lunes, 25 de marzo de 2013

No es país para viejos

(La fotografía es de Fernando González Seral)
El jueves pasado, después de una enfermedad que duró varios meses, murió Antonio, mi suegro.  Un agricultor que mañana hubiera cumplido ochenta y cinco años.  Su tiempo y su paisaje estuvieron llenos de campo y trabajo hasta el final.  Ninguna queja.  La fortaleza amable de un extraño vikingo nacido en el secano, surcando toda la vida mares de cereal bajo cielos pesados como plomo, contundentes, impasibles. Pero él tenía la ternura recia y sin aspavientos de los fuertes, el aguante de los hombres buenos y ni la enfermedad consiguió arrebatarle lo que era.  No sabría escribir nada que se pareciese a lo que siento, no sé si es bueno intentarlo. 

Es doloroso pensar en la última etapa, el periplo de hospitales, altas, nuevos ingresos, nuevas y rápidas altas, como si el sistema no quisiera gastar un euro de más en una persona anciana que no tenía ya esperanza de recuperación, como si con su trabajo desde los ocho años no se hubiese ganado sobradamente su primer ingreso en la Seguridad Social, como si él tuviese la culpa de que su cuerpo no pudiese más. La sensación de angustia cuando, aun reconociendo su dependencia total, cualquier ayuda (si llegaba) iba a tardar meses o años.  Primero te arruinas; luego, ya veremos. O no veremos: lo normal es que, en la espera, te mueras. La sensación de no saber qué hacer.  No es país para viejos y no tengo muy claro que tampoco lo sea para jóvenes. He sentido asco y tristeza por todos nosotros.

A pesar de todo, el personal que le atendió fue siempre amable con él, era imposible no cogerle cariño a un hombre que, con el último aliento, aún tenía ganas de agradecer lo que se hacía por él, de mandar besos a las enfermeras y de ser razonablemente feliz incluso en esa situación.  Por fortuna, su nivel de comprensión se fue ofuscando, la terca realidad no lo atrapó del todo y nunca fue plenamente consciente de su extrema gravedad.  Olvidaba las continuas y terribles humillaciones a las que nuestro cuerpo nos somete cuando no nos responde. Volvía a sonreír. La lluvia le hacía pensar en los trigales. Le hubiera encantado ver, una vez más, un campo de trigo en primavera. No siempre tengo claro si Dios existe o no, pero hoy se me partiría el corazón si no existiese.  ¿A dónde irán, entonces, todos los hombres buenos?

Hoy he encontrado esta fotografía.  Feliz en su tractor en medio del secano.
Descanse en paz.
          

46 comentarios:

Ernesto Frattarola dijo...

Olga, los hombres buenos andan por ahí, seguro, cerca de nosotros: como mi padre, desde agosto de 2007; como tu suegro; como tantos otros... Nuestra fortuna es haber convivido con ellos, y haber aprendido lecciones que no se olvidan. Te mando un abrazo fuerte y otro para tu marido

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Lo lamento mucho Olga. Un abrazo para Antonio y otro para ti. No dudes que estará en un sitio extraordinario, mucho mejor que este. Un abrazo a ambos.

Durrell dijo...

Es bueno intentarlo. Todo lo que sientes: el asco, la tristeza, el amor, las dudas... todo es pura vida. Y tus palabras la traen. Son un campo de trigo.
Mis condolencias y una vez más mi admiración.

Dyhego dijo...

Olga:
Emotivo texto de despedida.
Mis condolencias.
Un fuerte saludo.
Diego.

fernando gonzalez seral dijo...

...lo siento mucho Olga, un abrazo para ti y para Antonio.

David García Goñi dijo...

Precioso, Olga, las lágrimas seguro que llegarán al trigo en las próximas lluvias.

entrenomadas dijo...

Seguro que desde algún lugar lee tu texto y vuelve a sonreír. Lo siento, Olga. UN beso para los dos.

Marta

Ada Red dijo...

Emocionan tus palabras. Emocionan los hombres buenos. Y las mujeres.

Un abrazo grande.

Isabel dijo...

Me alegra mucho leerte de nuevo, Olga, comparto este sentimiento contigo, que tan bien y sentido expresas, te comprendo muy bien.

Esto se cae a pasos agigantados y lo más grave es lo que no cuentan, todo estaba programado, lo prefieren antes de que caiga el sistema.

A mí me gustaría en estos días, que quien crea, pida que haya infierno y castigo para los malvados, que siempre pagan los justos.

Un fuerte abrazo.

Araceli Esteves dijo...

Uf, Olga, me has hecho recordar la muerte de mi madre. Tenemos el consuelo de pensar que nuestros hijos llevan la sangre de esos seres especiales y llenos de luz que hemos tenido la suerte de conocer. Un abrazo, cálido, cálido.

Angós dijo...

Gracias.

MªTeresa Gómez Puertas dijo...

Lo siento en el alma Olga.....no sabia nada...un besico muy fuerte para ti y Antonio....Seguro que esta en el sitio de los justos este donde este ese sitio.

Olga Bernad dijo...

Muchas gracias, Ernesto. Es verdad que nuestra fortuna es haber convivido con ellos. Forman parte de nuestra vida y, por eso, se nos va algo irrecuperable. Pero lo vivido y lo aprendido se quedará siempre con nosotros. Un abrazo.

Olga Bernad dijo...

Javier, Antonio te manda también un fuerte abrazo de vuelta.
Tiene que ser verdad, tiene que haber algo más que un simple final "después de tanto todo para nada".
Un beso y mil gracias.

Olga Bernad dijo...

Durrell, ese asco (no sabes qué cierto y qué espeso has sido a veces) y todo el dolor se suavizarán poco a poco. Su buen recuerdo podrá con todo eso y la tristeza se irá haciendo más dulce. Tuvo una buena vida, una vida larga, y gente que le quiso hasta el final.
Gracias siempre por tus palabras.

Olga Bernad dijo...

Gracias, mesié. Es bueno sentirse un poco acompañado en este desconcierto. Tiene uno la sensación de que escribir no sirve de nada, pero también de que es lo ùltimo que puede ofrecer.
Salu2.

Antonio Azuaga dijo...

Lo siento mucho, Olga. Y tienes razón: este país ‘no es país para viejos’ ni ‘para jóvenes’ ni, probablemente, para nadie. En realidad, este país ya casi no es ni país.

Un beso, Olga, y un fuerte abrazo para Angós.

Olga Bernad dijo...

Fernando, cuando él veía la lluvia desde la ventana del hospital y preguntaba por el campo yo me ponía muy triste pensando que nunca más iba a volver allí. Pensaba que, para él, esos campos de trigo en primavera eran lo más parecido a la imagen del cielo. En seguida pensé en tus fotografías. Es el único momento en que el secano muestra una cara amable, tan viva. Pronto estarán así, como a él más le gustaban.
Un beso.

Olga Bernad dijo...

Muchas gracias, David. Tenía dudas a la hora de escribir sobre esto, pero no hacerlo también hubiera sido traicionarme un poco. No sé si las lágrimas sirven para algo, pero sé que hay un tiempo para llorar. Y estoy en ello.

Olga Bernad dijo...

Marta, nunca dejó de sonreír. No se me olvidará su media sonrisa de los últimos tiempos, cuando solo medio cuerpo le obedecía, pero tampoco su sonrisa plena, la de siempre. Ojalá quede algún sitio desde el que sonreír. Ahora mismo, no tengo claro nada.
Kisses.

Olga Bernad dijo...

Ada, agradezco mucho que compartas conmigo esa emoción, ojalá a él le llegue de alguna manera.
Un abrazo.

Olga Bernad dijo...

Esa sensación he tenido, Isabel, la de que esto se cae a pasos agigantados y la de que en el fondo somos culpables por permitirlo. Nada que ver con la situación de hace apenas cinco años cuando murieron mis abuelos. Cuando encima te hablan de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, yo miro a mi alrededor, miro a mi familia, y me pregunto de quién coño están hablando. Toda la vida trabajando. Su primer ingreso en la Seguridad Social y parece que sobraba en todas partes. Tres hospitales distintos visitamos, y hubo altas de 24 horas. En fin, es que no me quiero hacer más hincapié en esto ahora mismo. Pero da todo pena y asco, sí. De todas formas, quien crea, que siga pidiendo por los hombres buenos y se olvide de los malos. Hace mucha falta.
Un fuerte abrazo.

Olga Bernad dijo...

Araceli, es verdad. Yo miro a mi marido y a mis hijos y veo en ellos parte de él, esa fuerza, esa nobleza. Nadie ha heredado su mirada azul, pero si su gesto, su amabilidad, su aire. Algo de eso seguirá aquí a través de ellos.
Un beso y muchas gracias.

Doña A. dijo...

Lo siento Olga, en estos momentos solo nos inunda el dolor y la pena. Se lleva un pedazo de ti, pero te queda un gran pedazo de si mismo.
Los hombres buenos no se van nunca, se quedan con nosotros en nuestra memoria y en la mirada de nuestros hijos. Yo así lo creo, en otra cosa no me es posible.
Un beso grande

Anónimo dijo...

Me corren las lágrimas, Olga. Precioso homenaje, tal como merecía tu suegro.
Un beso enorme para los dos.
Meli

Olga Bernad dijo...

Angós, no sabía cómo hacerlo, pero quería hacerlo. Ahora me alegro.

Olga Bernad dijo...

Ay, Tere, qué meses más duros. Tiene que haber un lugar para los justos, donde quiera que sea, sí.
Un beso, compa, y mucho ánimo con tus cosas.

Olga Bernad dijo...

Querido Antonio. Le transmito tus palabras a Angós, que te manda un abrazo. Y sí, no es país para viejos ni para jóvenes. Y cuando piden más esfuerzo y más decencia, que se apliquen el cuento. Yo he visto todo eso toda mi vida alrededor... y ahora esas personas no pueden ni ponerse enfermas, casi no puede uno ni morirse.Porque una enfermedad de unos meses y un simple entierro puede ser la ruina de muchas economías precarias, te lo aseguro. Creo que inventaran pronto algo para que nos volatilicemos espiritualmente por nuestro bien (o nos volatilizarán directamente).
Un beso, maestro, y gracias siempre por la compañía y las palabras.

Olga Bernad dijo...

Muchas gracias, doña A., por esa creencia que aún guardas y compartes. Mantén la fe. Siempre tiene que quedar alguien que la sostenga por otros.
Un beso.

Olga Bernad dijo...

Meli, no quiero hacer llorar, esa era una de las cosas que más me tiraba para atrás a la hora de escribir algo, porque ¿cómo hacerlo y no decir lo que quieres decir? ¿Y cómo decirlo sin que la tristeza se te salga por las orejas? Al final lo que me queda es que esa emoción tal vez le llegue. No puedo hacer nada más.
Mañana empiezo otra vez la vida "normal". Y es una alegría y un consuelo saber que estaréis ahí, otra vez en el trabajo, que era algo sagrado para Antonio.
Un beso y hasta mañana.

Alejandro dijo...

¡Buenos días, Olga! Confío en que la memoria y el recuerdo no se lleven nunca a tu suegro de tu vida, de modo que seguirá presente en tu día a día, como uno más de la familia, como si nunca se hubiera ido. Un abrazo

veridiana dijo...

Mi condolencia Olga,también yo perdí a mi padre hace un año.

Nuestra falta de energía por el envejecimiento,no es motivo de humillación,es un proceso continuo e irreversible.La humanidad actual,enfrenta al viejo y nuestro comportamiento es fundamental.Hagamos también un país para viejos,todos estamos en ese camino.
Es una satisfacción conocer personas buenas.

Un beso animoso.

Olga Bernad dijo...

De alguna forma estará presente, Alejandro, claro que sí. Deja un buen recuerdo en todos nosotros y ha tenido una vida larga y buena, aunque también dura en algunos aspectos. Pensar eso consuela. Poco a poco se irá suavizando la tristeza.
Un abrazo y muchas gracias.

pispireta dijo...

solo con tus palabras,seguro,que todo el mundo hubiera querido conocer a Antonio padre.Tu marido estara orgulloso de tus palabras.Ahora queda sacar adelante a Mary,que tambien es una dulzura de persona.Un beso para los dos.

Emilio Calvo de Mora Villar dijo...

Sentida y hermosa semblanza. Siento vuestro dolor.

Gemma dijo...

Tu tristeza nos da la medida de su bondad. Descanse en paz, querida Olga. Un abrazo fuerte para ti y los tuyos

Gbp dijo...

No se van cariño, siempre están ahí sonriendo en nuestra memoria...
Muchísimos besos y abrazos para todos.
Estaría contentísimo de verse en la foto con su tractor.

Eduardo González Ascanio dijo...

Sé que llego tarde. Cada vez frecuento menos los blogs, incluso el mío.
Lo siento mucho, Olga, aunque creo que puedo felicitarte por haber conocido a esa persona; parece de las que te reconcilian con la humanidad.

Un abrazo.

Olga Bernad dijo...

Ay, Veridiana, el envejecimiento no tiene por qué suponer humillación, pero la enfermedad es a veces muy cruel, en viejos y en jóvenes. Para un hombre como un roble, acostumbrado a mandar sobre su cuerpo y sus actos... los efectos de un ictus y la parálisis sí pueden ser humillantes. De un día para otro, uno no puede hacer cosas muy básicas por sí mismo, y ya nunca más podrá. Afortunadamante, cierta ofuscación de la conciencia hacía algunas cosas un poco más llevaderas. Sufría menos de lo que hubiera sufrido en circunstancias "normales". En nuestra mano está el comportamiento, pero eso necesita también un sistema que no busque echarte de los hospitales a la mínima y que ayude un poco. A nosotros nos llegaron a dar altas que duraron 24 horas. Tanta necesidad había de liberar camas. Esa sensación he tenido. Es humano que el enfermo esté en casa, pero si se te ahoga, ¿qué haces?, ¿dejar que se ahogue humanamente en su cama? Vuelves a llamar a urgencias y el nuevo médico certifica la gravedad y vuelta a empezar. La situación es horrorosa, Veridiana, no lo sabes hasta que no te toca.
En fin, de todas formas no es el recuerdo del dolor lo que nos queda de él, sino muchas otras cosas. La alegría de una vida larga y plena en muchos aspectos. Y la constancia de que se sintió querido hasta el final. Un beso, Circe.

Olga Bernad dijo...

Gracias, Pispireta. Ha sido un hombre bueno, y una fortuna tenerlo tantos años. Por desgracia,no te tengo que contar nada sobre lo que supone perder a un ser querido. Ahora todos, sobre todo su hijo y su esposa, pero también todos los que le conocimos, buscamos consuelo en el recuerdo de las cosas buenas. Hubo muchas. Eso es verdad. Un beso.

Olga Bernad dijo...

Muchas gracias, Emilio. No es nada fácil escribir sobre estas cosas, pero se me salía...

Olga Bernad dijo...

Descanse en paz, Gemma. Mereció al final esa paz. Un beso, sister, y gracias.

Olga Bernad dijo...

Gemuchi (también sister,-) ya sabes que él era feliz en su campo con sus tractores. Todavía al final recordaba perfectamente cualquier dato referido al último tractor, al primero... y aún le chispeaban los ojos cuando hablaba de su "jon dere", pronunciado así. Qué majo era. Esta foto es más antigua, pero me encantó encontrarla. Un beso a todos.

Olga Bernad dijo...

Eduardo, aquí nunca es tarde. Los blogs se han ido abandonando en pos de otras cosas.Supongo que es normal y no me parece que sea malo. Algunos, lentos como el mío pero presentes, siguen flotando por aquí compartiendo algunas cosas. A mí Antonio me reconcilia con la humanidad, sí, y le recordaré siempre.
Un abrazo y muchas gracias.

Blackbird dijo...

Un abrazo muy gordo para ti y para Antonio.

Confío en un lugar para todas las personas buenas.

Un pequeño homenaje musical:

canción para una larga despedida

Olga Bernad dijo...

Ay, Black, qué pinchazo en el corazón...
Un beso.