lunes, 17 de agosto de 2009

Ingles brasileñas


Una de las palabras que más odio es “indicadores” (la otra es “entrañable”, pero a ésa le guardo entrada aparte). Los indicadores vienen a ser como curiosos puntos, coordenadas donde se cortan ejes de abscisas y ordenadas que se suponen claves para comprender algo, cualquier cosa: desde la marcha de una empresa a la de un matrimonio, pasando por nuestra capacidad para seducir. La realidad se reduce a algunos datos supuestamente fundamentales y, luego, su intersección produce un número, y ese número se lee y se traslada a interpretaciones también numeradas y previamente escritas por algún experto. El vago y fecundo concepto de “impresión” es filtrado por mil cedazos viciados de puro limpios, libres de dudas, huérfanos de una indecisión que es a veces nuestra única sabiduría.

La “impresión” es lo que llega a nuestra especie de corazón después de que el cerebro haya procesado (o lo que sea) miles de datos de los que no siempre somos conscientes: es un prodigio de síntesis poética, una facultad afinada por siglos de supervivencia que es ahora irresponsablemente dejada en manos científicas incluso para asuntos personales; es de difícil explicación y está adornada por una infinita riqueza de matices que le dan a veces un aspecto nebuloso, pero es también de una potencia innegable. Sentimos la impresión que nos produce alguien, tenemos la sensación de que las cosas van bien, o mal o regular. La emotividad más personal, el sentido común, la imaginación, la razón y la inteligencia se marcan un tango nuevo cada vez que una impresión nos golpea, o nos acaricia o nos domina. Dirán que nuestras impresiones son a veces erróneas: sí, pero los indicadores también; y sus interpretaciones, no digamos.

Bueno: pues yo tengo la impresión de que el éxito de las ingles brasileñas es un preciso indicador del signo de los tiempos. Y no me gusta el asunto. No me gusta nada.

Para empezar, porque mi tendencia hedonista me impide aceptar torturas innecesarias sin rechistar. Mi conciencia protesta ante la amenaza del dolor gratuito. ¿No es eso algo sano?, ¿no se creó el dolor como voz de alerta, más que como castigo?, ¿no ha dependido nuestra supervivencia de escuchar esas voces?
Para continuar, por lo que les cuento:

Hace un tiempo fui a cumplir con el repetido deber moral de la depilación a la cera caliente (no crean que todo es bonito en mi vida, no: pago mis peajes). A mí me gusta ser mujer tanto como a las de los anuncios de compresas, así que admito algún que otro mal rato por quitar de mi vista -y de la de los demás- manifestaciones pilosas que encuentro masculinas y que no me gustan adornando unas piernas femeninas. Hasta ahí aguanto, y ya es bastante desagradable.

La chica que suele ocuparse de estas cuestiones conmigo estaba de vacaciones. Mal empezamos. No me gustan esas intimidades con más gente de la imprescindible, pero en fin, todos nos tenemos que ir a la playa en algún momento de nuestra vida, de acuerdo. Me desnudo. Me tumbo en la camilla. Se me acerca. Ella es rubia, muy rubia (mucho), depilada (muy bien), maquillada (perfectamente), delgada (muchísimo). Yo estoy un poco avergonzada por no sé qué. Porque no la conozco, porque no estoy delgadísima, por esos pelos horribles a semejante luz, porque he llegado agobiada tras la lucha por un aparcamiento, porque no voy bien pintada (no me daba tiempo), porque mi melena (ya melenita) es un barullo, porque estoy en bragas delante de doña perfecta: “Sujétatelas más arriba, abre las piernas”. Cierro los ojos.

Y justo entonces, en ese momento de debilidad, me dice con una voz dulce que apenas esconde un sincero reproche ante el paisaje: “¿Has pensado en hacerte las ingles brasileñas?”. “No”, me atrevo a susurrar. “Uy”, se anima, “pues, estadísticamente, ellos las prefieren”.

- También las prefieren rubias, hija mía, pero de todo tenemos que estar.
- Je, je, no; en serio, es muy cómodo.

“¿Cómodo?”, pienso yo, “¿Cómodo para qué?”

- Puedo utilizar una combinación de cera caliente y rasurado, o anímate con el láser, puedes pagar en cómodos plazos.

Cuánta comodidad. Yo ya tengo plazos, y todos me resultan incomodísimos. Además, un láser o una navaja dirigida hacia ciertas partes me producen un temor antiguo, fíjate, llámalo superstición. Y la cera caliente en puntos donde confluyen tantas terminaciones nerviosas me parece una perfecta definición de tortura. Le digo, para resumir:

- No, guapa, el chichi me lo dejas como está.

Me sale un tono agrio, me pasa muchas veces cuando me siento indefensa, incomprendida, sola y, además, estoy despatarrada delante de una rubia perfecta y (muy) joven.

- Vale, vale. Todas tienen esa actitud hasta que se van acostumbrando a la idea. Es como los tangas, que al final se han impuesto. Ya te irás animando.

No me pienso animar. Me acaba de nacer otra trinchera en la que agazaparme seriamente. No pasarán.

Con tristeza, me pongo a pensar qué clase de enfermedad habita en nuestro criterio y en nuestra libertad, porque la verdad es que esta chica tiene más razón que una santa. Recuerdo a una compañera de trabajo, una mujer sensata e incluso célibe (no liga, la verdad), contándome con auténtica convicción que se hacía las ingles brasileñas “por ella misma”, porque así se sentía mejor. No dudo de su sinceridad, no ataco su libertad, no es eso. Utilizo la mía para pensar que en algún momento nuestra conciencia ha sido lavada por un jabón muy poco neutro: una mujer permite que le quiten, con un considerable dolor repetido (la depilación es un espejismo recurrente) no sólo las pilosidades masculinas que le sobran, sino que consiente y paga porque le arranquen de raíz, literalmente, las manifestaciones fisiológicas de su feminidad adulta para producir no sé qué placer en otro, o incluso en ella misma sin ese otro. Porque yo lo valgo. Anda.

Si cualquier gobierno impusiese semejantes prácticas como castigo, ya habría una asociación o algo que hubiese puesto el grito en el cielo. Ingles Con Vello y Sin Fronteras. INVEFRO. Lo veo claramente: INVEFRO por la dignidad de las presas, etc.

Ya he dicho que me gusta ser mujer, incluso me gustaría ser la mujer perfecta que no soy, por eso me depilo (razonablemente) y me pinto los labios y todo eso. Pero hay cosas que no me las quita nadie, y menos una rubia de bote que pretende infantilizar territorios sobre los que nunca volverá la inocencia. Se siente. Es lo que hay.

Esto es muy triste de reconocer, pero el argumento es un puñal: “estadísticamente, ellos las prefieren”. Cuánto nos importan ellos, y hasta qué punto lo sabe la rubia más simple cuando estamos en bragas y a su merced. Pero no tanto, guapa, has patinado, no tanto como para que se me confundan ciertos límites. En algunas partes de la anatomía hay una realidad y un símbolo inmenso. Que cada cual lo cuide como sepa.

Salí de allí entre indignada y avergonzada, pero con el orgullo intacto. Agarrada a mi “no” como a una bandera. El sol de agosto arriba, el asfalto derretido bajo el tacón de mis sandalias: las cosas en su sitio.

Olga Bernad

Nota: El pasado viernes, en una velada con unos amigos fotógrafos de Zaragoza, comentamos el tema de esta entrada; Manuel Arribas me sugirió compañarla con la estupenda foto que ven. Se titula "La erótica en el país de Alicia". Después me sorprendió con esta otra fotografía. Si tienen curiosidad por verme rubia, no se la pierdan;-) Y, si les gusta mirar buenas imágenes, visiten con frecuencia su blog. No se arrepentirán.
Gracias, Manuel. Para mí fue un placer.
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Hace un año: Las reglas del desierto.

Por cierto, querida Gemma, gracias por enlazar estas rigurosas normas en tu comentario. Un año después, vuestras lecturas son una fina lluvia sobre la tierra seca.
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58 comentarios:

Alfaraz dijo...

Ha estado muy bueno.
Si uno fuera un falso, reivindicaría a las mujeres con el título de aquel cuadrito de Romero de Torres: Viva el pelo. Pero no es eso.
Aunque tampoco pedir un crédito personal para que acabe en Corporación Dermopilosa, o asi. Una cosa intermedia... lo que tú dices.

.

Olga B. dijo...

Querido Alfaraz, admito que la rubia sabe muy bien lo que dice, lo que hace, cómo y cuándo.
Una cosa intermedia, exacto, aunque no sea yo dada a las medias tintas (ni me parece que tú tampoco), en este caso el justo medio ya resulta radical. Es un "no" reflexionado, aunque la cosa tenga su lado frívolo.
Me alegro de que te haya gustado leerlo, eso es suficiente;-)

Máster en Nubes dijo...

Mira, comparto mucho contigo, Olga, ya lo sabes.

Mi horror por la palabra indicadores, para empezar. Y luego todo el resto, por Dios, más que indicador -que lo es-, signo también de los tiempos.

Pero ¿dónde se ha visto que tengamos que someternos por la regla del diez a semejante cosa? Y que sepas que la mayoría de los créditos personales que se conceden no en los bancos sino en sitios siniestros es para cosas de estética. Conozco un caso además en que el novio paga las tetas, le deja la chica, y él sigue pagando a plazos.

Lo dicho, me hago de la asocíación esa, viva el maquillaje, los trapos, el arreglo, hasta el spa, el pilates y la manicura, pero ingles brasileñas pa su tía la del pueblo.

PS: Oye, y muy bien haber puesto lo del espíritu del vino antes, porque si de seguido a lo de la Santa Virgen nos pones lo de las ingles brasileñas el choque (el "gap" que dirían también los de los indicadores) hubiera sido demasiado.

Máster en Nubes dijo...

Se me olvidó decir un dicho de un amigo burro como pocos pero divertido de muerte "Donde hay pelo hay alegría". Perdón, no lo he podido evitar.

Rocío dijo...

Respecto a los indicadores, creo que,simplemente, nos hemos vuelto estúpidos...o más estúpidos aún. Queremos entenderlo todo, racionalizarlo todo, y para ello hay que poner un número, algo que permita igualar, medir, comparar... Cuando se hace eso con los sentimientos, con las relaciones... mal encaminados vamos. Pero ahí está, así es esta sociedad en la que vivimos.

En cuanto a la depilación... te entiendo perfectamente en lo referente al sufrimiento. Aunque yo soy partidaria del "no vello"... para mí, que cada cual haga lo que le parezca, que nadie lo imponga. Se sufre (o no... la cuchilla no duele, y el láser duele en el momento, luego... nada) pero estoy tan agusto sin un pelo o con poquito... Pero eso sí, que no me lo impongan, cuando me apetezca y porque A MÍ me apetezca. ¿Qué coño estadísticas de "ellos prefieren..."?

En fin, muy interesante tu reflexión. Y, por cierto, estás guapísima de rubia.

Besos

Ramiro Rosón dijo...

Me ha gustado esta reflexión, a medio camino entre lo irónico y lo filosófico, sobre la feminidad; y debo confesar que en más de un pasaje me he reído con ella (sobre todo en el de INVEFRO; ese acrónimo parece el de un organismo público, como el INE o el INEM). Sin duda, la moda es la tiranía de los gustos de una época; lo ha sido desde los tiempos del corsé y el miriñaque, y, desgraciadamente, siempre la han sufrido más las mujeres que los hombres. Los tiempos se repiten bajo diversas apariencias; hasta el siglo veinte, estuvieron en boga el corsé y el miriñaque; hoy… En todo caso, lo que ayer estaba y lo que hoy está en boga causan dolor y molestias. Quizá las mujeres deberían, más a menudo, reivindicar su libertad frente a la moda. No digo que se promueva la dejadez, sino que cada mujer pueda ser elegante a su manera, pues la elegancia, como la belleza, es relativa.

Saludos cordiales, Olga. Espero que estés pasando un buen agosto.

Olga B. dijo...

Pues no fue planeado, Aurora, que el vino hiciese de puente entre la virgen y las ingles brasileñas. Tan sinceramente he escrito de una cosa como de las otras, y todo me hace sufrir. No sé qué indicará eso. Espero no resultar entrañable:-)
En fin, es cierto que esta entrada la tenía rondando hace mucho tiempo, y es mejor soltarla ahora que estamos cuatro gatos sufriendo el sol de agosto por la red.
Gracias por acercarte a compartir, Duquesa.

Olga B. dijo...

Rocío, quizá odio los indicadores porque siempre comparan con una medida "ideal" que en el fondo nos imprime en la mente un mundo sin color, de permanente discurso políticamente correcto, aunque parezca lo contrario.
Yo estaría en contra de que alguien prohibiera la depilación integral, no es eso, lo que me mosquea es que, de repente y "voluntariamente" todos tendamos a querer lo mismo en temas tan curiosos. No sé. Es sólo un ejemplo y no el más importante, pero al menos es muy veraniego, no me digas:-)
¿Te gusto de rubia? ¿En serio?
Si es que la mirada de Manuel...:-)))
Un besazo.

Fernando dijo...

jajajaj..schistt...mi madre fue depiladora...besos.

Olga B. dijo...

Ramiro, se me ha colado tu comentario mientras respondía a Aurora y Rocío. Sí, tienes razón, quizá nos entretenemos mucho cambiando unas esclavitudes por otras y llamando a eso libertad. Soy poco partidaria de la ironía (salvo que no quede más remedio) pero yo también me he reído escribiéndolo, puedo sufrir mientras me río. No sé si es un mérito o una autopista hacia la locura: me da igual.
Ay, agosto, yo me lo bebí.
He vuelto a trabajar, mis amigos se han ido, para mí agosto es ya una presencia absurda. De hecho, me estoy preparando para sobrevivir a octubre y noviembre, meses a los que temo desde lejos.
Saludos cordiales, Ramiro.
Gracias por reincidir.

Olga B. dijo...

Querido Fernando, seguro que tu madre era una depiladora como Dios manda, que no se metía donde no le importaba, jeje.
"El hijo de la depiladora", qué título para una novela. Veo piernas acariciadas por la crema hidratante y una confusa mirada de ¿niño inocente?
Bueno, basta de imaginar...
Un casto beso.

Olga B. dijo...

...y, por cierto, Fernando, ¡felicidades!

Robërto Loigar dijo...

Las estadísticas siempre serán números fríos que se duermen en una gráfica.

Comparto tu post

Olga B. dijo...

Gracias, Roberto, así es.
Bienvenido por aquí.

MªTeresa Gómez Puertas dijo...

Ingles ¿"que"? si dentro de unos años tendremos que hacernos un injerto porque nuestra mata de pelo habrá decrecido considerablemente y luego nos dirán que son por la ingles brasileñas...me solidarizo contigo soy de esas también que eso ni tocarlo...y la cejas tampoco que no quiero ser de esas abuelas que se las pintan.
Un abrazo....como siempre estas magnifica.

Olga B. dijo...

No me extrañaría nada, Tere, que los mismos cómodos plazos que se pagan hoy por conseguir unas ingles "brasileñas", se vuelvan a pagar dentro de 15 años (cuando todas las sesiones láser hayan hecho auténtico efecto en todas las mujeres) por injertarse unas ingles, yo que sé, "rastafaris". Y también lo haremos porque nosotras lo valemos y porque nosotras lo hemos decidido;-) Ya verás. Es más serio de lo que parece.
Ay, qué Santa Lucía nos coserve no sólo toda la vista sino un poco de sentido común. Lo único bueno es que así se mueve la economía, digo yo...
Gracias, guapa.
Besazos.

Gemma dijo...

Jaja, tu entrada de hoy me ha recordado a un episodio pasado de tu "entrañable" -es broma- Andábata... Suscribo lo dicho por ti de pe a pa.

Por lo visto, la gente ha decidido ya hace tiempo que sean los demás (depiladoras incluidas) quienes tomen las decisiones que nos atañen sólo a nosotros; a veces, demasiado a menudo en realidad, de forma muy personal. Así nos va. El borreguismo puro y duro ha triunfado siempre (y casi te diría que hoy, sencillamente, arrasa...). Un abrazo

Olga B. dijo...

Mira, yo creo que todos vamos en la misma rueda. Vemos cosas muy claras en los demás pero a saber cuántas están oscuras en nosotros. Saber eso es un modo de conciencia. A mí sólo me salva (si me salva algo) el tirón en el estómago, para bien o para mal... y generalmente es para mal.
Pero en ese tirón, que es de las entrañas aunque no entrañable, mi cuerpo resume muchas "impresiones".
No puedo hacer nada. Es una penita en el fondo, no te creas;-)
Y, bueno, o me río un poco de eso o no sé qué sería de mí. Esto es sólo un ejemplo de verano.
Un abrazo, Gemma.
A seguir disfrutando...

Jesús Cotta Lobato dijo...

Querida Olga: un hermano mío, que según me dice sabe mucho de mujeres, dice que un error de las mujeres es querer gustar a las mujeres, que son de gusto difícil, y no a los hombres, que no es que tengamos el gusto fácil, sino que tenemos otros gustos. Las ingles brasileñas me temo que les gustan más a las mujeres que a los hombres. En cuanto a eso de que una se las hace por ella misma, no me lo creo: ¿se las haría si viviera sola en un desierto? Un beso.

Olga B. dijo...

Tu hermano apunta algo que me parece muy cierto; pero en este caso, no sé, no sé... Hay como una preferencia masculina por la -llamémosle- "erótica de Alicia" que a mí me preocupa un poco. Tal vez haya una búsqueda de un cierto infantilismo en la mujer, no lo sé.
Realmente, mis amigas y yo no nos enseñamos las ingles (ni mis amigos y yo, que conste;-) pero podemos hablar de ello.
No sé que haríamos todos viviendo solos en un desierto. Probablemente morirnos de ganas de que viniera alguien, a pesar de los disgustos que nos damos tantas veces.
Un beso y muchas gracias, Jesús.

José Miguel Ridao dijo...

Los dos primeros párrafos son antológicos, Olga; tu reflexión sobre los indicadores es muy buena, cierta y profunda. El relato añade humor al asunto; me quedo con la palabra "chichi", siempre me ha fascinado, la tengo que incluir en mi diccionario.

Ah, y vaya peazo foto con la melena rubia al viento...

Un beso.

Manuel Arribas dijo...

Para gustos están los colores. Por que hacer se un tocado o un moño solo en la cabeza? Pues todo pelo bien arreglado será más bonito que alborotado... aunque sea en el coño*.
Pero haga cada cual lo que quiera con sus filamentos cilíndricos, sutiles, de naturaleza córnea, que nacen y crecen entre los poros de la piel de casi todos los mamíferos.



(*)coño según el diccionario de la lengua española:
coño.(Del lat. cŭnnus).

1. m. malson. Parte externa del aparato genital de la hembra.

2. m. despect. Chile. español (‖ natural de España).

3. m. vulg. Ven. tipo (‖ individuo).

4. adj. Chile y Ec. tacaño (‖ miserable).

Olga B. dijo...

Muchas gracias, José Miguel, me alegro mucho de que te guste el texto. La fascinación por la palabra "chichi" me ha hecho mucha gracia. Hay tal cantidad de nombres para designar los genitales tanto masculinos como femeninos, que necesariamente eso implica una realidad que nos ocupa y preocupa y postocupa (o todo a la vez) constantemente; depende de la fase de la vida, supongo.
Puedes hacer una recopilación en tu diccionario, bien documentada;-)
Mi amiga Nieves le llamaba "fafarique", ignoro si el término era de su invención o qué, pero a mí me sonaba rarísimo...
Ah, la foto con la melena al viento, con qué naturalidad posé, no me digas;-)
Un beso.

Olga B. dijo...

Pues sí, que cada cual haga lo que quiera con sus filamentos; pero ese "lo que quiera" está más atrapado de lo que nos parece. Esa es la "tesis" del texto.
Saber lo que uno quiere es decir, como don Quijote, "yo sé quién soy". Difícil decirlo y tener toda la razón.
Y mil gracias otra vez por tu retrato, Manuel, (ya ves que soy comedida en mi respuesta:-)
En serio: me encantó.

Antonio Azuaga dijo...

El “mono desnudo” es un animal contradictorio. Siempre lo ha sido, desde luego, pero ahora lo es más. O a mí me lo parece. Se ha pasado siglos “en busca del pelo perdido” –como Proust y su “tiempo”– y ahora le ha dado por el “despilote” total. Y no es cosa de las hembras sólo: según tengo entendido, también los machos se depilan. Aquello de ser un “tío de pelo en pecho”, hoy se ve mal. Muy mal. Yo creo que la culpa la tienen la Barbie, y los Geyperman que educaron a niños con corporeidades de plástico, pulidas, brillantes y sin pelos anecdóticos que encarecieran el producto. Y claro, eso marca. Así que la cuestión se reduce a una renuncia ontogénica: ya no queremos ser “monos desnudos”, sino “monos de plástico”. Es más que probable, según esta hipótesis, que dentro de unos años lo que se lleve sea la “pixelización” corporal, porque los adultos de entonces están creciendo ahora entre consolas y ordenadores.

Tu texto, querida Olga, es simplemente espléndido.

Un beso.

Olga B. dijo...

Pues esos “pelos anecdóticos que encarecerían el producto” son los que no pienso perder. Yo comprendo que la metáfora es dudosa, pero no sólo vamos a hacerlas con flores y abejas “entrañables”. No quiero ser una flor de plástico, ni vivir en el país de Alicia -ese paraíso hermoso por lo breve- bastante tengo con mis propios errores como para ir coleccionando todos los que se pongan de moda.
Tampoco veo mal, cuando los veo, a los “tíos de pelo en pecho”. Dicen que de aquí a un tiempo, cuando nos aburramos de los metrosexuales, comenzarán a llevarse otra vez los ubersexuales, que serán una parodia del ubérrimo macho ibérico o algo así. Ya verás que panorama. Casi prefiero la pixelización. Espero que mis hormonas anden lo suficientemente tranquilas por esas fechas como para que pueda estar riéndome todo el rato.
En fin, que el texto te parezca espléndido es un buen premio. Nunca lo pierdo de vista: no sólo estoy hablando con amigos, el texto me importa.

Un beso, Antonio, y gracias siempre.

Iseo dijo...

Ay Olga ¡cómo me he reido!. No sabes cómo agradezco algo de humor a las 8 de la mañana en pleno agosto y trabajando. Estoy totalmente de acuerdo contigo. La depilación es algo que odio, pero que evidentemente tengo que hacer, sobre todo en verano. Pero ingles brasileñas... NO. Pa qué tanto dolor. Lo justito y va que chuta. Eres genial. Gracias por estos buenos ratos que nos das. Besos.

enrique dijo...

Eso de indicadores es una muestra más de la memez del lenguaje "políticamente corercto" hoy imperante y que, en rigor, está absolutamente vacío de contenido y significado.

Dile a tu depilator rubia que a mi me gustan con y sin. Estadísticamente hablando...

Olga B. dijo...

Hola, Iseo, cuánto me alegro de hacerte pasar buenos ratos. Por el contrario, yo estoy poco animada. Te dije que me pasaría a llorar y debería hacerlo antes de que acabe dando la tabarra a mis lectores con alguna entrada triste...
Nos vemos.

Eduardo dijo...

Gracias por compartir tu momento carioca. La parte reflexiva del texto es impecable, estoy de acuerdo en eso con otros comentarios. El ingenio te sienta bien, tal vez porque no abusas. Y, en fin, me alegro de que tú también te hayas divertido trabajándote esta entrada porque, aunque tu trance depilador haya sido enojoso, contado es muy estimulante. Buen resto del verano.

Olga B. dijo...

Cierto, Enrique.
Y cuánta sabiduría en esas preferencias;-)
Se lo comentaré a mi depiladora. Le diré que los expertos no dejan nunca que sus caminos se vean limitados por el imperio de la moda.

Olga B. dijo...

Le tenía ganas a esta entrada. Creo que se la anuncié a Mery en comentarios anteriores. Todos los temas que toco me importan, los enfoco de distinta manera porque los vivo de distinta manera.
Me daría pereza hacer cualquier otra cosa.
Buen resto de verano para ti también, Eduardo.
Muchas gracias por tus palabras.

Angós dijo...

No sabe esa pobre chica lo que cuesta convencerte de algo...

Reconozco que no me parecía tema pero tienes gracia para todo.

Olga B. dijo...

No creas, Angós, todavía soy joven e influenciable;-)
Hay temas que me eligen, sorry.
Y gracias.

Isi dijo...

Hola! Me ha gustado mucho la entrada.
Yo por ejemplo nunca me maquillo (lo veo ridículo, un engorro y una pérdida de tiempo), pero sí me depilo las ingles (y lo que no son las ingles).
Me da igual si lo prefieren ellos o ellas, pero te diré una cosa: el vello en ciertas partes del cuerpo la única función que cumple (que cumplía, mejor dicho) es la de mantener el olor de los fluídos corporales (sudor, secreción vaginal...), así que yo lo arranco de raíz.
Su función queda ahora mismo fuera de lugar... y yo ya me he dado un par de sesiones de láser.

Pero como te digo, no me maquillo y no utilizo joyas. Cuestión de prioridades.

Olga B. dijo...

Bueno, pues me alegro mucho de que te haya gustado la entrada, a pesar de ser una firme defensora de las ingles brasileñas.
A mí el maquillaje me parece un arte, me gusta mucho, aunque mal utilizado puede ser terrible.
Bienvenida y gracias, Isi, siempre es un placer descubrir gente nueva.

Ángel Sobreviela dijo...

En el cemnterio de Torrero hay una escultura inolvidable aunque sólo se haya visto una vez: una adolescente desnuda tumbada sobre una losa. Es el panteón de la familia Sarto, y está detrás del mausoleo de Costa.
La foto de este post y parte del texto me la han recordado, por esos caprichos de la memoria. Es el único desnudo del catolicísimo cementerio.
Abrzs.

Olga B. dijo...

Ángel, tal vez la escultura de una adolescente muerta, ese halo de irrealidad, de perpetua juventud y ese cuerpo filtrado por el limpio y muerto cedazo del arte, tenga mucho que ver con esta entrada. Lo que a veces parece un capricho de la memoria, es la naturalidad con que ella recorre el camino de nuestras impresiones. En este caso, la tuya me parece muy certera.
No he visto esa escultura, quizá Manuel sí, pero iré en algún momento y recordaré tu comentario.
Abrazos.

gbp dijo...

Cariño, ya sabes que a mi esto de las ingles brasileñas me da mucha "impresión". En estas cuestiones tan personales, personalmente, me paso los indicadores por donde haga falta.
¡INVEFRO to the power!(quiza con alguna pequeña frontera).

Pero tengo la impresión de que nuestro criterio y libertad estan cada vez mas enfermitos, espero que las trincheras aguanten.

Un besazo

Olga B. dijo...

Sister, sister, desde que el camino de la rebeldía se ha convertido en nada, en rebel way, en objeto de sección de El Corte de Inglés, la única libertad que nos queda es elegir bien, admitir o no admitir ciertas cosas. Todo es importante.
Bueno, podríamos cambiar el "Ingles con Vello y sin Fronteras, por "Ingles con Vello y con (alguna pequeña) frontera". Más sutil, sí.
Que las trincheras aguanten, y que sepamos verlas;-)
Un besazo.
Se te echa de menos. Mucho.

Julio Castelló dijo...

Me llevas del pesar felino a la risueña ironía mordaz en un chascar de dedos por el teclado. Genial.
Por mi parte, en este caso, prefiero el jardín.

Olga B. dijo...

Sigue dejándote llevar, Julio;-)
Tus preferencias hablan de ti y de tu (especie de) sensatez.

Maria Luisa dijo...

Olga querida-

Que texto más ameno, divertido, de una cosa tan "dolorosa".
Me ha gustado esos golpes de efecto que escribes, tu sola "ante el peligro" desafiando a la niña deliciosa diciendo:
"Cada cual lo cuide como sepa"
Es una delicia como conviertes un tema como la depilación en un una léctura tan amena e interesante.

Ya he terminado las vacaciones ...¡Cuanto os he extrañado!

Besicos muchos, muchos.

Olé, olé por mi querida Olga.

gbp dijo...

Por cierto Olga, que no te dije nada de la foto, nunca pensé que estarías tan guapa de rubia.
Preciosas las dos.

Olga B. dijo...

Gracias, María Luisa, ya ves qué mezclas hago en verano: la virgen, el vino, las ingles brasileña y la luna devorada por los perros. Qué verano.
Pero me alegro de que hayas disfrutado leyéndolo. Hago lo que puedo con las experiencias dolorosas, sí, es todo el rato el mismo juego. Hasta que no pueda más.
Besos, Reina.

Olga B. dijo...

Ya ves, sister, lo que nos hace la mirada de los hombres;-) Eso ya lo sabía la depiladora sin ir a Salamanca. Es bonito, pero hay que controlar su influencia sobre nuestros actos.
Yo tampoco me veía de rubia, pero me sentí muy a gusto, jeje.

Mery dijo...

Gracias a Dios no llevas nada depilado ese cerebro tan bien plantado que tienes, Olga.
En la primera parte estás brillante en sensatez, y en la segunda, hilarante con la estética femenina y los tiempos que corren.

Yo también siento un rechazo visceral a la palabrita "entrañable". Suena tan cursi...
(Voy ahora mismo a ver los enlaces que nos recomiendas).
Un beso nocturníiiiisimo.

Olga B. dijo...

ESte cerebro tan bien plantado se confunde muchísimo, Mery. No sabes cuánto. Prefiero visceral a entrañable y quizá eso ya sea una manera de confundirse.
Los empachos de sensatez tienen que curarse con un poco de hilaridad. Es la impotencia.
Muchas gracias, y disfruta los enlaces.
Un beso muuuucho más nocturno.
Qué horas, Dios mío;-)

Mery dijo...

Jajaja, eso: Dios mío, qué horas. Por las mañanas lo pagamos caro y encima no escarmentamos.

(Para consuelo general, aquí otra que se pasa la vida dudando y confundiéndose). En fin.
Un abrazo

Olga B. dijo...

Good morning.
Hay un provervio, creo que chino, capaz de consolarme:
"Hagas lo que hagas, te equivocarás".

azpeitia dijo...

Un relato fenomenal, con un tono de humor inteligente-denuncia que habla genial de su autora...Reconozco que desconocía el término y su utilización...debo ponerme al día...con mi admiración azpeitia

Olga B. dijo...

Vaya, gracias, Azpeitia.
Es un término bastante rarito, la verdad. Pobres brasileñas;-)
Bienvenido.

Circe La Hechicera dijo...

Buenisímo y chevére como decimos acá. Que cierto cuando refieres al asunto de los indicadores, tiranos que andan por ahí queriendo encasillar vidas y mortificar a los que no están dentro de los estandáres. Y lo de la depilación, genial!!!, la pura verdad, el universo conspira, pero finalmente la decisión es de uno. Menos mal, Olga que no vives en el trópico como yo, que el asunto es casi mensual...Te felicito por tu libro y está maravilloso tu blog. Un abrazo

Olga B. dijo...

Pues muchas gracias, Circe. Me alegro de que te guste la entrada y el blog.
Siempre me agradan (y sorprenden) estas visitas nuevas de gente desconocida que no sé por dónde ha llegado.
Bienvenida.

Anónimo dijo...

Me parece una exageración lo de la depilación. Nadie te obliga a hacer nada que no quieras hacer, menos aún si eres adulta o mayor de edad. Lo dices como si fuese un martirio horrible y algo abominable. Es una opción más, como quien quiere hacerse un tatuaje o ponerse un piercing. Es algo personal y en cuanto a que ellos lo prefieren, supongo que habrá hombres a quien les gusten y hombres a los que no les gusten.Por cierto, si no te gusta "etiquetar a nadie" lo de rubia de bote sobra, así como el comentario posterior.Suerte con tus libros y tus profundas meditaciones sobre las ingles brasileñas....

Olga B. dijo...

Convertir la anécdota en reflexión tiene sus riesgos. Mi postura ante la libertad está suficientemente explicada (y ejercida)en el texto y los comentarios, pero si no eres capaz de leerte y entender un texto entero, no deberías permitirte el lujo de criticar, y menos anónimamente. No contradigo nada de lo que tú dices, pero procuro no emplear frases del tipo “etiquetar a nadie”. Te las dejo a ti, como la depilación integral o el bote de tinte rubio, para que te sirvas a placer. Aquí es una metáfora, un estado mental en el que todos deberíamos intentar no caer, pero en la realidad son fáciles de conseguir en cualquier tienda, como seguramente sabrás. Lo que sobra o no sobra aquí lo marco yo (te lo digo para que no pienses que me voy a enzarzar en un debate que no aporta nada).
Imaginé que habría gente que se picaría, pero sólo lo has hecho tú. No eres la más libre, aunque te parezca mentira, sino la más políticamente correcta. Igual en algún otro sitio te dan un premio.
Gracias por desearme suerte con mis libros. Pronto se publica otro.

Kirsten dijo...

Estaba buscando información sobre las ingles brasileñas (nunca me quedó claro qué es exactamente lo que abarcan, para saber si quiero no sufrir innecesariamente hasta ese punto) y, tras pasar por mil foros que tampoco me han aclarado demasiado, he llegado a tu blog.

Tengo que decirte que tienes toda la razón del mundo, que sufrimientos en nombre de la estética, los justos, al menos yo. Seguiré con mis ingles "españolas", que tampoco están nada mal, porque tal y como dices hay zonas donde, sea la cera o el laser, el dolor debe de superar la recompensa y, sin considerarme particularmente hedonista también he de decirte que tampoco soy amante del dolor gratuito.

Y el argumento de tu depiladora... Sin palabras... Claro que tu contestación no estuvo nada mal...

Lo dicho, un placer haber descubierto tu blog y ... ¡¡sigue con ello!!

Olga B. dijo...

Hola, Kirsten, bienvenida por aquí, aunque sea en una entrada tan antigua. Me alegro de que te haya gustado, si bien las ingles no son más que una excusa -curiosísima, eso sí- para hablar sobre la manera que tenemos de elegir todos lo mismo cíclicamente, aunque vaya en contra incluso del sentido común y acompañado de un dolor considerable. No es que me parezca mal, pero prefiero seguir también con mis ingles "españolas". Y olé.