martes, 8 de diciembre de 2009

Finales felices (I)



A José Manuel Benítez Ariza, quien rescató la primera frase de un comentario que le dejé hace tiempo.

Las ciudades, vistas desde el mar, lanzan más adioses que bienvenidas. Quizá por eso la botella seguía navegando inútilmente, porque llegar no era necesario. Cruzaba el mar sin esperar a nadie, pues su mensaje se perdió hace tiempo, se soltó de su vientre en una ola.

Vacía como una hembra estéril, navegaba brillando sobre mares de nada, navegaba sin nada, flotaba en el infierno. En sus sueños rozaba las manos de la vida, una angustia parecida al deseo: acantilados tradicionales y tajantes contra los que romperse.

Olga Bernad
____________________________________________________________________
Hace un año: Manuel
____________________________________________________________________

54 comentarios:

Máster en Nubes dijo...

¿Finales felices, dices? Ay, Olga, me ha dejado triste, desangelada. Esa botella ya sin mensaje y a punto de estrellarse sin palabras dentro siquiera, ay, de verdad, qué penita da. Un abrazo, guapa

Olga B. dijo...

Ah, paradojas. La felicidad es una cosa frágil, como el cristal, no es luminoso todo lo que reluce, Aurora, y la botella se cansó de reflejar la luna y brillar sobre mares de nada. Romperse es acabar y, si lo quieres, es un final feliz.
Abrazos.

Dyhego dijo...

Esa botella demuestra, siempre, que lo último que se pierde es la esperanza.
Salu2

Gemma dijo...

Si la botella devolvió, echó o perdió su mensaje, ¿a qué seguir navegando sin destino, sin un destinatario al que arribar? Una vez más, se me ocurre que el sentido se encuentra en tu texto.

¡Rescatemos la botella entonces!
;-P
Besos
PS: Así que también pintas...

Olga B. dijo...

Pues es verdad, Dyhego: siempre esperamos algo. Aunque sea acabar.
Saludos.

Olga B. dijo...

Tal vez otro final feliz fuese ser rescatada y volver a ser cuna de un mensaje, pero a ella le parece imposible. Parece más fácil llegar a los acantilados que a las manos de alguien con mensaje que enviar. Quizá porque "las ciudades, vistas desde el mar, lanzan más adioses que bievenidas".
Besazo a Berlín, Gema.

Sí, pinto sobre todo las paredes de mi casa, pero también hago muchos dibujos;-)

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Me alegro una enormidad, y tú lo sabes.

Oye, morena, no sabía que hacías esas maravillas...

Olga B. dijo...

Pero hombre, si te lo cuento todo, sabrías tanto como yo;-)))
Buena vuelta al ruedo después del largo puente, gaditano.

Angós dijo...

Qué bonito.
También es triste, como dice Aurora. Es muchas cosas. Y pocas líneas.

Olga B. dijo...

Gracias, Angós.
Siempre espero que sean las suficientes, es difícil saber cuántas cosas y líneas son las exactas. Pero yo las busco, lo intento, lo intento...

Miguel dijo...

Qué bonito, Olga. Para mí, es una metáfora de la escritura en los acantilados tradicionales, tantas veces expresados y con aristas tan reconocibles.Pero tu texto es hermosísimos, bien cumplido con lo que te propusiste. En ti, se dan las condiciones requeridas para el gran arte, ya que eres una buenísima poeta y una escritora excelente. Enhorabuena.

Olga B. dijo...

Muchas gracias, Miguel. ¡Qué lectura! Puede ser, yo nunca sé muy bien hasta dónde me llevan las palabras ni las olas, supongo que navegamos entre muchas corrientes, que no es poco;-)
Pero, si hay que romperse, que sea contra algo más fuerte que nosotros.
Me sorprende saberte aún más noctámbulo que yo y mis amigos. Es muy agradable levantarse con tu comentario.
Bueno, otra vez a la rueda, ay.
Menos mal que la semana es corta...

José Miguel Ridao dijo...

Iba a comentarte el poema, pero al leer los comentarios he caído en que el cuadro es tuyo. ¡Qué envidia, hija! Yo no soy capaz de dibujar un monigote. Y en el texto "pintas" la imagen de la botella pero añades melancolía y una cierta desesperanza. Lo veo muy logrado, y la conjunción con la ilustración tiene mucho mérito.

Un beso.

Olga B. dijo...

Yo dibujo hasta inconscientemente, todos mis papeles están "adornados". Tengo una especie de horror vacui;-)
La botella está triste, ¿qué tendrá la botella? Tiene lo que no tiene: nada que decir.
Un beso y mil gracias por esa mirada tan generosa, mesié.

Anabel dijo...

Es un final, pero muy triste, al menos en una primera lectura.

En una segunda, te das cuenta que romperse es una forma de liberación, un alivio.

Todo tiene un principio y un fin; hay que saber aceptar el final.

Creo que tu texto va más allá de la mera belleza formal.

Besos,

Anabel, la Cuentista

Olga B. dijo...

Uno nunca sabe, todos los textos deberían ir más allá de algo: deberían ir a donde quieren. La botella no sabe a dónde va, pobre, navegando para siempre y para nada...
Es más triste la situación sostenida que el final. Pero nuestros sentimientos están siempre en contra de los finales. Porque no sabemos que hay después, porque tenemos miedo a que el final sea final.
Yo también, claro.
Un beso, Anabel.

Araceli Esteves dijo...

Es verdad que a veces la angustia y el deseo confluyen en los acantilados.Y uno solo tiene ganas de estrellarse.
Menos mal que luego se pasa.
Un beso

Juan Manuel Macías dijo...

Una entrada que merece un comentario binario. Procedamos como en la selectividad aquella.

Opción a)

El dibujo me ha transmitido una curiosa sensación mezcla de bienestar y añoranza. Creo que podría servir de maravilla como portada de un lp de King Crimson de la era Peter Sinfield. Aquel que nunca sacaron después del Islands. Las letras se las podríamos hacer nosotros :-) Yo siempre cateaba en dibujo y pintura. Tenía una profesora argentina, "Sesilia", que aún está entre mis pesadillas más logradas: "Más parejo, Masías, más parejo". Y yo dándole a las puñeteras ceras hasta el esguince de codo. Mi infancia son recuerdos de un fondo sin terminar, desparejo...

Opción b)

El texto, qué decirte a estas alturas, es una joya. En la mejor tradición de esos textos cortos que empecé a leerte por aquí, llámalos poemas en prosa, microrelatos o como quieras. El elemento narrativo, sugerido con qué suavidad, convierte la anécdota en un símbolo. Deja un eco, un rumor de difícil límite. Condensado y a la vez infinito. Brillante: una Odisea que cabe en una botella, como un barco de juguete. Enhorabuena.

Besos, Olga.

Olga B. dijo...

Suele ser así en la vida (afortunadamente) pero no en el texto, Araceli; la "verdad" del texto es que a la botella no se le pasa, no se le va a pasar. ¿Hubiera podido escribirlo con una persona como objeto? Con un naúfrago. No lo sé, no es el cuento. Ella tiene una angustia parecida al deseo. Y en ese deseo acaricia, paradójicamente, las manos de la vida.
Tu mirada es humana y real; la suya es invención. "Se puede elegir la tura, la invención...", etc. Aunque yo casi lo pondría en interrogantes.
Un beso.

Olga B. dijo...

Oh, Juan Manuel, esa “Sesilia”, cómo pudo ser tan cruel con tus fondos interminables. Si es que la vida académica nos hace mucho daño a veces… Seguro que yo le hubiera dibujado precipicios sin fondo, y la hubiera condenado a perderse en el negro pringoso de la cera más oscura.
Este mar dibujado necesitaba una isla en su horizonte, una de aquellas perezosas y lejanas sobre las que descansar. (“Y llévame a la arena en que dormías”, me viene a la memoria). Sería otro final feliz, sin paradojas y con saxo, todo parejo. King Crimson for ever;-)

Y el texto, ah, la botella hubiera sido feliz llevando dentro un trocito de la Odisea traducida por vos, seguro; un tren eléctrico perdido en su circuito ciego, un barquito chiquitito, un pato azul eléctrico, cosas así. El cielo de las botellas mensajeras.
Será otro cuento, para otra vez;-)

Besos y gracias por tu precioso comentario.

Alejandro dijo...

Prefiero que no se rompa, Olga. Quizá sólo ella conozca el contenido del mensaje que se ahogó al escapar de su vientre.

Por cierto... ¿de qué siglo es tu pintura?

Olga B. dijo...

Es una buena razón, Alejandro: literaria y bella. Pero, ya sabes:la literatura, otra tura; la belleza, tura de turas... Y la pintura, je, ésa es de ayer;-)

ana dijo...

"... acantilados tradicionales y tajantes contra los que romperse."

Romperse y reconstruirse. Necesidad de hacerlo para no habitar en el absurdo. Para no ser huella yerma.

Nos rompemos. Eso es vivir. Encontrar el final completo de ese "quien" que aún está por completar. Abismo tras abismo.

Un abrazo Olga.
Saludos.

Maria Luisa dijo...

Querida Olga-
Que simbología la de la botella lanzada al mar tantas veces descrita.

El final me parece triste, la botella rota y el mensaje pérdido...

Un beso especial.

Olga B. dijo...

Sí, Ana, a veces nos rompemos para reconstruirnos... y otras no.
Yo una vez me rompí y no me gustó.
Si no quieres reconstrucciones, buscas acantilados tajantes.
Pero el absurdo permanente es lo peor; el absurdo consolándose con más absurdos, lo último.
Pero es curioso cómo casi todos le buscáis otro final, un final más feliz que su feliz final. Y es la clave del texto.
Creo que tiene que ver con una especie de bondad, Ana diminuta;-)
Un abrazo.

Olga B. dijo...

María Luisa, no leas cosas tristes... no te mereces tú eso;-)
Es un símbolo bonito, y una imagen preciosa: agua y cristal y palabras perdidas.
Por si acaso, mandas un beso especial, por si esa tristeza es mía.
A estas horas de la noche, me produces una ternura enorme.
Gracias, Reina.

MªTeresa Gómez Puertas dijo...

Yo pienso que hay algunos mensajes que es mejor que se pierdan estrellándose contra los acantilados, que es lo que(me parece a mi) quieres transmitir....
Me encanta el texto y el dibujo que es un poco Lorquiano.

Besos.

Olga B. dijo...

Bueno, hay mensajes que no merecen vivir, eso es cierto. Quién sabe lo que ella llevaba dentro. Se perdió, el mar lo borró, es lo único que sabemos.
A ti te voy a hacer un retrato lorquiano, con onda en el pelo y moño bajo, guapa;-)
Un beso.

veridiana dijo...

Afortunadamente ya no tiramos botellas para enviar mensajes.A pesar de la proximidad del sms podemos tener la misma soledad.

¡Qué bonito tu dibujo! parece oriental.

Un beso

Olga B. dijo...

Los mensajes en botellas han obedecido siempre a circunstancias desesperadas, o a caprichos algo melancólicos. Me pregunto ahora quién lanzaría esa botella al mar...
¿Oriental?. ¿Tú crees?
A mí me gusta tu mirada sobre ese mar inventado.
¡Gracias!

Blackbird dijo...

Me he quedado enganchado con tu dibujo, me encanta, (es que me va lo gráfico. Es una explosión de colores y tirando a pop-art. Así que contemplándolo se me ha ido el santo al cielo ¡que lo que quieres que veamos es el poema!

Nos planteas una botella suicida porque su vida está… vacía.
No la estrelles todavía, yo también le daría otra oportunidad para que encuentre sola o gracias a alguien eso que le falta y así darle sentido a su viaje.

Pero nos dejas en tensión poética con eso de “Finales Felices ( I )”
Besicos Olga.

PD Si yo fuera una botella y navegara en el mar de tu dibujo no podría estar triste, y si no lo crees ya te pasare el cuento del Pingüino Marcelino que he leído esta noche a mi hija.

Olga B. dijo...

Black, yo quiero que veas todo lo que pongo;-) Todos los dibujos me acaban explotando de colores, empiezo sobria y acabo rellenándolo todo. Y todo parejo, como quería "Sesilia" la argentina, jeje (pobre "Masías").

Sois incorregibles, me vais a convencer de que la deje seguir sufriendo... Como decía León Felipe, nos han dormido con todos los cuentos, y esperamos que el final feliz sea el de los cuentos. Está bien: que encuentre, sola o en compañía de otros, igual que se cometen los crímenes, el sentido de su vida y todas esas cosas. No tengo nada en contra.

Gracias por lo que dices del dibujo (lorquiano- oriental- pop art llevo ya oído:-). Quería un mar infernal y me ha salido infantil, es que es tan bonito que no hay manera de que me salga feo;-))))

Y pásame al Pingüino Marcelino, sí.

Besicos de buenas noches.

Antonio Azuaga dijo...

No sé a qué rara costumbre obedece este afán, tan humanamente nuestro, de juzgar, enjuiciar e incluso condenar el hombre al hombre (va dicho como “especie”, naturalmente). Debe de ser por aquello del dichoso “Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal”. Así que, no juzgaré la historia, sino su sugerencia, ese tintineo de inquietud que siempre queda en el alma de los náufragos, que, por otra parte, es un estado bastante habitual en la navegación del ser humano... ¿O acaso no nos pasamos la vida arrojando palabras al silencio que nos toca?

Brillante –¡como siempre!– texto y sorprendente hallazgo de tu mágico pincel... ¡También en esto, Olga!

Un beso.

Olga B. dijo...

Debe ser la inquietud, que se me sale por la punta de los dedos ("mil tormentas perfectas que guardaba...", etc;-) y algo tengo que hacer: palabras o garabatos.
Te agradezco mucho que no juzgues la historia ni a mí. No lo hiciste nunca.
¿Recuerdas que una vez te dije que tu amabilidad era más sorprendente que los sucesos paranormales? La gente se aficiona a esas cosas porque no ve la pulpa del silencio que otros están a punto, a lo mejor, de tirar a la basura;-)
Eso salva de naufragios varios: reconocerte un poco en otros ojos, y que esos ojos te mantengan la mirada.
Gracias, Antonio.
Un beso.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

"navegaba brillando sobre mares de nada, / navegaba sin nada, flotaba en el infierno. / En sus sueños rozaba las manos de la vida...". Es pura poesía, ritmo incluido. Gracias por las dedicatoria. Y bonito dibujo.

Olga B. dijo...

Esos alejandrinos, siempre colándose;-) Tendría que luchar mucho contra mí misma para que no apareciesen. Y eso que, a veces, rompo endecasílabos y todo, pero otras los dejo, pobrecillos; qué más da, si pienso así.
Si lo publicaba, era tuyo. Te lo debía: salvaste la frase y te hiciste, con ello, "culpable" del resto.
Gracias a ti por la benevolente lectura.
Buen fin de semana.

Iseo dijo...

Eres una caja de sorpresas! Luego me cuentas lo de tu nueva faceta de pintora (el cuadro me encanta). En cuanto al texto, como ha dicho uno de tus comentaristas "pura poesía". Un poco triste, la verdad. No veo el final feliz por ningún sitio. Esperaremos al Finales Felices II. Besicos

Olga B. dijo...

Es tan poco nueva como la de escritora, pero sólo es un entretenimiento. Un poco irónico lo del final feliz, tal vez. Pero no.
Me encanta los finales felices, aunque es muy difícil imaginarlos... Sí, esperaremos a la segunda parte de la parte contratante;-)
Besos, Iseo, y buen lunes.

ONDA dijo...

>Pues me gusta el relato y también la ilustración, por ambas cosas y tan bien ensambladas mi enhorabuena hoy con nieve sobre Madrid, que intenta anticipar la ilusión Navideña, aunque en ocasiones no sea ni tanta ilusión ni tan navideña.
Un beso desde el seco Madrid, Sevilla al menos tiene el Guadalquivir que mira a Sanlúcar...

Olga B. dijo...

Muchas gracias, Ignacio, me alegro muchísimo de que te gusten. Ese Madrid nevado anticipa la Navidad, es verdad. Aquí no nieva, pero el cierzo, aún no muy fuerte, comienza a cortar como un cuchillo. Acaba de empezar el frío y ya nos ha destrozado a todos las manos;-)
Qué lejos queda el sur...
Un beso.

lolo dijo...

LLegar no era necesario...pero en sueños rozaba las manos de la vida.
Si lo leo así, me quedo más tranquila. Autorelato. Me dejas, ¿verdad, Olga?
Te mando un abrazo para que se te pase el frío.

Olga B. dijo...

Pues si así te quedas más tranquila, te dejo, claro;-)
Además, yo soy dueña de lo que escribo, pero no de las lecturas que puedan hacer los demás, volcando sus propios sentimientos, experiencias y hasta deseos.
Ese extraño rozar las manos de la vida es, en el texto, poco tranquilizador; pero tú lo tocas con mucha suavidad;-)
Muchas gracias, Lolo.
Otro abrazo.

gbp dijo...

Cariño, es todo un alivio que esta botellita amarilla, finalmente, encuentre su acantilado; nos llevaba diciendo adios desde el principio.

Qué maravilla de dibujo también, Olga. A que se hace tan famoso como "La Ola" de Katsushika Hokusai.

Mil besitos; espero que te llegen).

Isabel Romana dijo...

Un texto luminoso, querida amiga. Me pregunto si alguna vez llegaremos a decir: una mujer vacía, estéril como una botella sin vino... Besos, querida amiga.

sergio astorga dijo...

Olga, viajar como hembra estéril en un mar de nada es el final feliz de todo inicio, buena paradoja para navegarse.

Abrazo cristalino.
Sergio Astorga

Olga B. dijo...

Un alivio, una lástima... un final.
En el principio (era el verbo) y , en el principio, llevaba su mensaje. Pero, tristemente, lo perdió.

Como la ola de Katsushika, tendrá que romperse.

Kisses, sister.
¡Qué ganas tengo de que estés aquí!

Olga B. dijo...

Conseguir una luz, la suya, es bueno para un texto. Gracias por verla.
En cuanto a lo de la botella... dependerá de la necesidad que sintamos por el vino, sólo de eso, y podría decirse. ¿Recuerdas Yerma de Lorca? Yerma como la tierra sin sembrar.
Un beso, Isabel.

Olga B. dijo...

Parodójico final feliz para quien está condenado a vivir sin lo que quiere, Sergio.
Un abrazo a través del mar (que nos separa;-)

Julio Castelló dijo...

¿Vaivenes de sensaciones tras el parto? Impresionante la botella "Vacía como una hembra estéril"...

Olga B. dijo...

Bien pudiera ser, pero el texto es reciente y Adrián ya tiene cinco años. Yo no necesito lío hormonal para enloquecer a ratos;-)... Y la botella, la botella está definitivamente triste.

Mery dijo...

¿También dibujas tan bien?
Niña, eres una gloria nacional.

Un abrazo y que la botella no termine contra la roca, porque la tristeza va y viene y nos deja momentos bellos entre medias.

Olga B. dijo...

Bien no lo sé, pero dibujo mucho, en todas partes. Y más bien pinto, de muchos colores, muchísimos. Empiezo sobria y acabo haciendo corto con el arcoiris;-)))
Ay, la botella no tiene lo que quiere, no tiene su mensaje, lo ha perdido. Hay botellas así de radicales. No hay felicidad sin su mensaje.
Abrazos.

azpeitia dijo...

Muy bellas imágenes plasmadas en tu prosa poética...yo he visto desde el mar mi ciudad y su entorno y apenas la reconocía...era una perspectiva distinta....un beso de azpeitia

Olga B. dijo...

Es verdad, las ciudades vistas desde el mar son más enigma.
Me alegro mucho de que te guste, Azpeitia.
Un beso.