lucena, Elías Moro, Juan Manuel Macías y la página web de DVD Ediciones -que actualizó recientemente mi firma invitada con motivo de la nueva publicación- y, finalmente, a Fernando Valls, por obsequiarme con una segunda vuelta en su Nave: AQUÍRecuerdo con muchísimo cariño la primera, hace apenas dos años, y es un honor estar de nuevo entre sus locos.
La Nostalgia desnuda





17 de marzo:  Hoy se ha publicado en el Heraldo mi cuarta colaboración en la revista Artes y Letras.  En esta ocasión reseño el último libro de Francisco José Martínez Morán, Peligro de vida.  Podéis leerla en el blog Los otros.   


lunes, 28 de febrero de 2011

En la campana de los perdidos



El pasado sábado 19 de febrero asistí, invitada por la Asociación Aragonesa de Escritores, a una de las veladas de lectura y música organizadas en el ciclo de invierno de Poesía para perdidos.  Fue un placer compartir la noche con Antón Castro y los chicos de Deep in Blue.  A pesar de un inoportuno catarro que me dejó la voz para el arrastre, la cercanía del público, el buen ambiente, unas gominolas mágicas de Marta Navarro -al quite con su milagroso jengibre australiano-, nuestro encantador y común amigo Chesús Yuste-compañero además de publicación en la sevillana Paréntesis-, la presencia de otros escritores: Fernando Sarría, Manuel Forega, Luisa Miñana, la cálida Ana Alcubierre, a la que conocí en la presentación de YIN en Barcelona, Reyes Guillén, Fran Picón, (mucha gente sentada incluso en las escaleras a la que no distinguía desde el escenario y con la que no pude hablar después, pero me escribieron luego) y la compañía de algunos amigos, hicieron posible que me sintiese bien, contenta de poder compartir así –tal vez de la forma más cercana a su origen- la poesía.  La poesía y la noche.  Recuerdo especialmente a una chica que me paró precisamente en la escalera, cuando yo subía a fumar, una desconocida que no era de Zaragoza y había llegado a la Campana de los perdidos esa noche por casualidad.  Recuerdo sus palabras.  Es curiosa la conexión que puede producirse en estos casos.  

Comenzamos con la generosa y detallada presentación que Miguel Ángel Yusta hizo de cada uno de nosotros, a modo de bienvenida e introducción.  Me tocó ser la primera en leer, después aprendí y disfruté de Antón, de su poesía y su manera de comunicar y, finalmente, me relajé y me divertí con las canciones de Deep in Blue.


Antón Castro-La Campana de los perdidos 19/02/11- La foto es de Aloma Simpé. 
Tanto Antón como yo teníamos libros muy recientes.  Él trajo su Paseo en bicicleta –Olifante acababa de sacarlo a la calle esa misma tarde-; yo fui con Caricias perplejas y con las pruebas de imprenta de Nostalgia armada.  En Siltolá me han dicho que este sábado, con ocasión de mi viaje a Sevilla, tocaré los primeros ejemplares.  Espero que esté muy pronto en las librerías. 

Dejo a modo de recuerdo un par de poemas(AQUÍ y AQUÍ), a pesar de que el sonido no es muy bueno.  Es una manera de compartir también el momento con los lectores del blog.  Últimamente no dejo constancia de cosas que para mí son importantes: las presentaciones de YIN en Zaragoza y Barcelona se quedaron sin su entrada, igual que la presentación del libro de relatos Suegras.  No sé exactamente por qué.  Tal vez por una especie de pudor o miedo a celebrar demasiado.  Pero sí, creo que es mejor hacerlo.   

2 de marzo:  David, de Panda de Tolos, me regaló amablemente el vídeo con toda la grabación de la noche. Yo no podía colgarlo por ser muy extenso, pero él ha puesto una selección en su estupendo blog.  Nunca se parece a estar, sin las pausas para hablar con el público y con lo rara que se ve una ahí, pero espero que os resulte menos complicado que escuchar los poemas en el goear.  Mil gracias, David. 


lunes, 21 de febrero de 2011

150

(la fotografía está tomada de aquí)
Tengo una relación de amor y odio con los números que me impide ignorarlos. Se han juntado demasiados: 150 entradas, 1000 días de blog, 50.000 visitas superadas hace poco (aunque desconozco las totales pues al principio no sabía incorporar un contador). Eso me ha hecho pararme a pensar en todos los números que rodean a estas letras: 115 seguidores, 167 suscritos en el reader, 7.134 comentarios -la mitad son míos, contesto siempre-, 233 comentaristas distintos. Y, desde aquella primera entrada, 2 poemarios, 1 novela, la inclusión en 2 antologías, 1 participación en un libro de relatos, varias publicaciones en revistas.

150 entradas no son muchas, pero han significado mucho para mí. En esta, por primera vez, he desactivado la opción de comentarios. No ofrezco nada hoy, no tengo nada y, en consecuencia, este apunte contable no merece más atención por vuestra parte. Quiero ser yo la que se pare a mirar y diga simplemente GRACIAS. 

miércoles, 9 de febrero de 2011

Mi nuevo libro: NOSTALGIA ARMADA


Por fin Nostalgia armada, mi segundo libro de poemas, es ya una realidad. Tengo, además, el honor de estrenar con él, junto a José María Cumbreño, la nueva colección de poesía de Isla de Siltolá -Vela de Gavia- a cuya acostumbrada calidad de edición ha unido un precioso diseño que hace del libro un objeto bellísimo.

Estos poemas fueron escritos entre diciembre de 2008 y junio de 2010. Como un organismo vivo cuyo crecimiento es a la vez natural y misterioso, el poemario fue desarrollándose mientras yo desconocía hasta dónde iba a llevarme. Pienso que la unidad de la poesía es el poema pero, a veces, por causas que van desde la mera cronología a los acontecimientos vitales que irrumpen en ella y dejan un poso en el estado de ánimo de nuestra escritura, esas unidades se agrupan formando otra mayor que también sostiene su propia arquitectura. 

Esta circunstancia no tiene por qué ser en sí misma ni un mérito ni un defecto literario, pero sí es una característica de algunos libros, e hizo de Nostalgia armada una obra cerrada sobre sí misma. Cuando sentí ganas de escapar de esa Nostalgia y de dejar de disparar con sus armas, supe que el poemario estaba terminado. 

La posible estructura de sus calles fue mostrándose en diversos lugares: algunos poemas se publicaron aquí, otros en revistas (Isla de Siltolá, Rolde, Kafka, el 0,9 periódico...) y distintos blogs. Finalmente, el resultado fue leído por unos pocos amigos a quienes quiero agradecer su hospitalaria atención y su fe en mis textos, que suele ir siempre mucho más allá de la mía: Antonio Azuaga, Juan Manuel Macías y Santiago Gascón. De manera muy especial, quisiera dejar constancia de mi gratitud hacia Javier Sánchez Menéndez, quien apostó como editor por la publicación de este libro desde el principio, y hacia Antonio Rivero Taravillo, prologuista de lujo de toda esta Nostalgia, desde hoy pública y definitivamente desarmada.

(click sobre la foto para ampliar)
10 de febrero: Es cierto que las alegrías nunca vienen solas; hoy  el Heraldo de Aragón, en la Revista Artes&Letras, refleja que el libro Suegras. Retratos breves sobre el gran enemigo de la editorial NUEVOS RUMBOS, en el que participo con un relato, está ¡por sexta semana consecutiva!  entre los libros más vendidos.  Y en el Heraldo aparece también una reseña mía sobre el excelente poemario de Juan Manuel Macías, Tránsito, recientemente publicado por DVD.
Podéis leerla en el blog LOS OTROS, pinchando AQUÍ.
13 de febrero:  En el blog de la Campana de los perdidos, coordinado por Fernando Sarría, así como en la página de las Asociación Aragonesa de Escritores, se anuncia la nueva velada para el sábado 19 a las 22h.  Leeremos poemas Antón Castro y yo, acompañados por la música de Jorge Berges. Os esperamos.
14 de febrero:  Antonio Rivero Taravillo se hace eco en su blog Fuego con nieve de la (próxima e inminente) publicación de Nostalgia armada y adelanta un trocito de su prólogo.  Mil gracias.