lunes, 11 de octubre de 2010

Pequeña para siempre

Hace pocos días hubiese cumplido años mi mejor amiga, a la que perdí en la adolescencia.  Los lectores más antiguos de esta bitácora recordarán que hablé de ella hace tiempo, en un texto que procuraba atrapar otros cielos en la mano.   En Caricias perplejas incluí un poema en su memoria, pero nunca lo colgué en el blog.  Lo hago hoy, para recordarla y para recordarme que a veces es verdad, los amigos se van para siempre.

A Nieves Molera (in memoriam)

He soñado esta noche una plaza rendida,
y un viento de dolor en medio de la plaza.
Tú no estabas y ya nunca vendrías
y yo miraba un charco lleno de luz y lodo.
Todo era extraño y húmedo.
Aún golpean el aire los sonidos
de la fragua y los lobos y los hombres,
herreros que trabajan en la noche de candiles y músculos,
de golpes y de golpes y de golpes
y de radiantes soles apagados.
Noches desamparadas
con umbrías mañanas esperando,
desamparadas olas vacías de pescadores,
desamparadas viejas en las puertas:
así era el pueblo en el que te buscaba.
Llegan rumores cada vez más vivos
que hablan de cuatro dioses a caballo.
Vendrían de repente a terminar el mundo
pero vienen cantando desde lejos,
borrachos y temibles.
Se oyen sortilegios y oraciones,
cansados coroneles y noticias
y mujeres hermosas que suspiran,
mujeres que hubiéramos sido un día
en otra vida nuestra.
No tendremos noticia de tu muerte
pero no volverás.
Tú que siempre contabas con nosotros,
tú que tanto añorabas
sentir el primer beso y su dulzura.
Tú siempre sonreías.
Dios te amaba, Dios te pertenecía
y te ha olvidado,
te ha soltado la mano en una esquina.
Al doblarla empezaba un descampado.
Dios se aburre del llanto de sus siervos,
se aburre de quererlos, se termina
su humana compostura.
Los dioses siempre vuelven a ser dioses.
Juegan muy poco rato,
nunca acaban el juego cuando pierden
pero callan sin límite,
se llevan a los cielos estrellados
almas como la tuya.
Pequeña diosecita perdida entre las calles,
hermosa para siempre, pequeña para siempre,
buscadora de ángeles y dueño.
Tampoco en este sueño he vuelto a verte.

Hace un año:  Sevilla desde el Pilar    Hace dos años:  En un Simca 1.200

Nota:  Pensando en amigos presentes, me encuentro hoy con una reseña de Andábata en el desván de los libros de Marta María López.  Gracias, Marta; aun sin conocerte, es un placer haberte encontrado.  También me encuentro una entrevista al tímido y admirado Fernando González Seral.  Tus fotos son hechos, no palabras, actos de amor hacia la tierra que enfocas. Me alegro de que "ocurran" también por la tele.  Felicidades, maestro (en cielos;-).   Y , al final de la mañana, me llega Fuera pijamas, el libro de relatos de Antonio Serrano Cueto, recién salido de la imprenta.  Enhorabuena y gracias por el detalle, Antonio, el día del Pilar se vestirá con los pijamas que ta has quitado;-)       

58 comentarios:

Miguel Estrada Pérez-Carasa dijo...

Olga, conocía este poema estremecedor sobre aquella amiguita que perdiste durante la infancia. Yo también he perdido seres queridos que aún tenían la vida por delante.Pero la vida de los níños son como un coro de voces blancas, y hay que pedir a la memoria toda la fidelidad de que es capaz para aceptar su muerte, precísamente,en esta armonía.
Quizás para el próximo sueño, para el último revuelo de dioses e intenciones celestes, vuelvas sobre su recuerdo con una imagen más nítida.
Pobre niña.
Muchos besos, Olga.

Juanma dijo...

Joder, qué triste, qué duro, qué certero poema.

También recuerda uno a gente cercana que se le fue (el último no hace ni un mes...puta heroína, todavía sobrevivía y ya no pudo más).

Besos dulces, mi querida Olga.

Sara dijo...

Conocía este poema, pero es como si lo leyera por primera vez; todo un nuevo descubrimiento, muy grato por cierto.... No sé si será tu introducción al poema o el hecho de tenerlo en la pantalla, enorme y sin la compañia de otros, pero creo que voy a seguir experimentando leyendo otros poemas de Caricias Perplejas que ya colgaste en este blog! :-) Un abrazo Olga.

Durrell dijo...

El texto al que nos remites en tu introducción parece contener las emociones como un dique, quizá precisamente por eso sabemos que la avalancha es realmente fuerte. "Otros cielos" nos preparan para un poema espléndido, Olga. Coincido con Sara en que verlo en la pantalla nos hace mirarlo con más individualidad. Cada poema de ese libro se sostiene con su propia fuerza, el poemario constituye una perfecta integración de cada unidad en un todo.
Yo también voy a volver hoy a "Caricias Perplejas".

Gómez de Lesaca dijo...

¡Cuánto se podría hablar a partir de este poema! (en el creo que no hay consuelo).

La habría gustado a García Lorca, que también escribió sobre la muerte temprana ("A Mercedes, muerta" o "A Mercedes en su vuelo").

O a Oscar Wilde,todavía joven , en el poema que dedicó a la memoria de su hermana, con un fondo de nieves y tumbas.

Reciba usted mis más cordiales saludos.

José Luis Garrido dijo...

Pero siempre es hermoso regresar de lo hermoso, llenar las ausencias honra, como tú lo haces en este poema, porque es fiel y por eso mismo libre.

Besos

Araceli Esteves dijo...

Se van , pero vuelven un poquito cada vez que los recordamos. El origen etimológico de la palabra recordar lo dice todo: re=volver cordare=corazon. Recordar es volver a pasar por el corazon.
Besos

Dyhego dijo...

OLGA:
Sólo se me ocurre decir que es una elegía que honra la memoria de tu amiga.
Salu2

enrique dijo...

Enlazando con la entrada anterior, ya decía Quevedo aquello de
"Vivir es caminar breve jornada".

Por fortuna, la poesía nos llena de recuerdos, vivos.

MªTeresa Gómez Puertas dijo...

Estremece es verdad este poema...porque es real,porque es una maravillosa forma de dolor y tributo.Enhorabuena,seguro que donde este le has arrancado una sonrisa.
Besos

Fernando Gonzalez Seral dijo...

...seguro que esté donde esté, se siente muy contenta de que pienses en ella como una verdadera amiga.

...gracias por tu enlace, la verdad que aunque no lo parece, estaba temblando, bueno..., si que lo parece. ...No es lo mío eso de la tele.
Un beso.

Olga Bernad dijo...

Ante todo, disculpas por la tardanza en contestar, he tenido el acceso difícil durante todo el día, y el poco tiempo que tenía lo he empleado en intentar remodelar algunas partes del blog, enlaces, etc, que hace tiempo tenía anticuados. Espero volver a tenerlos disponibles en poco tiempo. Al asunto:
Miguel, es verdad que todas las pérdidas son tristes. Es difícil hacer literatura sobre estas cosas sin traicionar lo que sentimos, a mí me lo resulta. Lo odio como lectora y me lo permito pocas veces como escritora, tal vez es un error mío, no lo sé. Cuando mi amiga murió, deseaba soñar con ella, y no conseguía verla ni en sueños. Fue una época muy mala para mí, sí. Me alegro de que al fin pudiese “traducir” este sueño a poema, aunque no me salió consolador porque no había consuelo.
Muchísimas gracias.

Olga Bernad dijo...

Pues sí, Juanma: joder. Esa sensación de cabreo me acompañó durante toda la adolescencia, para sumarse a todo lo que ya nos traía gratis la edad;-) Nunca se me ha ido del todo.
Gracias por tu dulzura, me hace bien sentirla.
Besazo.

Olga Bernad dijo...

Creo, Sara, que siempre evité colgar este poema en solitario por lo mismo que he evitado leerlo en público. Lo intenté en Barcelona y, adivina, sí, se me quebraba la voz. Sin embargo, escribirlo me dejó, si no consuelo, una especie de paz. Con el tiempo, la tristeza se va haciendo más tratable, como un animal salvaje al que poco a poco vamos domesticando y se convierte en perro fiel.
Es de los pocos poemas míos que tiene una referencia real (y aún así el poema es un sueño;-)
Un abrazo.

Olga Bernad dijo...

Ese texto sí fue un desahogo y un homenaje, Durrell. En ese texto nos veo a las dos, creo que guardo y a la vez libero parte de la angustia, pero también de la belleza de aquellos momentos, no sé.
Gracias por todo lo que dices, siempre.

Olga Bernad dijo...

Gómez de Lesaca, qué alegría. Seguro que podríamos hablar mucho de esto y seguro que, aunque el poema no encuentra consuelo (cuánta razón tiene), conversar con usted sobre los poetas que nombra y sobre algunos otros que trataron circunstancias parecidas, sería un consuelo para mí. Para escribir el texto que enlazo al principio, yo recordé a Erina de Telos en un poema a una amiga muerta. Otro amigo mío lo tradujo. Ahí estuvo el origen, el impulso de escribir sobre algo que tenía una raíz tan profunda en mi vida. En fin. El poema no sólo tiene una referencia cierta sino que habla de un sueño real.
Saludos y muchas gracias.

Olga Bernad dijo...

Luis, qué alegría también. Es verdad, siempre es hermoso regresar, aunque duela. Al menos esa hermosura es verdad, que no es poco;-)
Un fuerte abrazo.

Olga Bernad dijo...

La etimología siempre tan elocuente, Araceli. “Recordar es volver a pasar por el corazón”. Hasta que el corazón resista y, entonces, ya está bien, que nos recuerden otros. Si lo hemos merecido, si nos hemos quedado en su corazón.
A veces dudo de que nada quede realmente en el corazón de nadie. Entonces éramos niñas que habían crecido juntas. Ahora veo corazones más duros que las piedras, no sé, miras alrededor y piensas si realmente es posible o ni siquiera importante conmover a nadie.
Un beso y muchas gracias.

Olga Bernad dijo...

Gracias, mesié. Tal vez ella se reiría del sueño y de mí, era así de “puñetera”.
Ojala pudiese reírse.
Salu2.

Olga Bernad dijo...

Enrique, jo, a veces es más breve de lo que debería y mucho más de lo que esperábamos. Lo que aprendí entonces es que cualquiera, en cualquier momento, se te puede ir sin más y de repente. Afortunadamente, en mi vida normal no uso lo que aprendo, de lo contrario sería imposible vivir con normalidad -o lo que sea que hacemos- esta breve jornada quevedesca.

Olga Bernad dijo...

“Una maravillosa forma de dolor y tributo”.

Ojalá, compa, gracias por tus palabras.
Besos.

Olga Bernad dijo...

Fernando, a veces he soñado que estaba enfadada conmigo porque no la recuerdo ya igual que antes. Tal vez con el poema se le haya pasado un poco el enfado. Nos enfadábamos mucho. Y nunca importaba; eso es, en parte, la amistad. Hay que ser muy tonto para no sentir su pérdida hasta en el estómago.
Poner ese enlace me ha hecho muy feliz. Eres exactamente tú pero un poco más nervioso;-) Humilde pero de fiar, como la tierra que miras.

Juan Manuel Macías dijo...

Me alegro de que este poema tenga ya su sitio en esta casa, junto a "Otros cielos", aunque siga acumulando lecturas (y las que acumulará), viajando en papel por esos mundos.
La vida de un poeta es como la manzana roja en el árbol de Safo, inalcanzable a todos, y más a los posibles biógrafos. Pero a veces el poeta inclina un poco las ramas. El nombre de tu amiga irá ligado a este poema porque la poeta así lo quiso. Pero de cara al porvenir, estará también porque el poema así lo quiere, imantando ese nombre a estos bellísimos versos, como en la elegía de Miguel Hernández o en la rueca de Erina.
Besos, Olga, y que pases mañana un feliz día en tu (vuestra) ciudad.

Olga Bernad dijo...

Juan Manuel, ya iba a cerrar el garito por hoy. Me gusta contestar al final con un poco de calma, y me encanta que llegue ese aroma a brento, de la mano de Safo y de tu Erina, que estuvo en el origen de aquel texto. Hace mil años, parece. Cuando hasta esto del blog era distinto. No, no me gusta hablar de mi biografía por sistema, pero me ha gustado unir ese nombre al mío también en un poema. Pocas cosas puedo hacer ya. Después, el poema irá por su cuenta como todo, no hay nada controlable. Digamos que yo he hecho lo que podía hacer.
Ojalá su madre lo leyese, pero me temo que no es muy aficionada a internet y tal vez le pondría triste. Es poco lo que podemos hacer, y ya está hecho: unirla a la rueca de Erina, seguir hilando.
Mañana intentaremos disfrutar un poquillo con los críos... y arreglar el desaguisado de los enlaces. Ay, qué arrebatos de limpieza en los días de fiesta;-)
Besos y mil gracias, como siempre, por tu visita nocturna. Que pases tú también un buen día.

veridiana dijo...

Me ha recordado tu poesía a la de M.Hernandez:
Tu dolor y mis laureles,
Antemuro de la nada
esta vida me parece...
Es tremendo la pérdida,ahora me encuentro consternada,una amiga con 45 años tiene un cancer terminal.

Un beso de vida.

Olga Bernad dijo...

Es un palo, Veridiana, qué cosas más duras.
Gracias por lo que dices; eres un encanto, tu amiga tiene suerte de tenerte a su lado en momentos así.
Un fuerte abrazo.

Alejandro dijo...

Lo recordaba de Caricias Perplejas. Me conmovió la imagen de Dios que suelta la mano de la niña en una esquina.

Por cierto, hoy hace un año de aquella foto que hice de tu libro en la playa.

Olga Bernad dijo...

Alejandro, ya sabes que guardo esa foto en la página de las Caricias, me hizo muchísima gracia, como otras que hiciste de la colección. Un año ya, madre mía.
Sabía que los lectores de Caricias ya lo conocíais, pero quería tenerla aquí. Por muchos motivos.
Esa imagen es terrible, sí. Supongo que ni lo entendí ni lo entiendo aún.
Es duro mantener la fe, creo que eso ya te lo he dicho alguna vez;-)

Anabel dijo...

No te lo vas a creer, pero este fin de semana he terminado de leer o, mejor dicho, de releer tu poemario. Y leí este poema, claro.

No voy a engañarte: estaba buscando. Es curioso, siempre que busco lo hago entre la poesía. Te llevaba entre Luís García Montero, Ángel González y Vicente Gallego, mis favoritos. Y encontré, por supuesto.

Este verano el universo ha caído sobre mí –estoy escuchando a Amaral, tu entrada de abajo- y me ha regalado muchos parches, pero me ha dejado un alma espléndida.
Regresar a la casa de los amigos es tan reconfortante como una manta en una noche de otoño.

También he regresado a casa de Fernando, ya sabes que os llevo juntos, unidos, inseparables. Cosas de los blogs y las fotos, del boca a boca, de los vecinos de los compañeros de trabajo. Ya sabes.

Besos,

Anabel, la Cuentista

veridiana dijo...

Gracias,guapa.

gbp dijo...

Bueno, ya me conoces, moqueando antes de acabar de leer tu introducción.
No importa las veces que lea este poema, siempre me produce el mismo nudo en la garganta. Una tristeza amarga y dulce que conmueve.

Mil besos, cariño.
I miss you!

Olga Bernad dijo...

Anabel, yo también busco en los libros, he buscado toda mi vida, y a veces encuentro una especie de compañía que ya no se va. Pensar que alguien puede hacer en mis poemas esa misma búsqueda es algo que le da sentido a todo esto. Generalmente, nunca llegamos a decirlo o a saberlo, es una pena.
Estoy bastante perdida por cuestiones de trabajo y estudio, me meto en unos líos increíbles, y me siento muy afortunada por el hecho de que eso no me separe del todo de vosotros, pero no hay tiempo material para todo; sois muy, my generosos. Tus vueltas a esta casa son siempre una alegría enorme , coge manta y sitio en el sofá, y siéntate con Fernando;-)
De esos amigos y compañéros, alguno es ya amigo mío. Gente de una pieza, no sabes cuánto.
Mil gracias y un fortísimo abrazo.

Olga Bernad dijo...

Circe, gracias a ti. Y mucho ánimo para que puedas dárselo a tu amiga.

Olga Bernad dijo...

Sister, ya te dije que te pondrías llorona;-) Límpiate los mocos y a seguir, que estás demasiado lejos para consolarte.
Que lea todo esto quien también la conoció a ella lo llena todo de realidad y de recuerdos.
En fin.
Muchos besos.

Nodisparenalpianista dijo...

Y algunos te lo oímos en La Cigale. Saludos!!!

Olga Bernad dijo...

Glups! No me he atrevido a intentar leerlo nunca más;-) Qué buenos recuerdos de Barcelona, David, me encantó conocerte. Creo que se retoma el ciclo de lecturas, ojalá pueda acercarme algún día.
Saludos.

Alfredo J. Ramos dijo...

Hermoso poema, lúcido y sin fisuras en esa percepción de que la muerte es para siempre. Los "golpes, golpes, golpes" de casi el principio resuenan en los "siempre siempre" de casi el final, y convierten el poema en una de esas largas trompetas indias (también se ven algunas en ritos del Levante) en las que resuena aguda la nada sagrada. Una actitud así exige algo más que valentía, coraje. Aceptar la disolución (dí solución), la extinción acaso. En estos mismos días he sufrido la pérdida de una persona cercana y tus palabras están a flor de piel. Un abrazo.

Olga Bernad dijo...

Vuestra lectura siempre da al poema matices que yo no he visto, esas largas trompetas en las que "resuena la nada sagrada" me parecen ahora el sonido de fondo de este sueño algo apocalíptico. Y el eco de los golpes y los golpes en el siempre repetido es algo que yo no había visto.
Aceptar la disolución es demasiado amargo, como tú sabes bien en estas fechas; uno intenta, cuando menos, soñar.
Un abrazo, Alfredo.

ana dijo...

No hay olvido. Pero sí mucha distancia, porque la vida ha ido muy deprisa, diríase que ha salido corriendo. Y te sorprendes hoy a tí mismo con su recuerdo, imaginando cómo disfrutaría con todo este mundo de blogs... de palabras... con las prisas de este tiempo presente.

Me has conmovido. Gracias.

Olga Bernad dijo...

No, no hay olvido, y es que el tiempo suaviza pero no cura todo y pasa, sí, demasiado deprisa.
Gracias a ti, Ana, por la lectura y por la emoción.

Antonio Azuaga dijo...

Sin duda todo el poema, Olga; pero en particular los trece últimos versos. Porque en ellos el sentimiento se merece las palabras que le concedes… Y las palabras se hacen dignas del sentimiento de que hablan.

Un beso.

Olga Bernad dijo...

Habían pasado más de veinticinco años de su muerte cuando escribí por fin el poema, y es cierto que atreverme a recordar por escrito en "otros cielos" me ayudó. No creo que antes hubiese podido concederle las "palabras necesarias". Si a ti te lo parecen, a mí me basta. Da pánico, en estos casos, no estar a la altura de lo que se siente (y un extraño pudor estarlo).
Un beso, Antonio y muchas, muchas gracias.

Blackbird dijo...

Me devuelves a esos años de recreativos y pipas, de granos y hormonas. Años en los que nunca pasaba nada y nada esperábamos. Y mejor que así fuera, porque lo inesperado casi nunca era bueno.

Ella nunca creció... pero, de alguna manera ha seguido viviendo en ti, y estos versos tan amargos como sublimes han sido tu aportación a su trocito de eternidad.

Besos

Te mando mi particular banda sonora a tu poema:
Victor Jara

Olga Bernad dijo...

En el fondo, lo esperábamos todo (yo ya quería todo, y sé algunas de las cosas que quería ella) pero no sabíamos qué parte iba a ser la nuestra. A ella le llegó una avalancha brutal y absurda, en forma de coche, por la misma calle que cruzábamos tantas veces y de manera tan despreocupada.
Nunca creció, pero estará conmigo mientras yo esté. Espero no soltarla de la mano, lo siento como una cuestión de amor y lealtad. Pero no creo que escriba nada más, me da miedo "manosear" el dolor.
Muchas gracias, Black, también por traer a esa Amanda a la que ya todos parecemos recordar.
Un beso.

Angós dijo...

Esta vez me he esperado al final. Seré el único que os recuerdo además de tu hermana. A vosotras dos y a ese grupo chillón del baloncesto, y a ti y Eva fumando por los rincones, y tú ya tenías una cosa rara.
Recuerdo también el día que lo escribiste.
Me alegro de que te hayas decidido a colgarlo.

Olga Bernad dijo...

Angós, es bueno contar con algunos testigos, llenan los recuerdos de realidad. Tú no tenías nada raro: eras perfecto;-)
Aquel grupo gritón y aquellas risas fueron de las cosas mejores de la vida, aunque entonces no lo supiésemos.
Es difícil mantener a la gente al lado, a unos los echas y otros se van, pero yo me alegro de contar con lo que cuento. Debería escribir gracias sin parar.

Javier Quiñones Pozuelo dijo...

"No tendremos noticias de tu muerte, pero no volverás", hermosa elegía, Olga. He visto tu entrevista con Antón en Borradores. Me ha gustado mucho el tono de las respuestas, el contenido de las mismas, la complicidad con Antón, etc. ¿Quién ha dicho que tenga que haber una edad prefijada para escribir o publicar poesía? El haber vivido y callado tanto tiempo le da ahora esa madurez y ese tono reposado a tu poesía. Gracias también por haberme puesto en la pista de Fernando González Seral, maravillosas sus fotos. En fin...
Un abrazo, Javier.

Olga Bernad dijo...

Es curioso el hecho de que esta madrugada haya recibido un correo de otra persona que también vio ayer la entrevista y destacó la misma frase que tú. También es curioso, pasado el tiempo, lo cierta que me parece esa complicidad con Antón, al que entonces no conocía de nada (era la segunda vez que nos veíamos, la primera fue unos días antes para informarme de cuatro cosas sobre la entrevista). Ahora puedo decir que somos amigos, como lo soy de Fernando, y eso me hace pensar que la poesía me ha traído muchas cosas, aunque ella vaya por su cuenta y le guste hablar, de vez en cuando, de lo que ya no está.
Muchas gracias por tu comentario, Javier, y por la visita a este poema tan especial para mí.

Isabel Romana dijo...

Un poema maravilloso que me ha emocionado especialmente. Son las muertes que muchos lloramos, esas prematuras y brutales y absurdas y de las que no acabamos de reponernos nunca. No puedo decir más. Un abrazo muy fuerte.

Mery dijo...

Me ha gustado mucho la frase de Quevedo que te ha dejado Enrique.
Qué tristeza la de una joven que se marcha para siempre, pero tu lindo poema habrá llegado a sus oíods alados.
Me acuerdo de una poesía de Bécquer: "Pobre Carolina mía, nunca la podré olvidar, ved lo que el mundo decía viendo el féretro pasar..."

En fin, Olga, tus manos le han dado un homenaje entrañable a tu amiga.
Un beso

Olga Bernad dijo...

Sí, Isabel, yo me quedé con la boca abierta y con un dolor en el pecho. Esa absurda brutalidad no se te olvida nunca, ni se te olvida que puede pasar en cualquier momento. Yo no vi las cosas igual nunca más. Supongo que el hecho de enfrentarse a esos años con la realidad menos natural de la muerte, y con una persona que había crecido conmigo, me cambió.
Me da la sensación de que me entiendes muy bien, y no creas que me gusta.
Un fuerte abrazo.

Olga Bernad dijo...

Mery morena, será la cercanía de noviembre (mes de mis tormentos), pero yo también he pensado en esos otros versos de Bécquer "Dios mío, qué solos se quedan los muertos".
Ni se merecía ella esa soledad, ni sé si habrá una inmensa soledad esperando o algo más. Sea lo que sea, a ella no le tocaba descubrirlo tan pronto. Si realmente existe Dios, ¿para qué querría a una niña llena de ganas de vivir?, ¿qué falta le hacía?
En fin, no quiero pensar en esas cosas antes de irme a la cama.
Un beso triste hoy.

Mery dijo...

Pues tienes toda la razón, ¿por qué llevarse una vida aún en pañales, dejando a sus seres queridos frustrados en el intento, tanto como a ella misma?
Caminos inexcrutables donde los haya.
De todos modos noviembre trae muchos fantasmas, con su aire frío y húmedo y la noche, que cae encima demasiado pronto.
Habrá que arengar a otros diablillos traviesos para que nos animem con sus andanzas.
Que tengas un buen día, mañica.
Un beso

Olga Bernad dijo...

Muy buen día para ti también, Mery, eres un sol, y eso hace mucha falta en invierno. Miedo me da todo entero por delante;-)

María M. Bautista dijo...

Impresionante poema y bellísimo homenaje. "Los dioses siempre vuelven a ser dioses.
Juegan muy poco rato,
nunca acaban el juego cuando pierden
pero callan sin límite,
se llevan a los cielos estrellados
almas como la tuya."
Estremecedor.

Olga Bernad dijo...

María, casi has coincidido plenamente con Antonio a la hora de destacar algunos versos.
Muchas gracias por compartir con tu lectura la emoción de este sueño y este poema que es tan especial para mí.
Bienvenida.

entrenomadas dijo...

Bellísimo poema.
Conozco ese dolor.
Un beso,

Marta

Olga Bernad dijo...

Siento que conozcas ese dolor, Marta, siento que lo entiendas.
Gracias y un beso.