martes, 10 de abril de 2012

Silencio mortal

«Quién nos curará del fuego sordo», se preguntaba Julio Cortazar, «del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette» Nadie nos curará del fuego sordo, Julio, ni siquiera ahora que estás muerto hace tiempo, muerto y enterrado en París quizá con aguacero.  «Solo en los sueños, en la poesía, en el juego, nos asomamos, a veces, a lo que fuimos antes de ser esto que vaya a saber si somos».

Dicen que es un asunto del yo.  Pero no. Los juegos y la vida y la poesía buscan a los demás.  O más bien buscan al otro.  Y el silencio entonces es una brisa negra, es como si el otro hubiese muerto o el muerto fueses tú y nada importase. «La verdadera otredad hecha de delicados contactos, de maravillosos ajustes con el mundo, no podía cumplirse desde un solo término, a la mano tendida debía responder otra mano desde el afuera, desde lo otro».   Pero a veces pasa un ángel, o dos, o tres…


Ángel para un final


El sábado 14 de abril, a las 22 horas, en La Campana de los Perdidos (Zaragoza, C/Prudencio, 7)  participo en el ciclo Poesía para perdidos junto a la poeta Silvia Castro Méndez y la música de Tierra Vertical.

Gracias a Mariano Ibeas y a Juan Manuel Macías por su atención hacia mis dragones:-) AQUÍ, AQUÍ Y AQUÍ

20 comentarios:

RETABLO dijo...

Al final, cuando todo se sepa, el misterio será desvelado por el ángel de cada uno.

Durrell dijo...

Maravillosos ajustes con el mundo, con los otros. Quizá el fuego sordo es la soledad. Tus palabras acompañan la mía.

Olga Bernad dijo...

Al final, GdL, quizá haya finales felices y ángeles buenos. No lo sé.

Sara dijo...

Creo que leí Rayuela siendo demasiado joven, aunque es de las lecturas que más me impactaron en aquella época. Llevo ya un tiempo queriendo releerla, así que gracias por esta entrada, Olga, porque me recuerda que la próxima vez que vaya a casa de mi madre tengo que traérmela a Irlanda, junto a mis discos de Silvio... Besos.

Olga Bernad dijo...

Con los otros o con ese otro que cada uno busca y espera, Durrell. Esa pieza que ajusta y completa un poco nuestro puzzle. Afortunadamente, no somos dibujos completos sino complejos. A mí me gusta la soledad, pero creo que la que a mí me gusta no es soledad verdaderamente, pues en ella escribo y pienso en los demás. Y los busco. Y me buscan. A veces el encuentro es posible y a veces no, el silencio entonces es más bien tristeza. Tu lectura también acompaña esa soledad mía que tiene vocación de no serlo.

Olga Bernad dijo...

Yo también la leí muy joven, Sara. Algo de eso conté AQUÍ. Me alegrará pensar que Rayuela viaja a Irlanda movida un poco por esta entrada. Tal vez estos pequeños contactos forman parte de la verdadera otredad, de la que él hablaba. Yo, tú , él;-)

Un beso, irlandesa, y buena (re)lectura.

Mery dijo...

El que haya Angeles por ahí es una idea que siempre me ha seducido. Veremos si es cierto.
En cuanto pueda escucho a Silvio.
Gracias, y buenas noches

Juan Manuel Macías dijo...

Bonito diálogo con Cortázar. Sí, sin los otros, sin el otro, no somos naides. Pero no nuestro recuerdo del otro, o nuestra idea del otro, sino el otro en toda su palmaria presencia, con toda su certidumbre y su extrañeza. La soledad que niega del solitario no es un buen trago, desde luego. Cuánto mejor la soledad sonora, creo.
Besos.

Olga Bernad dijo...

Hay ángeles raros, Mery, yo he visto alguno;-) La canción de Silvio me vino a la memoria cuando pensé en el silencio y en su posible carga de finales... también porque me recuerda a la época de la primera lectura de Rayuela, cuando solía escucharla. Me gusta esa canción.

Buenas noches, Mery morena.

Olga Bernad dijo...

Es verdad, Juan Manuel, el otro es la realidad, no podemos inventárnosla a nuestro antojo ni debemos manipularla. Ni podemos forzarla. Podemos llenarla de "delicados contactos" (o intentarlo). "La verdadera otredad" es un asunto muy serio. La soledad es en parte inevitable y en parte deseable, pero siempre sonora; la negra no, la negra sabe a nada. En mi soledad de ahora, vuestras palabras nocturnas son un poco la mano que responde a la mano tendida. Gracias.
Y besos.

Mery dijo...

¡Rayuela!
Sólo lo leí una vez, hace mil años y me encantó su rareza. Seguramente ahora lo vería con otros ojos y otro espíritu...Cuando me desperece lo releeré.
Buenas noches de nuevo

Olga Bernad dijo...

Todas las citas son de Rayuela, sí. Me alegro de que te apetezca volver a leerla, como a Sara. Será un poco como leerla juntas, una especie de "club de la otredad".
Que sueñes con los angelitos;-)

Ramiro Gairín Muñoz dijo...

olga;
que vaya todo estupendamente el sábado en la Campana (seguro que sí). A día de hoy no puedo acudir, pero nunca se sabe, lo intentaré hasta el final :)
En todo caso, seguro que es una gran velada.
Un abrazo!

Olga Bernad dijo...

Gracias, Ramiro. Ojalá podamos vernos allí. Intentaré disfrutar de la velada y la compañía, aunque todavía me cuesta pasar un cierto mal rato, me cuesta leer en público;-)
Un fuerte abrazo.

Sombras Chinescas dijo...

Siempre llueve en París: sobre el suelo o sobre el alma.

Saludos.

Olga Bernad dijo...

Lo sabía bien César Vallejo:
"Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo".

Saludos, S.C.

Isabel dijo...

Tus palabras se entremezclan con las de Julio y la poesía se expande en este solitario silencio que me envuelve.

Me alegro de volver por aquí, es un placer.

Abrazos.

Olga Bernad dijo...

Bienvenida o bien retornada, si es una vuelta, pero creo que como comentarista es tu primera vez por aquí. Considérate en casa;-)

Elena A. dijo...

Es una verdadera pena que Cortàzar haya muerto en aquel accidente aèreo,sino nos etuvieramos deleitando aùn con sus bellas obras.

Olga Bernad dijo...

Creo que murió de enfermedad, y ahora quizá sería ya un poco difícil, por edad, que estuviese vivo. Pero indudablemente la muerte cercenó una capacidad creadora a la que tal vez le quedaba mucho que ofrecer. Nunca lo sabremos.