domingo, 20 de noviembre de 2011

Los himnos necesarios




Los fantasmas de viejos caballeros
se retaban a duelo en el patio de armas
pero verlos no estaba a vuestro alcance. 

Jordi Doce (Aquí, ahora, en ningún sitio)  


LOS HIMNOS NECESARIOS

Hace años, en la noche del destino,
oíamos el viento sobre el mundo.
La inmensa libertad –madre severa-
nos rodeó como lo hubiera hecho
una horda implacable de incertidumbre y frío.
Por combatir el frío, pensamos un refugio
y convertimos el refugio en casa,
y la casa en iglesia, y la iglesia en castillo
y la mirada en bestia vigilante.
En su fondo encerramos un vacío:
la zona más feroz de nuestras dudas
le hizo un sitio a la cárcel, igual que la tristeza
va cavando rincones para el odio. Despacio,
muy despacio, inventamos los himnos necesarios,
canciones que consuelan en la noche y acarician
la seca piel del miedo.
Un uniforme se hizo imprescindible,
pues contaban que más allá del río
unos hombres sin nombre, sin castillo
ni cárcel ni rutinas ni esperanza
miraban desde el llano nuestras casas.
Llegaban con sus ojos inquietantes
hasta la lenta línea de las aguas
y codiciaban nuestra indiferencia.
Debíamos distinguirnos de esos hombres
y defender lo hecho.
Ella cosía con manos de novia
y esperaba de mí y por mí, y sufría.
Así que me vestí de combatiente.
No sé de cuántas guerras volví triste,
cuántos hombres distintos he matado
o si acaso he matado siempre al mismo.
Sólo recuerdo a uno.  Nos miraba
desde el hambre y el viento de la nada,
perplejo desde el frío, desnudo y desarmado.
Dicen que le he matado sin motivo
porque aquí ya no queda apenas nadie
que entienda cómo hiere
ver a lo lejos a un pobre hombre libre.


Hace un año: Horas de clavicordio
Hace tres años: El cierzo y el suicida

38 comentarios:

Durrell dijo...

Impresionante.

Olga Bernad dijo...

Gracias, Durrell.

Toni Aznar dijo...

No sé de cuántas guerras volví triste,
cuántos hombres distintos he matado
o si acaso he matado siempre al mismo.
Sólo recuerdo a uno. Nos miraba
desde el hambre y el viento de la nada.


El "don" de la palabra, benditas las palabras que aligeran las cargas de la vida.

Olga Bernad dijo...

Gracias, Toni. El poema surgió de la extrañeza que me produce esa tendencia humana a disparar -aunque sólo sea con la intención- sobre todo aquello que nos recuerda, en el fondo, lo que nunca conseguiremos ser. Ojalá queden por ahí algunos pobres hombres libres (y vivos).

Ernesto Frattarola dijo...

Joer, qué bueno. "y la mirada en bestia vigilante": este verso se me va quedar un tiempo por dentro, dando vueltas. Gracias. Un abrazo

Araceli Esteves dijo...

Un poema de esos que no puedes evitar empezar a leer de nuevo cuando terminas. Está plagado de versos que se clavan como estacas. Enhorabuena a tu madre por haber parido a tan buena poeta.

Olga Bernad dijo...

Ernesto, si tuviese que salvar uno, yo también elegiría ese verso. Fundamenta el poema.
Gracias a ti por tu lectura.
Un abrazo.

Olga Bernad dijo...

Que alguien me haga reír en una jornada tan seria es muy de agradecer, Araceli. Se lo diré a mi madre;-)
Bromas aparte, que los versos te lleguen es lo importante. A veces acarician, a veces se clavan.
Muchísimas gracias.

Alfaraz dijo...

Épico


.

Olga Bernad dijo...

En el principio fue la épica;-)
Y ya lo dijeron los Golpes Bajos: Malos tiempos para la lírica.

Alice vio la luna... dijo...

Olga, que manera más bella de expresar que lo que nos da seguridad nos resta la libertad del pobre hombre. Precioso y duro a la vez. ¡Me encanta!

Un beso,

Olga Bernad dijo...

Sí, creo que así es. Los himnos son un símbolo en el que se refugia nuestra esperanza colectiva, una manera de conjurar temores, y tenemos una tendencia natural (y yo creo que comprensible) a inventarlos. A otro comentario de una amiga en facebook le he dicho que, aunque nos unen a los demás y nos hacen más fuertes, también nos anulan. Hay que tener cuidado con ellos. La historia está llena de episodios terribles para los que se inventaron hermosos himnos.
Muchas gracias, Arantxa. Un beso.

Angós dijo...

Estoy de acuerdo con eso, pero sobre todo el poema me parece impresionante. Mucho.

Olga Bernad dijo...

Pues eso me gusta: más que el acuerdo o el desacuerdo, me importa el poema (de lo contrario hubiese escrito un ensayo:-)

samsa777 dijo...

Sin aliento: magnífico.

Olga Bernad dijo...

Gracias, Francisco.
Yo llegué al final sin respiración. Lo que siento cuando escribo me salva de las dudas. Esos momentos me rescatan, sí. Todavía;-)

enrique dijo...

Uno no puede ir al combate sin un himno, una amada, una carta y un poema.

Si me reclutan para la próxima batalla, serás mi madrina de guerra...

Olga Bernad dijo...

Ah, la guerra en los poemas... lo que da de sí. Qué gran tema. Como el amor, como la muerte.
Amadrinado quedáis para futuras batallas;-)

Outsider friar dijo...

Si apenas queda nadie que entienda cómo hiere, quiere decir que las cosas van mejor, que la libertad no hiere generalizadamente.
O tal vez no, tal vez sea que quedan tan pocos pobres hombres libres, que ya se perdió la experiencia de hasta qué punto resultaba hiriente su presencia.

Olga Bernad dijo...

Creo que el soldadito del poema se inclinaba más por la segunda opción; pero es verdad, podría tener esa primera lectura tuya. Lo único evidente es que el individuo y su grupo no marchan, en este poema, al mismo paso. Y eso siempre es dramático para el individuo, ya que el grupo sobrevive como tal muy por encima de los hombres (libres o esclavos, con razón o sin ella, vivos o muertos).
Muy interesante el comentario, le has dado una vuelta de tuerca al final. Bienvenido.

Gemma dijo...

Es un poema que convoca como si él mismo fuera un himno. Pero yo creo que tus versos nos hablan de igual modo de la lectura contraria, esto es, de que la sensación de inmensa libertad también acongoja desde su misma vivencia, y de ahí que nos encierre y aprisione de forma "natural". Creo que esa búsqueda de seguridad podría considerarse, hasta cierto punto entonces, como la otra cara de la moneda; una manera de "encauzar" ese vértigo doloroso (y en ocasiones inhumano) que puede llegar a suponer vivir plenamente en libertad. Los versos finales de hecho me llevan a esta precisa idea. A fin de cuentas, ¿acaso son menos libres los hombres conscientes?...

Un poema bellísimo, Olga. Besos y enhorabuena.

Olga Bernad dijo...

Lo de la libertad y el hombre es una especie de "ni contigo ni sin ti" propia de los amores apasionados (o de las tendencias naturales). Creo que la libertad es para valientes. Es tan dura, nos deja tan a la intemperie, que buscamos protección: el grupo, la institución, la secta...miles de variantes, algunas más equivocadas que otras. A cambio de la seguridad perdemos libertad, pero siempre la añoramos y, en el fondo, no la soportamos en los demás. El que anda por libre está "a tiro" de todo el mundo. Eso lo vemos mil veces alrededor, y mil veces lo explicamos de otra manera, lo toleramos o incluso participamos activamente en el disparo. Sin embargo, aunque sea como simple referencia, no deberíamos olvidarla hasta el punto de no saber ni reconocerla. Aunque tampoco deberíamos confundir libertad con felicidad. Creo que fue Azaña quien dijo que la libertad no hace más felices a los hombres; los hace, simplemente, hombres.
Muchas gracias, sister, me ha encantado el comentario (y también que te guste el poema, claro;-)

Antonio Azuaga dijo...

Qué gran poema, Olga, y qué feliz costumbre la justicia de tenértelo que decir todas las veces.

Sólo una modesta observación a un comentario: no perdemos la libertad –no podemos hacerlo–, embrutecemos la responsabilidad y amordazamos la conciencia. Pero la libertad sigue intocable en todos y cada uno de nosotros; por eso nada puede exculparnos de su ejercicio.

Un beso.

Olga Bernad dijo...

Es verdad. Intentaré recordarlo, mucho más que cuando lo vea en los demás, cada vez que yo vaya a amordazarme con una venda más cómoda que la verdad (y tengo esa tentación a menudo, como todos, supongo). Recordaré que la culpa es mía y que puedo elegir. Si estás dispuesto a aceptar las consecuencias, casi siempre se puede elegir. Es duro, eso sí. Aunque nunca he sido de las que se quejan demasiado;-)
Un beso y muchas gracias, maestro, por la lectura y el comentario.

lolo dijo...

Olga, vengo a verte medio dormida, esperando a algún chico a medio educar que ha salido. Hace tiempo que no pasaba por tu casa y vengo y me encuentro este poema. Ahora ¿cómo voy a irme?. Voy a quedarme un rato leyendo. Gracias por tu magnífica compañía.

Olga Bernad dijo...

Qué alegría, Lolo. Lástima que ayer me acostase pronto. Recuerdo la época en la que siempre intercambiaba con algunos noctámbulos -entre los que te encontrabas- un gesto de complicidad o de simple cansancio al final del día. Mis hijos aún no están en edad de salir, pero me hago cargo de lo larga que debe de hacerse esa espera. Ojalá esta lectura y otras te hayan ayudado a hacerla un poco más corta. Entonces estos himnos seguramente seguirán sin ser necesarios, pero habrán sido un poco útiles;-)
Un fuerte abrazo.

veridiana dijo...

Belleza,glamour,incertidumbre...

Un beso.

Olga Bernad dijo...

Mucha incertidumbre. Ojalá no se trague toda la belleza.
Un beso, Circe.

Miguel Baquero dijo...

Entre todas las frases deslumbrantes del poema, me quedo, si me permites, con lo de "codiciar nuestra indiferencia". Magnífico

Olga Bernad dijo...

De un lado se codician unas cosas y del otro, otras. Siempre suelen coincidir con aquellas que nunca se han tenido o se han perdido irremediablemente. La indiferencia o la tranquilidad del que parece a salvo de la intemperie; la libertad del que vive a la intemperie... no sé qué preferirás tú;-)
Gracias por la lectura.

NINGUNO dijo...

Qué suerte leerte, y leer estos versos... también he escuchado la entevista en la radio... y casi no me atrevo a decirte lo que he disfrutado, y sufrido y comulgado contigo.
Un abrazo, Olga.
Ya nos veremos ¿pronto?
Mariano Ibeas

Olga Bernad dijo...

Qué alegría, Mariano, me gusta que te gusten;-) Y, bueno, lo de sufrir es inevitable. No pasa nada.
Hasta final de mes lo tengo un poco difícil. Hago una excepción el lunes 12 porque me han invitado a la Escuela de Teatro; y otra el día 22 para presentar la novela de José María Pérez Collados -El tren de Cristal, te la aconsejo- en la Fnac. Algo colgaré por aquí cuando pueda y te avisaré por si te puedes acercar (así nos vemos y te devuelvo tu libro;-)
Un fuerte abrazo.

Blackbird dijo...

Dichosos himnos, dichosas banderas, que, en lugar de unirnos a los otros, nos separan de ellos. Porque nosotros tenemos ya nuestras seguridades y no queremos que venga nadie a cuestionarlas, que estamos muy calentitos dentro de la casa y fuera hace frío.

En fin, difícil unir libertad con himnos, pero la tentación es grande… bueno, como no es oficial no es un himno, es un canto

A veces, sí que nos unimos por causas que no excluyen, sino que suman. Aún así hay que estar atentos: las banderas, los himnos y las causas luego se petrifican y son sagradas.

Así que recordaremos algunas citas:

He modelado una bandera que, como todas, es para quemar. (Loquillo)

Dime una bandera que no haya hecho llorar a un niño y la llamaré mi bandera. (¿autor?)


Gracias por tus palabras y muchos besos

Olga Bernad dijo...

Black, perdón por el retraso, no he podido -ni querido- abrir el blog estos días. Creo que voy a seguir concentrada unos días más, ay;-)

Es cierto que nos atrincheramos en cuatro seguridades. Si son fundamento o cárcel, cada cual sabrá. Supongo que tienen un poco de todo. Encender unas luces supone apagar otras, parece inevitable. Y fuera hace frío, sí, a veces demasiado.

El canto que me dejas es el único que ha tenido algo de himno para mí, quizá porque está unido a los recuerdos de infancia y porque lo he cantado con los demás. También aquel día que aparece en la grabación y que algunos aún recordamos. Participar en el libro fue dejar constancia de un respeto y de una especie de amor.

Me han recordado tus citas a una canción de Mago de Oz, "por bandera otro amanecer y por conquista comprender", algo así;-)

Un beso, Black, y mil gracias por la lectura.

sergio astorga dijo...

Olga, el desencanto y ruina: trasfondo del vacío.
No sabes que bien suenan tus palabras, dan ganas de ser un hombre libre.

Himno de abrazos.
Sergio Astorga

Olga Bernad dijo...

Que no se nos pasen del todo esas ganas, hay comodidades demasiado tentadoras... y, al final, ni siquiera son tan cómodas;-)
Un abrazo y muchas gracias, Sergio.

Julio Castelló dijo...

¡Chapó! (Así, en castizo.)
Qué extraordinaria compañera de armas.

Olga Bernad dijo...

...compañero del arma, compañero;-)

¡Gracias!