martes, 26 de febrero de 2013

El fuego una vez más

(Y una vieja canción metida en la cabeza).



Cómo no echar de menos el fuego del corazón que enciende y limpia el mundo. Sentada al borde de un montón de certezas, mirando a un horizonte tan plano y tan difícil de defender, cómo hacer para que la frialdad no avance igual que un ejército entrenado.  No es que no sepa amar o perdonar, es que la mayor parte de cada día concreto esas cosas no importan.  No da tiempo.  A pesar de saber dónde está lo esencial, a pesar de saber que la vida es siempre corta (incluso cuando es larga) y tan inexorable como un dios vengativo, hay días que miro hacia dentro y no encuentro piedad.  Y mejor no esperarla tampoco de los otros.  Pensamientos de viejos, diría yo de joven.

Soñé que me acercaba a un hombre alto y rubio, fuerte como un vikingo.  Tenía la mirada nublada por un azul de acero y estaba parado en medio de una calle de Sevilla con la expresión de un animal polar y solitario aturdido en el absurdo centro de una fiesta nocturna. Esa mirada azul que me envolvía me dejaba en los huesos una sensación blanda.  Reza por mí, me dijo.  O se lo dije yo.  Perdidos y conscientes, desconcertados por la soledad y por todo lo que jamás tendrá remedio.  Qué será de nosotros.

Elías Moro recuperó hace poco un poema mío en su blog, dentro de su febrero literario. Gracias por compartirlo. Los poemas y el pan se alegran de ir de boca en boca.  

13 comentarios:

Anónimo dijo...

muy bonito

Olga Bernad dijo...

Gracias, anónimo.

sergio astorga dijo...

Olga: las creencias vigentes tienen un cutis antiguo y el alma se deja llevar a los hombros.
Se enciende el fuego que no ha terminado de quemarse.
Una vez más se abren los ojos y no se nos olvida la tonada.

Abrazos una vez más

Dyhego dijo...

Olga:
Ir a lo esencial es una de esas frases de revistas de yoga y crecimiento personal pero en la realidad, lo esencial queda desplazada por el empuje de lo inmediaato. El que no entienda esto o es un egoista de tomo y lomo no tiene ninguna responsabilidad.
¡Maldita la gana que tengo yo de preparar cenas cuando podría estar leyendo tan a gusto en el sofá peeeeeeeeerooooooooooo...!
Salu2 alegra2 por tu vuelta.

Durrell dijo...

Tan lírica y tan fría. Tan ardiente y tan racional. Tan lúcida tu escritura.

Miguel Cobo dijo...

"Haber llevado el fuego un solo instante
razón nos da de la esperanza."
Dijo Valente.

Con eso basta.

Olga Bernad dijo...

Ay, Sergio, yo creo que sí se nos olvida la tonada, y también que los fuegos se apagan (a veces tan lentamente que no aciertas a verlo hasta que notas el frío). Yo no quisiera convertirme en lo que odio. Esa frialdad ya me molesta bastante fuera, no la quiero adentro. Aunque a veces está.
Cálidos abrazos

Olga Bernad dijo...

Diego, es verdad, no me veo haciendo yoga;-) Lo que no quiere decir que no me haga falta, jejejej. Pero en fin, lo esencial es hacer la cena y que lo inmediato nos empuje sin tumbarnos y sin insensibilizarnos demasiado. Que podamos con ello. Que no pueda con nosotros.
Salu2 y gracias siempre por tu visita.

Olga Bernad dijo...

Siempre igual de generoso, Durrell. Mil gracias.

Olga Bernad dijo...

Qué bien traído, Miguel. Qué maravilla. "Haber llevado el fuego un solo instante..." Me gusta que alguien nombre la esperanza. Y que con eso baste, quizá, para convocarla.

Doña A. dijo...

Un texto precioso.
Ojalá que se encienda de nuevo el fuego en tu corazón.

Olga Bernad dijo...

procuraré encenderlo, guardarlo y alimentarlo. Más madera,-)
Gracias por tu comentario y muy bienvenida por aquí.

Doña A. dijo...

Gracias por la bienvenida Olga. Un beso