miércoles, 26 de enero de 2011

Dulce prostituta melancólica

Lilith (John Collier)
A quién preguntaremos por la página en blanco,
el cielo y el infierno de los nombres
que hemos dejado atrás. Fue la memoria
-mi dulce prostituta melancólica-
la que acunó en sus brazos tu presencia.
Yo te hubiese mirado
con ojos de quien ya no debe nada,
con ojos de quien sabe
que las deudas saldadas tampoco traen la paz.
Y esa memoria,
recuperada a fuerza de perderse,
sabe mentir, mentir, mentir; lo sabe,
sabe que aún espero que me mienta.
No la mueven, violentas, las verdades
que acaban siendo siempre plaza ajena;
ella levanta
un lejano rumor en mi conciencia
con su sonido de ciudad sitiada,
terca, aturdida, insumisa y triste.
Cuando mi corazón quiere arder en su frente,
ella alumbra el error, cierra las puertas.
Apagará la luz cuando me vaya,
en el mismo momento en que otros lleguen.

Hace un año: Rostros anteriores   Hace dos años: Perfección sentimental

45 comentarios:

Mery dijo...

Bravísimo poema y bravísima tu.
Siempre tengo tentación de comentarte algún verso en especial, pero avanzo en la lectura y todos tienen algo que me sorprende, porque como suele ocurrir, mis mejores poemas resulta que los ha escrito "otra".

Un abrazo, mañica

Olga Bernad dijo...

Ay, Mery, cuántas veces siente uno eso, sí. Me gusta ser otra tú por la mistérica mediación del poema, aunque ahora mismo no estoy muy "brava", mi hijo pequeño me ha contagiado un virus y estoy convaleciente. Así desconecto del trabajo y sus cierres contables. Ag. ¡Y esta tarde tendré tiempo de leer a otros sin que se me hagan las mil de la noche!
Gracias por tus palabras, Mery morena.

Alejandro dijo...

No las he contado, pero creo que han sido seis -con esta ya van siete- las veces que me ha interrumpido mi hija desde que empecé a leer el poema.

Completamente descentrado como estoy, solo se me ocurre sugerirte que quizá todos necesitamos de vez en cuando de alguna mentira piadosa, de nuestra propia memoria o de otra ajena.

Espero que te recuperes pronto, y me tranquiliza saber que el contagio vino de tu propio hijo... y no ha sido culpa de lo que leiste el otro día en cierta ventana.

Ocho veces, Olga. Ocho.

Olga Bernad dijo...

Castiguito de dios, por sugerir que a mí ya no me pasa;-)

En cuanto a las mentiras de nuestra memoria o de la ajena, no sé, yo creo que la mía no es precisamente piadosa, lo que ocurre es que la verdad le suena a veces extrañamente falsa.

Mïralo por el lado bueno: tu hija te ayuda a leer despacio y, de alguna manera, descentrado. Es una actitud muy poética...

Durrell dijo...

La memoria como "dulce prostituta melancólica" que alumbra el error cuando el corazón quiere arder, el dudoso error frente a una verdad que es "plaza ajena" y la conciencia "terca, aturdida, insumisa y triste" como una ciudad sitiada.
Magnífico.

Olga Bernad dijo...

Es un juego a tres bandas, sí: conciencia, memoria y verdad. Y los otros, siempre a punto de llegar, siempre marchándose. Todo eso es la compleja realidad, pero el poema habla de un yo que no acaba de encontrar su sitio en ese mapa. Entonces la memoria a veces nos consuela moldeando la verdad. Lo he visto muchas veces y lo he sentido algunas. Y yo no sé si se apiada o se divierte, pero a veces es tan dulce como si le pagásemos por ello.

Gracias, Durrell.

Dyhego dijo...

OLGA:
Me ha gustado mucho ese nuevo nombre que le has puesto a la memoria.
Salu2.

Olga Bernad dijo...

Sí, poniendo nombres soy la leche;-)
Ese me gustaría que fuese mi oficio: ponedora de nombres for ever.
Salu2, mesié.

samsa777 dijo...

Qué poema tan fantástico.




Espero que pronto te recuperes.
Un abrazo,
Francisco

Dyhego dijo...

OLGA:
Perdona si me meto donde no me llaman: ¿No quedaría mejor "dulce puta melancólica"?
Es que propituta suena a políticamente correcto, a telediario, a sentencia judicial...
Si la memoria es "puta" es puta, sin algodones.
Salu2

Olga Bernad dijo...

¡Muchas gracias, Francisco!

Y ya estoy mejor, a mí estos virus de 24h. me duran 12. Una pena, me hubiese gustado quedarme en casa un par de días, estoy al borde del colapso con el trabajo, los exámenes, las correcciones de pruebas y los niños con virus... Pero ayer, mientras incubaba el virus, me puse poética, fíjate;-)

Olga Bernad dijo...

No me rompa usted los endecasílabos, mesié, jejejej. Por muy puta que sea esa pobre memoria, no deja de tener una cierta formalidad. Nada que ver con lo políticamente correcto, sino con el ritmo de mi pensamiento.
Y no crea, ahí habría mucho que hablar, ahora meter tacos en los poemas es de lo más institucional, aunque sea de una institucionalidad que pretende ser rompedora. Ya no escandaliza a nadie y a mí me resulta un poco rancio. Pa qué.

Dyhego dijo...

OLGA:
Permíteme un inciso más. Creo que la palabra "puta" cabe en cualquier poema. Pero ese apelativo no es un taco. Estoy de acuerdo contigo en lo de los tacos.
Salu2 y ya no te doy más la vara.

Olga Bernad dijo...

Es verdad, Diego, cabe en cualquier poema, como cualquier otra palabra. La cuestión es que elegimos por muy diversos motivos y no siempre conscientemente, aunque luego podamos más o menos explicarlo. Aquí no me vino al pensamiento supongo que por una cuestión de ritmo. Si hay algo importante en un poema, es el ritmo.
Luego tengo una cierta prevención ante los excesos de naturalidad en poesía, no puedo evitar que algunos me suenen impostados. No me van. También eso pudo alejarme de la versión "puta", no lo sé.
Puedes hacer todos los incisos que quieras, es un placer hablar con vos, mesié.
Abrazos.

Eduardo González Ascanio dijo...

Estupendo poema, Olga. Es trágico y contenido, hay algo de condena sin remedio en lo que desgranan los versos. Le viene bien esa naturalidad que tan bien empleas.

Un saludo

Olga Bernad dijo...

Que las tragedias íntimas no se nos salgan de madre. Es el pudor de que la tristeza se descontrole. El tono de la naturalidad de cada uno viene de la mano de la autenticidad, el camino que se va buscando para expresarse y que no puede ser el mismo para todos.

Un saludo y muchas gracias.
(Por cierto, ha habido una sorprendente coincidencia de visitas;-)

Mery dijo...

Cuídate mucho y que te mimen mas aún.
La gripe viene muy dura este año, yo arrastro sus secuelas desde hace un mes.
Un besazo y duerme bien

MªTeresa Gómez Puertas dijo...

Creo que nunca se le ha dedicado poema tan bello a la profesión más vieja del mundo.....tienes una capacidad creativa envidiable....OLÉ con OLE y OLE....

Elías dijo...

Espléndido poema, Olga.

Ya me gustaría a mí pillar un virus de estos de vez en cuando.
Si estos son sus efectos, no me vacuno, a ver si la poesía quiere pasarse también por mi casa.

Un beso.

Juanma dijo...

La memoria inamovible a pesar del empuje de las violentas verdades...ufff, qué me ha encantado eso, querida Olga. Qué magnifico poema, todo él, enterito.

Besos.

Olga Bernad dijo...

Ayer me fui a la cama pronto, Mery, al final no aguanté nada. Hoy ya he trabajado, pero estoy hecha polvo. No es la gripe (de momento;-)pero no pierdo la esperanza de que también la cojamos en cadena...
Un besazo, guapa, y cuídate también.

Olga Bernad dijo...

Tere, se agradece un olé, que ya casi no se usa. Y tres, mucho más;-)
Para profesión antigua, la de la memoria, qué bien visto. No hay más que leer algunas...
Abrazos debiluchos.

Olga Bernad dijo...

Elías, no te hacen ninguna falta los virus, y son bastante incómodos, ay. La poesía se pasea por tu casa como si fuese la suya.
Muchas gracias.
Un beso.

Olga Bernad dijo...

Y gracias a ti también, Juanma, me gusta que te lo quedes enterito. Yo siempre espero que nada sobre (ni falte) pero una nunca sabe...
Muaks!

Anabel dijo...

La memoria y el tiempo pasado. Relativos y selectivos los dos. Seguro que un mismo acontecimiento vivido por dos personas produce diferentes recuerdos, diferentes memorias de aquella aparente misma situación. Y digo aparente porque desde el momento en que observamos con nuestros sentidos un hecho lo estamos "almacenando" de manera distinta a la manera en que otra persona puede "almacenar" la misma información. Es el principio de incertidumbre en la vida cotidiana.

Memoria que nos convierte en melancólicos y en, quién sabe, almas que añoran un pasado mejor o algo que pudo suceder y no sucedió. Esta última modalidad, la peor y más peligrosa.

No, no me asomaré al espejo de mi memoria. Prefiero, de momento, asomarme a la ventana de mi futuro.

Besos,

Anabel

veridiana dijo...

¡ Qué bonito !
Me gusta la desnudez de la figura,como si estuviera exenta de todo...
Como dijera Aristóteles;la figura que posibilita la virtud;porque el hombre se constituye de olvido,y de recuerdo;ambos en él se complementan,vengándose el primero si el segundo desaparece.

Cuidate,y no dejes que esos bichitos malignos se instalen en tu casa.

Un beso

Miguel Estrada Pérez-Carasa dijo...

Belleza, belleza... (no soy, ni por asomo, un crítico... pero ya los veía aburrridos de su oficio, tan malo y denostado) Me he quedado in oh, naturalmente, como no podía ser de otra manera para quién lea o haya leido alguna vez un poema de tal belleza.
Eras (ya eres) la esperada, con algo de avatar, la santa -que decían de Isadora.Y claro que siento pudor al decirlo, a ver cómo me toman,sin menoscabo de la calidad y simpatía de los que comentan, pero no me importa; estás en el santuario de mi intimidad, en ese bosque de alentar pagano del que hablaba Cernuda, que había quedado único y triste... no sé, no puedo añadir más entusiasmo.
Un gran abrazo, Olga. Muchas,muchas
gracias.
Ponte buena y a tu justa conveniencia.
Salud.

Alice se perdió dijo...

Pocos tienen el valor de contarle la verdad a su memoria... Dejémosla entonces que nos mienta, para que sea tan bella como la más bella y peligrosa de las prostitutas.

Bellos versos, Olga.

Olga Bernad dijo...

Sí, efectivamente, Anabel, la memoria es tan necesaria que sin ella no seríamos nada, pero no hay que perder de vista que juega con nosotros (o nosotros con ella). Las posibilidades de nuestra sinceridad pasan por reconocer esa verdad y mirar al futuro con una decidida intención de honestidad. Sin embargo, cuando se trata de afectos… es tan dulce recordarlos como si hubiesen sido, tal vez, más ciertos. O igual pedimos demasiado. Cosas que se me ocurren a estas horas.
Y cómo lamento no haber podido ir finalmente a tus historias de sujetadores, parece que todo se nos ponga en contra;-) A ver si en la ventana esa de nuestro futuro vislumbra alguna futura presentación en la que coincidamos…
Besos.

Antonio Azuaga dijo...

A mí, Olga, me parece un gran poema porque es un poema que habla –primorosamente por cierto– de la soledad y sus ayeres. Tiene un principio impresionante, unamuniano diría (al leerte me ha asaltado de pronto el dramatismo de los “yos ex futuros”). Y precisamente de Unamuno, de su Niebla, me ha venido a la memoria, no sé si melancólica, no sé si prostituida, el comentario más adecuado: el alma es un manantial que sólo se revela en lágrimas… En tu caso, bellísimas.

Espero que te hayas recuperado, aunque siento la “desconsiderada y cotidiana laboriosidad” que ello supone.

Un beso admirador, Doña Olga.

Olga Bernad dijo...

Veridiana, me gusta eso de que el olvido puede vengarse del recuerdo si este desaparece. Somos mitad olvido y mitad recuerdo. Ojalá ninguna de las mitades se confunda más de la cuenta.
Ya estoy bien, incluso como. Todas las enfermedades que quitan el hambre se me pasan enseguida. Debe de ser una maldición. Yo creía que estaría a dieta obligada, pero en cuanto vuelve a ser voluntaria, caigo en la tentación. Soy muy dada;-)
Un beso.

Olga Bernad dijo...

Miguel, qué gracia. De santa no tengo nada; de avatar, algo; de esperada, lo que otros quieran. No te preocupes por cómo te tomen los demás, que aquí cada cual dice la suya;-)
En cuanto a mi estado de salud, me remito a lo que le he contado a Veridiana, ag.
Muchas gracias por interesarte y por esperar y por disfrutar con lo que se ofrece.
Salud, siempre.

Olga Bernad dijo...

Alice, tú estas de parte de Johnny Guitar, me temo. Y yo también, muchas veces. Ese “miénteme, dime que me quieres”, es el colmo del amor aunque parezca –otra vez- mentira.
Gracias.

Olga Bernad dijo...

Querido Antonio, te me has colado mientras contestaba los comentarios de la tarde!
Odio que la conversación se desordene, todo se vuelve un poco loco;-) Quizá eso no le vaya mal a este poema, que intenta ordenar en versos lo imposible: la verdad de nuestras mentiras, la dulzura y la tristeza de lo que es y no ha sido. O fue de otra manera. Quizá el alma sólo se revela en lágrimas, quizá todos somos personajes de una “nivela” unamuniana de la que también somos el autor perplejo ante esos personajes que piden pan y agua, vida propia, como nuestros deseos. Lo cierto es que todos andamos entre nieblas.
He vuelto a la desconsiderada y cotidiana laboriosidad. A mí en el fondo los horarios me vienen muy bien, como la contabilidad; de lo contrario, me perdería fácilmente.

Gracias por esas palabras, Antonio. Me hacen el mismo efecto que el calor en las manos, a mí, que siempre las llevo frías;-)
Un beso.

Lola Torres Bañuls dijo...

Me parece un poema genial. Me gusta mucho este poema. Enhorabuena y gracias por publicarlo aqui.
Lo voy a volver a leer.

Saludos.

Olga Bernad dijo...

Pues muchas gracias, Lola. Que quieras volver a leerlo es lo mejor. Me gusta mucho publicar poemas aquí, es más inmediato, muy especial. Nunca he sabido lo que iba a pasar con los poemas dejados por aquí, aunque me alegro de que, al final, muchos hayan acabado recogidos en libros. Son dos experiencias distintas y no excluyentes, ambas tienen su valor.
Un abrazo.

Juan Manuel Macías dijo...

La memoria como una cortesana a la que nos dejamos de grado, y a su pequeño teatro de placeres y mentiras. Qué bella y triste imagen sostenida. Y esa luz, justa, que se apaga al final. Y versos como éstos (por ejemplo): "un lejano rumor en mi conciencia/con su sonido de ciudad sitiada,/terca, aturdida, insumisa y triste". Qué gran poema. Y, encima, se me crece leyéndolo en esta mañana aturdida de nieve nueva. Mi enhorabuena.
Cuídate de esos virus canallas o lo que sean y mejórate pronto. Ya sabes: calditos e infusiones :-)
Besos

Olga Bernad dijo...

Qué hermosas palabras, Juan Manuel. Y qué bueno recibirlas en esta mañana fría de San Valero. El poema crece... con tu lectura.
Los virus ya están olvidados y más que a los calditos o a los dulces vapores de la memoria, hoy nos vamos a dar al roscón, que también es dulce (aunque más prosaico). Un trozo virtual de mando a la nevada Cercedilla.

Besos.

Por cierto: ¿tú esquías?

Olga Bernad dijo...

No lo entiendo, el propio Johnny Guitar "in person" me ha dejado un comentario. Lo he aceptado y se ha perdido.
No importa: Johnny, todos los que hayamos visto la peli, te querremos para siempre;-)
Y hablando de películas, no está mal pensar en la memoria. Y viceversa.

Miguel Baquero dijo...

Se le pueden decir muchas cosas a la memoria, pero creo que tú has dado en el clavo. Es dulce, pese a todo, gusta de ponerse triste a ratos, y siempre nos pide un precio por traernos un recuerdo.

Blackbird dijo...

Yo muchas veces creo (igual me engaño) que la memoria no es la que se prostituye, sino que somos nos-otros o los otros, o todos.

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos (Neruda)
Y yo golpeo la pared y me niego a aceptarlo: ¿acaso no soñaste los mismos sueños y te embarcaste en los mismos barcos?

No, como con el cruel Ministerio de la Verdad de Orwell, lo que pasó ya está reescrito.
¡Perdón! Quise decir que nunca ocurrió de otro modo.

Olga Bernad dijo...

Muchas gracias, Miguel. La verdad es que creo que rebobinamos insistente (y creativamente) todo aquello que queremos contarnos una y otra vez, mientras que intentamos olvidar lo que nos duele, que tal vez sería lo único capaz de enseñarnos cosas. ¿Pero quién quiere ser el muerto más listo y más consciente del cementerio? (A alguno conozco que va por buen camino, pero hace tiempo que no es mi meta en la vida;-)

Olga Bernad dijo...

Tal vez tú no te engañes, Black. Y tienes razón, tal vez sea más fácil decirle a la memoria, como si fuese un personaje independiente, lo que tendríamos que decirnos a nosotros mismos. Pero. A ver. Pero yo creo que el que paga no se prostituye, sólo se envilece. Nada más. Yo a los ministros de la verdad les tengo muchísima manía. Son todos unos mentirosos. En cuanto a cómo ocurrieron las cosas, al menos no me engaño con el espejismo de la fiel memoria.
Algo es algo;-)

Sex Shop dijo...

Muy buenoooooo!!!!!!

Olga Bernad dijo...

Gracias. Bienvenido.